viernes, 12 de septiembre de 2014

Odio la melancolía

Anoche volvía conduciendo por Madrid. Había quedado con Gordito y Pelirroja en Casapaco y habíamos estado hablando de cosas, de gente, de sitios que ya no están. O están, pero son muy distintos. Y la melancolía se apoderó de mí. No me gusta recordar, no me gusta echar de menos, no me gusta el vacío que se me crea en el pecho al contar décadas. El centro, luces, recuerdos pegados a cada esquina, bares que he cerrado, demasiados años que hace de casi todo aquello. Nombres de calles que para mí son más que una localización. Sitios a los que puedo volver sólo con cerrar los ojos.
Subí la música del coche. Últimamente los pensamientos negativos me atacan con frecuencia y no sé cómo hacerlos callar. Aun cuando estoy con gente sé disimular. Sé ponerme la ropa y los tacones, el maquillaje de “aquí nunca pasa nada”. Pero luego se van cada uno a su casa y yo conduzco sola, en una cuidad que a veces me engulle y otras me abraza, sin que pueda distinguir muy bien las unas de las otras.
Tuve la tentación de poner a Extremoduro, pero el disco que me gusta está rayado. Y me iba a dar pena, porque recuerdo cuando lo grabé, cuando tenía que pasar la pista 6 para no sentir una quemazón en el pecho. Ahora ya no, ya da igual, ya no quema. Diez años después ya puedo pensar en todo aquello con una sonrisa. Y me repito, quizás dentro de otros diez años también me ría de esto. Si es que aguanto, porque joder, otros diez años. No sé si me quedan tantas fuerzas. No sé si antes no lo mandaré todo al carajo y me iré lejos, lejos de mí misma.
Así que puse a Loquillo. La otra noche él y su banda de rock and roll me salvaron de un naufragio. Eso y un montón de risas con un desconocido. Igual soy un poco Blanche DuBois y en las malas rachas dependo de la amabilidad de los desconocidos. Con ellos empiezo de cero y no tengo que ocultar mis desgarros ni mis triunfos. Ellos no leen en mis gestos, no saben si me duele o me resbala. Y puedo saltar y cantar a Loquillo con lo de que tu madre le mira mal y hacer como que no me importa que mi vida esté resquebrajándose. Anoche elegí otra, estaba sola, mis terrores, mis dolores, mis heridas más profundas, mis pesadillas recurrentes… todo pasaba ante mis ojos mientras frenaba en cada puñetero semáforo. Y dejé que el Cadillac solitario me pasara por encima. El miedo tan atroz que siento cuando escucho lo de “pensé que podría olvidarte sin más y aún a ratos ya ves” me partió en dos del todo. Llevaba tiempo tratando de sujetar mis propios pedazos inútilmente. Y por fin saltaron por los aires. A la mierda todo de una puta vez. Igual cuanto antes me rompa por completo, antes me recompongo.
Que lo que escuece cura, dicen. Y vaya si esto escuece, joder.

No me gusta el mes de septiembre. Y no me gusta el otoño y el invierno que quedan por delante.  

martes, 9 de septiembre de 2014

No es feminismo, son obviedades.

