domingo, 3 de abril de 2016

Diga treintaytrés

El día de la marmota es (o era) una bonita tradición americana, que a falta de historia y de raíces de verdad, se las sacan del mangote. El caso es que era una cosa que se hacía para ver cuánto iba a durar el invierno, o algo así. Como las cabañuelas o esas mierdas que también se hacen aquí. ¿Queréis saber de verdad lo que dura el invierno? Medidme los pelos de las piernas.
Sin embargo, ahora decir “día de la marmota” se asocia inevitablemente con la película, con el despertador y su insistente “I got you, babe”, con levantarse una y otra vez en el mismo día de mierda. Una extraña alegoría de la rutina con nombre de animal regordete y peludo. Como aquella pintada enorme sobre la puerta de mi facultad que se me tatuó en la memoria “buenos días, rutina” a ritmo de Cher y Sonny.
Un agujero de gusano es una cosa muy inteligente, complicada, culta y científica que sólo Stephen Hawkins y el Ross comprenden. Bueno, y supongo que algún físico más, pero que yo conozca, esos dos. Y que conozca bíblicamente hablando, sólo el Ross. Podría decirse, a modo de reflexión empírica, que bajo mis circunstancias, la única persona que comprende los agujeros de gusano es el Ross.
Sin embargo, un gusano musical es esa cosa tonta que a todos nos pasa más o menos frecuentemente cuando una canción de mierda que ni siquiera nos gusta, que ni siquiera nos sabemos, se cuela en nuestro estúpido cerebro y se repite en bucle hasta volvernos locos. Esa cosa horrible que hace que nos levantemos y nos acostemos durante todo un aciago día escuchando “viva la numeración, quién ha visto matrimonio...” del Puma. El puto Puma en mi cerebro. Yo poniendo Rock Fm muy alto, tratando de que Iron Maiden me deje sorda, de que Extremoduro, Loquillo o Fito me transporten a otro lugar más feliz, pero no. En cuanto me bajo del coche, ahí está el Puma, con su melenón y su despropósito musical otra vez detrás de mi oreja.
Absurdamente, cada vez que oigo “agujero de gusano” yo pienso en el gusano musical que está horadando agujeros en mi masa encefálica a ritmo de la numeración y el matrimonio y no sé qué más, porque odio esa canción y no sé más que esas dos frases sin sentido que se repiten como un disco rayado. Como la marmota, como la rutina, como esas cosas que odias pero haces cada día casi sin darte cuenta.

Y más o menos, así se sucede la vida. Entre asociaciones de ideas, canciones que odias pero escuchas en bucle y una extraña rutina a la que te acostumbras y sin la que no sabes vivir. Como las drogas. A nadie le gustan, pero dependemos de ellas. De drogas legales, ilegales, reconocidas o disfrazadas de otra cosa. Tabaco, alcohol, convencionalismos sociales, compromiso, sexo, chocolate, rutina. Drogas, cosas que al principio no nos gustan pero que aceptamos. Que vamos viviendo con ellas hasta que les cogemos tolerancia. Hasta que nos acostumbramos. Hasta que nos gustan. Hasta que dependemos. Hasta que su carencia nos confunde, nos trastorna, nos hace sentir vulnerables.

Es una reflexión como cualquier otra, pero ¿qué es un año? Una sucesión de fechas, de eventos, de etapas que nos hacen sentir seguros, porque nos colocan en el lugar correspondiente. Navidades, Reyes, san Valentín, carnavales, semana santa, (mi cumpleaños), feria de abril, san Isidro, verano, vuelta al cole, el Pilar, los Santos, la Constitución, Navidades de nuevo. Saltamos de fecha en fecha, creyéndonos a salvo de la Marmota. Pero no. Es sólo que la marmota se ha hecho grande, oronda y ocupa todo el año.
Y a veces, buscas como loco el botón que detenga el mundo para bajarse de él. Te planteas saltar en marcha. Pero no puedes. Porque viva la numeración, quién ha visto matrimonio. Y paras un segundo. Joder, me estoy volviendo loca. No, espera eso ya lo dije ayer. ¿O fue hace dos días? ¿O ha sido hoy? La marmota, que ataca de nuevo llevando el pelo cardado como el Puma.