Últimamente hay un revuelo considerable en tuiter con el tema del feminismo, que empezó con una chica que tildó de machista a un pobre intrépido que la invitó a un café. Y claro, lo que pasa en estos casos, cuando la gente se vuelve radical, más se radicalizan los opuestos y eso provoca que los primeros también se blinden más en sus ideas… y se entra en una espiral que sobrepasa la estupidez.
Ahora yo voy a decir algo que a mí me parece de perogruyo, pero igual no lo es. No me valen nunca los argumentos que empiezan por “los tal son…” No, mira, habrá de todo. “Los hombres son…” NO. Algunos hombres son. “Las mujeres son…” NO. Algunas mujeres son. “Los negros/judíos/chinos son…” NO. Algunos lo serán. Y otros serán todo lo contrario. ¿O acaso no habéis conocido a mujeres hijas de puta que os han hecho la vida imposible y que han tratado de pisotear a otras amigas y compañeras a costa de lo que fuera? ¿Y acaso no habéis visto hombres majísimos, llenos de dulzura y de sensibilidad? ¿Y todo lo contrario en ambos casos? El sexo con el que naces no te hace indefectiblemente bueno o malo. Ni el sexo, ni la religión, ni la nacionalidad… son partes de uno, pero no te definen por completo. Así que como reza el hastag que tanto han criticado algunas feministas, no, #NotAllMen. No todos son machistas. No todos maltratan. No todos violan.
Yo soy una mujer. Y tengo mi parte feminista, obviamente. Sería estúpido decir lo contrario. Pero si no me gusta que me digan que las mujeres somos unas histéricas, o que lloramos a la mínima o que nos volvemos chochas con las compras porque no es mi caso, tampoco me gusta que se diga que los hombres son agresivos, o machistas o crueles porque sí. Hay mujeres que son profundamente estúpidas. Y hombres estupendos. Hay mujeres enormes y maravillosas. Y hombres que son gusanos rastreros despreciables. Hay millones de casos, como millones de personas. Y no hay quien me saque de ahí.
Ahora bien, es verdad que hay muchas cosas en la sociedad que están mal. Claro que estoy en contra de que te digan cosas por la calle sólo por ser mujer. Claro que nadie tiene derecho a violarte lleves la ropa que lleves. Claro que nadie puede forzarte, puede sobarte o puede hacerte sentir asustada y vulnerable. Claro que nadie puede tocarte el culo en el mercamoñas cuando vas con tus pintas de mierda a comprar tierra para el gato.
Pero que un muchacho te invite a café no es machismo. Como no es machismo ni feminismo cuando yo he hecho lo propio con un chico. Él no es un acosador, yo no soy una golfa. Somos personas que estamos tratando de interactuar con otra. Sin más. No nos volvamos gilipollas. Porque claro, una supuesta feminista (que vaya imagen de mierda da de las feministas) dice esta imbecilidad y alguien le responde que para lo fea que es debería estar agradecida. Genial, ya hemos vuelto a caer en el machismo, ya estamos radicalizando posturas de nuevo. Venga, a ver quién es más tonto.
Y para los que llevan suficiente tiempo en mi blog, no hace falta que lo repita, pero para los nuevos voy a hacer un esfuerzo y voy a volver a decirlo. A mí me maltrató un exnovio hace muchos años. Así que sí, sé lo que duele una bofetada, sé lo que es el miedo, el terror, el acoso. Sé lo que es un tipo machista. Pero luego he conocido a otros chicos estupendos. Dispuestos a curar mis heridas, a consolarme y a respetarme sin decir una palabra más alta que otra. Chicos que recogen la cocina, que ayudan en la casa, que se esfuerzan cada día en hacerte sonreír y se ríen con mis payasadas. Así que no, no todos los tíos son malos, no todos los hombres maltratan. Y no todas las mujeres somos estupendas y fantásticas, que actuamos siempre desde el amor, el respeto y la mayor de las bondades. Hay soberanas hijas de puta, que también las he conocido.
Y me parece que roza el ridículo decir estas cosas, de verdad. No sé en qué clase de cabeza puede entrar lo contrario. No sé qué clase de persona puede asegurar que todos los X son malos o buenos. ¿Pero conoces tú a TODO el mundo? ¿Has ido uno por uno, viviendo con ellos para saber cómo se comportan?
Por eso suelo decir que no soy feminista radical. Porque aunque sí comparto muchas cosas, otros muchos de sus argumentos no me valen. A parte de la idea de que el encasillarse siendo feminista, machista, de izquierdas o de derechas sin opción a réplica me parece un poco estúpido. Yo soy muchas cosas, tengo muchos matices, comparto unas ideas y otras no, no trago siempre con todo, no creo en dogmas de ningún tipo. Y no me gustan los radicalismo, hacen que no se piense y no se valore la posibilidad de estar equivocado.Y eso me escama.
Para colmo, a colación del niñato que me tocó el culo en el mercamoñas, he estado dando vueltas al asunto de la educación. Y es que sí, hay que educar. Y mucho y muy bien. A los niños a no violar y a las niñas a saber reconocer a un machista, un chuloplaya o un cabrón a la primera de cambio para alejarse mucho y muy rápido. Igual que se enseña a frenar en los pasos de cebra cuando se conduce y a mirar a los lados de la calle cuando s e cruza a pie. Porque no todo el mundo es bueno y hay que saberlo, independientemente de su sexo o su raza o su religión. Que no es sólo educar a las niñas como se hacía hasta ahora, ni educar sólo a los niños, como parece que se propone a veces. Esto es cosa de personas, es una calle de doble sentido. Y por mucho que se eduque, hay que contar con enfermos mentales, depravados y psicópatas de todo tipo, que eso no lo cura la educación. Las cosas malas pasan, es una mierda, pero pasan. Y necesitamos armas para luchar contra ellas.
Ahora bien, insisto, claro que hay que educar a los niños, claro que hay que decirles que el cuerpo de una mujer es suyo y sólo suyo y no puedes tocarlo ni hacerle daño porque a ti la sangre te apriete en el capullo. Así de simple. Porque así igual las violaciones no se reducirían demasiado (la mayor parte de violadores entran en la categoría de enfermos que decía antes) pero sí dejarían de pasar cosas como la del pajillero que me intentó sobar en el mercadona. O las veces que te asustas, que te sientes amenazada, que tienes que hacer cobras cuando has dejado clarito que no, que tienes que quitarte manos de encima o que tienes que pedir a una amiga que te ayude porque no hay manera de salir del apuro. Que esas cosas, queridos, NO nos gustan. Nos hacen sentir miedo, asco, pena y frustración.

Ahora se abre el debate, porque cada vez que se tocan estos temas se abre la caja de Pandora. Eso sí, yo me he quedado más ancha que larga. 

sábado, 6 de septiembre de 2014

Encuentros en el mercamoñas

Sé que os tengo prometido un post sobre feminismo. De hecho, después de lo que voy a contar, será aún más necesario, pero por hoy me voy a permitir el tomarme con humor ciertas cosas que si no me río, me lío a hostias.
Resulta que el otro día fui por la mañana a hacer cosas. Últimamente duermo fatal y ando triste y apagada, así que iba con mis pintas andrajosas, unas mallas azules, una camiseta blanca vieja,  unas chanclas y mi característico moño de notengoganasdepeinarme. O sea, que levantando pasiones precisamente, no. Y yo ya no soy tan joven y tan mona como para que el look pordiosera me quede bien.
Bueno, pues iba yo arrastrando mis pintas y empujando el carrito por el mercamoñas cuando me “choco” con un prepúber de unos 12 años que “casualmente” a la que se choca me toca el culo con el dorso de la mano. Bueno, pienso, puede pasar. Y sigo a mi bola comprando. Seguramente las mujeres que me lean sepan a lo que me refiero cuando digo que a veces hay sensaciones que se te agarran a las tripas cuando un tío te habla, te toca o simplemente te mira. Como un asco visceral e inexplicable. Bueno, pues de pronto me empiezo a encontrar al jodido pajillero de 12 años en cada pasillo, detrás de cada estantería, siempre detrás de mí. Y esa sensación se me mete en el cuerpo. Y cada vez que me cruzo al chaval que me mira con esos ojos de gamba que proporcionan los transtornos hormonales de su edad, se me pone peor. Le esquivo como puedo. Le huyo. Y sigue ahí, a mi lado, detrás. Angustia y mala hostia a partes iguales. Empieza a tratar de chocarse de nuevo conmigo y tengo que empezar a hacer fintas y regates que ni Messi. Hasta que cuando ya estoy llegado a la cola de la caja, se choca de nuevo conmigo en un espacio enorme y me vuelve a tocar el culo esta vez con toda la mano y echándome todo el cuerpo encima. Y claro, ahí ya me he mosqueado más de la cuenta y por no partirle la cara, le he soltado un “joder, ya vale de una puta vez”. Coño ya con el niñato de mierda.
El caso es que dejo el carro en la cola y me voy de una carrera a por tierra de Ron, que se me había olvidado. Entonces me encuentro en la sección de animales a la señora loca de los gatos de mi barrio. Es una mujer con síndrome de Noé que cada vez que la veo me encoge las tripas. Sé de su historia porque es vecina de un amigo mío y me da una pena horrible. Fue bailarina, guapísima y tuvo bastante éxito. Pero se separó de su marido, tiene un par de hijos que no le hablan y vive sola, con un millón de gatos en casa. Los servicios sociales han tenido que ir un par de veces. Todos los días se gasta una media de 30 a 50 euros en comida de gatos y pájaros en el mercadona y alimenta también a todas las colonias del barrio. Ella misma debe comer comida de gato, es raro verle comprar algo de comida “humana”. El caso es que está ahí, con unas pintas parecidas a las mías y me pide que le coja un saco de tierra de gato. Me mira y me dice:

-         - Ah ¿tú también tienes gatos?
-         - Bueno, tengo uno.
-         - ¿Sólo uno? Yo tengo muchos, ¿quieres que te dé alguno? También alimento a los de la calle, ¿seguro que no quieres más gatos?