Y a pesar de todo, de la confusión, el caos, las drogas, la rutina, las marmotas, los gusanos y el Puma, sigue mereciendo la pena vivir. Porque hay instantes que pareces poder mantenerte a salvo de la locura. Cuando el gato se te duerme en brazos y parece sonreír. Cuando te dan una buena noticia que parecía que no iba a serlo. Cuando te acurrucas en la cama al lado de esa persona y jurarías que todo está en paz. Cuando las cosas que dabas por imposibles se hacen realidad cada día y no puedes dejar de mirarlas con asombro. Cuando tus amigos de la juventud tienen hijos y les ves, pequeños y parecidos remotamente a ellos, continuando el ciclo. Cuando tus padres te abrazan y sientes que de repente, eres más alto y más fuerte que ellos. Cuando te pones a trabajar con una cría descarriada y unos meses después te abraza y te da las gracias. Cuando escribes un post así, sin sentido ninguno más que para tu maltrecha cabeza y sin embargo viene gente que te lee, que no te conoce quizás o que sí, pero que te lee, que te da las gracias, que sonríe.

Hay mil razones para sonreír, para ser feliz, para disfrutar. Más que nada porque la vida es efímera y más te vale disfrutarla mientras puedas o se hará demasiado tarde. Os lo digo yo, que pasado mañana es martes y cumplo 33 años. Y empiezan a ser muchos, pero tengo muchas razones para dar las gracias, para sonreír y para ser feliz.

Pues que viva la numeración, oye.  

16 comentarios:

  1. Me ha encantado.
    Tus cumpleaños se me pasan volando y te veo mejor cada año.
    Un beso

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    1. Muchas gracias, la verdad es que este año me encuentro muy bien :)

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  2. Me ha encantado esta especie de asociación de ideas con la que has formado un post estupendo.
    Claro que hay mil cosas simples que nos hacen felices, y es que, tú lo sabes, eso es la felicidad, esas cosas. No lo que la gente a veces busca, una especie de final feliz como en los cuentos...nadie sabe que a la Cenicienta después de acabar con el príncipe, empezó a engordar y él a beber y terminaron con cinco churumbeles y con problemas por la hipoteca del castillo XD
    La peña espera que en un momento dado de la vida todo se de, y terminen con el: vivieron felices para siempre y no. La vida es eso que tú has dicho, ser feliz con las cositas que vamos teniendo cada día.
    Y lo de los gusanos musicales...me pasa tanto, de repente me sorprendo con una mierda de canción en la cabeza y soy incapaz de quitármela en todo el día.
    El martes, me pongo un aviso y te felicitaré linda y por cierto, 33 no son nada. Yo en julio haré 39 y aún creo que no son nada.
    Miles de besos

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    1. La felicidad está dentro de uno y la haces con lo que tienes y lo que quieres, sin duda :)
      ¿Problemas con los gusanos musicales? Prueba con el Puma, ese no defrauda, jajajajaja
      Y te digo una cosa, mi yayo cumple 85 en cuatro días y él dice que son pocos, así que... :)

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  3. Con lo de la marmota gorda me he agobiado un poco, pero me alegro de que la historia tenga final feliz. Los bucles importan un rábano si consigues disfrutar del momento. Y parece que entre el Ron, el Ross y los números, tú lo vas consiguiendo. ;)

    Disfruta mucho del tiempo que te queda de treinta y dos-añera y ¡felices 33!

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    1. Gracias! La verdad es que soy afortunada aunque cante mentalmente al puma :D

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  4. Me ha gustado este post y me gusta tu forma de verlo. Siempre, siempre hay motivos para sonreír y tirar palante. Me encanta que la vida merezca la pena.

    Ayyyy casi 33 :DDDD Estaré atenta para felicitarte ^^

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    1. Mil gracias, rizosa. Y sí, merece la pena :)

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  5. Hola. la felicidada la conforman esas pequeñas cosas de nuestra vida cotidiana... Ya leo que cumple el martes 33!!! muchísimas felicidades... quien los pilara de nuevo. Una etapa genial... disfrútalos. Seguimos en contacto

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  6. Ahora se me va a pegar a mí también. Jajajaja.

    Cada año que cumplimos nos trae cosas estupendas. Ya te tiro virtualmente de las orejas mañana. Besotes!!!

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  7. HOY ES EL DIA DE LA MARMOTA!!! Viva Bill Murray

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  8. muchas felicidades, naar!! te pongo una postal personalizada para ti.
    http://i63.tinypic.com/25spi1h.jpg

    lo de los agujeros de gusano viene en los libros de stephen hawking, que he leído alguno que otro. soy ingeniero, pero por mi manera de ser me habría pegado mucho más estudiar ciencias físicas o matemáticas. los ingenieros son encorbatados y yo soy más del tipo "científico loco".

    besos y que disfrutes mucho de tu día!

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    1. Muchas gracias! Vi la postal, es de Esther de los comic que te gustan y que yo leía de pequeña porque mi madre los tenía, me ha encantado :)
      Yo no entiendo una porra de física, pero es verdad que están un poco locos, jejeje

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