Y joder, por un momento lo pienso. Claro que quiero gatos. Mil gatos. Pero no tengo dinero para mantenerlos como a mí me gusta, con su pienso del mejor, sus vacunas, sus revisiones, sus pastillas de desparasitar y sus cosas. Igual en el futuro eso me da igual y empiezo a acumularlos como ella. Así que le digo que no y vuelvo a la cola con mi carro.

En fin, creo que necesito cambiar de look. Uno que no atraiga preadolescentes pajilleros y que no hagan pensar a la señora de los gatos que soy su digna sucesora. 

viernes, 5 de septiembre de 2014

Grandes remedios

Hace algunas semanas fui al ginecólogo para hacerme un poco de revisión. Que no es que me pase nada nuevo, es que de vez en cuando me gusta que un desconocido/a me meta mano y me sobe las tetas y me haga preguntas incómodas. El caso es que me tocó una mujer bastante maja para lo que suele ser mi suerte, pero pasó lo que pasa siempre, que no sé para qué sigo llendo si desde los 16 años siempre es la misma historia.

-         Huy, tienes un pezón invertido.
-         Sí, déjelo, es que es tímido.
-         Ya. – estirón. - ¿y no sale nunca? – estirón, estirón, pillizco.
-         No, no suele, es muy de quedarse en casa.
-         Bueno, volveremos a eso luego, hábleme de sus menstruaciones.

Y yo pues lo de siempre, muero de dolores, tengo problemas asociados que no vienen al caso, sofocos, mareos, sangrados a mitad del mes… todo una fiesta, oye.

-         Veo que no tiene hijos. Y que tiene 31 años. – me soltó a modo de condena.
-         Yaaaaa…
-         ¿Y no piensa tenerlos o qué? Porque no vaya usted a pensar que le queda tanta vida fértil. Que además con sus problemas no lo va a tener tan fácil. No es por nada, pero si no tiene hijos en uno o como mucho, dos años, yo no me hago responsable de que ya no pueda tenerlos nunca.
-         Yo… yo no quiero tener hijos.
-         ¿No? Porque eso podría solucionar sus problemas.
-         ¿Perdone?
-         Los pezones invertidos a veces salen durante la gestación o la lactancia. A veces no, claro, pero puede que sí. Y las molestias menstruales a veces se regulan con un parto. Que a veces tampoco, pero es posible que sí.
-         No me parece una solución muy buena, la verdad.
-         Pues entonces no puedo ayudarla.
-         Gracias doctora, ya me ha alegrado usted el día.

Total, que salí de allí sintiendo como mis ovarios se arrugaban y resecaban por segundos, como mis pezones se iban retrayendo más y más hasta crear un agujero negro y como me hacía vieja sola y triste, recogiendo basura de la calle.
Un par de días después fui al médico de cabecera porque me ha salido un bultito en la muñeca.

-         Ah, eso es un ganglión. – me dijo según me vio.
-         Y…
-         Y nada, no tiene solución. A no ser que se haga muy grande y muy molesto no se suele operar.
-         Estupendo.
-         Toma ibuprofeno. – debe haber un curso entero de medicina dedicado a recetar ibuprofeno para todo. – tómate… dos o tres al día. Durante… pues como veas. Igual te mejora algo, aunque a veces no hace nada, pero igual disminuye un poco.
-         Ajá.
-         Y date una crema antiinflamatoria, que no puedo recetarte porque no entra en la seguridad social, pero tú compra una y dátela, que igual también te ayuda… o no, pero mira a ver.
-         Sí, por supuesto.
-         Y ponte una muñequera… que a veces viene bien, otras no sirve de mucho pero…
-         Ya, comprendo. Muchas gracias, doctora, es usted de gran ayuda.

Y es que los médicos se contradicen ¿cómo se supone que voy a tener un hijo si me tengo que atiborrar de ibuprofeno mientras me unto potingue antiinflamatorio y me pongo una muñequera perdiendo toda mi sexidad? En fin, como me dieron pocas garantías, he pensado hacer pequeñas variaciones, cambiar hijo por gato, ibuprofeno por chocolate, pomada antiinflamatoria por nada y muñequera por pulsera mona de los hippys. Y tan ricamente con mejores resultados. Problemas a mí, ja.

lunes, 1 de septiembre de 2014

idas de olla, desubicaciones y un viajecito.

A veces se me va la cabeza a otro mundo, lo admito. Soy una persona distraída y tengo tendencia a quedarme absorta en la nada. Pero hay veces que voy un paso más allá.
Anoche fue una de esas veces. Y quien dice anoche, dice ya de madrugada, porque me dieron más de las 6 tuiteando paridas. Lo bueno es que me ha traído unos cuantos followers más. Lo malo es que cuando vean que no es el nivel habitual, se irán. Lo mismo me da, la verdad.
Y es que llevo un tiempo ya en cierta crisis existencial. Me pasa siempre a finales de verano, quizás un poco más este año. El asunto es el de siempre, que antes septiembre significaba el comienzo del curso o del trabajo, de saber lo que tengo que hacer y volver a cierta rutina. Ahora es todo confuso y un tanto antipático. Sigo buscando trabajo, y a veces es tan frustrante y desmoralizante que dan ganas de echarse a llorar. Sigo sin saber exactamente qué significa mi vida, qué hago o qué quiero hacer. Me siento más perdida que una cabra en un garaje. Y es que mis amigos se casan, tienen hijos, se mudan, cambian de país, hacen miles de cosas… y yo me limito a subsistir. Y me asusta un poco, la verdad.
Pero bueno, no estoy triste, ni deprimida. Sólo un poco desubicada. Y con una extraña sensación de que si mi blog fuera totalmente anónimo me pondría a contar cosas y se iba a cagar la perra. Pero no es plan. Porque además me gusta mucho haber desvirtualizado gente, me gusta tener amigos reales que vienen aquí, me gusta que haya cierto nexo de unión en este blog. Pero ay. Ay de lo que no puedo ni en realidad quiero contar.

Dicho esto, me voy tres días a Sevilla para cerrar las vacaciones de verano. Cuando vuelva voy a montar la polémica hablando de feminismo, lo advierto. Y os contaré cosas del viaje. Y seguiré con mis paridas de siempre. De momento, no me perdáis de vista en twitter, por si acaso.

viernes, 29 de agosto de 2014

Premios y quebraderos de cabeza

No vuelvo a decir que me falta inspiración. Porque luego, así como para ayudarme me pasáis premios con preguntas que le hacen a uno estrujarse las neuronas. Y hace mucho calor y está una muuu cansá de tó.
No, en serio, lo agradezco un montón porque significa que la gente piensa en mí y que se acuerdan de mi blog y que me quieren y me van a regalar un ordenador nuevo. Vale, igual lo último no, pero lo dejo ahí por si acaso. El caso es que Eva de Opiniones Incorrectas me pasa dos premios, uno con preguntas y otro que pide una definición de la amistad (ahí es ná). Este segundo para colmo también me lo pasa Alter, así que no tengo escapatoria. Se supone que luego hay que nominar gente y tal, pero ya han nominado a casi toda la gente que había pensado, así que casi mejor paso y que se lo lleve quien quiera, yo miro para otro lado y me dejo robar tranquilamente.




1.- ¿Qué nombres de bebés prefieres más, los clásicos o los demasiado modernos? 
Pues me da igual, allá cada cual con sus gustos. Aunque creo que ninguno de los dos extremos me emociona mucho, casi que me quedo con los clásicos. 

2.- ¿Qué te gustaría más y qué menos de vivir en Asturias?
Lo que menos, el clima. Al segundo día de lluvia, me muero de pena. Y para mí allí siempre hace frío, hasta cuando ellos creen que hace calor, para mí es frío. Lo mejor, el paisaje (que obviamente se le debe al clima, ya lo sé).

3.- ¿Eres rencoros@?
No, es una pérdida de tiempo y de energías. Agua pasada no mueve molino.

4.- ¿Hiciste alguna amistad en la blogosfera que a día de hoy has perdido? ¿Qué pasó?
Pues hombre en plan "perder" como las llaves, no. Sí me he distanciado de algunas personas, pero dan igual los motivos, simplemente tomamos caminos distintos o teníamos intereses diferentes o simplemente no estábamos en el mismo rollo. 

5.- ¿Qué se te pasa por la cabeza cuando ves a alguien porteando a un bebé en mochila colgona y/o mirando para fuera?
Pues nada, me importa un bledo lo que haga la gente con sus hijos, ellos sabrán. No voy a darles lecciones yo que ni tengo hijos ni he visto un bebé de cerca más de dos días seguidos.

6.- ¿Hiciste el legado de Tibu, te parece una chorrada como un campano o ni siquiera sabes lo que es?
Creo que es lo del baño de agua fría para no pagar una cena… ¿no? Igual estoy quedando como una cateta y es otra cosa, pero es lo último que he visto alguna que otra vez por facebook y me parece una chorrada, así que no, no lo he hecho.

7.- ¿Te parece cutre salchichero poner langostinos en una boda o se te hacen los ojos chiribitas cuando te los sirven?
Me la trae floja. Yo soy de poco comer y en las bodas generalmente no pruebo bocado porque no me gusta nada de lo que ponen y entre unas cosas y otras se me quita el hambre. Además no soy muy de marisco.

8.- ¿Te escandalizan las novias que no van de blanco?
Yo no me escandalizo por nada, allá cada cual con su vida y su boda. De hecho, mi madre se casó de azul. Y ninguna de mis abuelas ni mis bisabuelas, ni nadie de nadie de mis antepasadas directas se ha casado vestida de novia, así que ya ves tú lo que me importa.

9.- ¿Qué impresión te dan las novias con el pelo suelto?
¿He dicho ya que cada uno haga lo que le de la gana? Pues eso. Creo que cada una debe ir como se sienta cómoda y se vea favorecida.

10.- ¿Le pondrías a tu niño todas las vacunas que existen, sólo las que entran en la Seguridad Social, las menos posibles o, directamente, ninguna?
Mi madre me puso las obligatorias cuando era pequeña, pero desde que cumplí los 12 o así me negué a ponerme ninguna más porque no me salía del higo, básicamente. Y no he muerto ni nada. Creo. A Ron sí le pongo las suyas cada año, pero si tuviera un hijo ya vería lo que haría, no lo sé.

11.- ¿Qué plato de cocina te sale mejor? (Pon la receta)
Cocino muy, muy bien, la verdad sea dicha. Creo que es de las pocas cosas que realmente hago bien en la vida. Y muchas cosas me salen bien… una facilita y bien maja son las patatas revolconas.
Cueces unas patatas peladas y cortadas en trozos. Cuando estan bien blanditas se escurren y mientras se pone en una sartén un chorrito de aceite de oliva, donde se sofríen taquitos de bacon (vale panceta, chorizo, longaniza o lo que sea) y una cucharada de pimentón dulce (se puede añadir un poquito picante). Se añaden las patatas cocidas y se van aplastando un poco a la vez que se da vueltas para que se mezclen con el pimentón y el bacon. Y listo. Un aperitivo o guarnición estupendo.


Puffff… vaya fregado. Definir la amistad es como definir el amor, complicado. Son cosas que se sienten, que se saben… pero que las palabras no suelen hacer justicia.
Yo creo en eso de que los amigos de verdad son la familia que uno elige. Pero a veces las circunstancias cambian y quien era imprescindible en tu adolescencia pasa a ser alguien querido, pero al que ves de pascuas a peras.
Lo que sí es seguro es que amigos de verdad hay pocos, que no todos los que parecen amigos lo son y que hace falta esfuerzo de las dos partes para que las amistades no se pierdan por el camino.

Eso sí, los amigos buenos son la hostia. Cuando los encuentras, cuando consigues complicidad, cuando con una mirada te entiendes, cuando puedes ser totalmente tú mismo, cuando lloras, ríes, bailas y hablas durantes horas con ellos… es mágico. Y hay que cuidarlo y mimarlo porque merece la pena. 

miércoles, 27 de agosto de 2014

cinco años ya

Cinco años. No me lo puedo creer. Parece que fue ayer que te vi por primera vez, tumbado panza arriba jugando, con esas orejas enormes y esos ojos tan verdes. Estabas delgadito, pero se veía que ibas a ser enorme. Y desde ese primer ronroneo que te dio nombre, desde ese primer “miau”suavecito que me contestaste cuando lo dije, te quise.
Llegaste a mi vida en un momento jodido, pero me ganaste rápido y por goleada. En estos cinco años nada ni nadie me ha hecho llorar, temblar, reír y amar como tú. Y no sé si habría podido salir adelante en muchos momentos de no ser por tu presencia cálida, tu cuerpecillo a mi lado en la cama, tu hocico frío y húmedo en la cara. No sé si me hubiera levantado muchos días. No sé si me hubiera acostado muchas noches. No sé qué habría sido de mí.

Y espero que sean muchos lustros más, porque no me imagino la vida sin ti. Tú eres el amor de mi vida, tú eres mi razón de vivir en muchos momentos, tú eres mi sonrisa diaria, tú me pones los pies en el suelo y me haces pensar que mañana será otro día. Tú, tú eres lo más importante de esta casa. Tú eres el mejor compañero de vida. Tú eres el mejor regalo que me ha hecho el cielo. Tú haces que todo valga la pena. Tú, mi vida, tú.