lunes, 5 de diciembre de 2016

Premiando espero

Estamos a 5 de diciembre, el sábado este blog cumple 6 años y no he recibido una cosita que quería sortear para tener un pequeño detalle con los lectores, que son la base de este sitio. Y no sé si llegará porque con las fiebres de diciembre y sus compras compulsivas, lo mismo está el tráfico de paquetes atascado. Igual hay un milagrito y en lo que queda de semana, aparece en mi buzón la solución en forma de pareado. Cruzad los dedos.
En fin, mientras lo pienso y tal, os dejo con un premio  que me ha dado Eva con unas preguntas. Ya sabéis que yo no nomino, ni paso el premio ni puñetas en vinagre, pero respondo encantada y breve de la vida.


1.- ¿Cuándo y por qué empezaste con tu blog?
Dentro de poco hago seis años. Antes tenía otro y lo empecé porque estaba agobiada y necesitaba desahogarme. Luego me separé del desequilibrado y entonces quise hacerme otro nuevo para que ni lo pudiera encontrar, ni tuviera recuerdos de él ahí metidos. Era una forma más de empezar de cero.

2.- ¿Qué esperas de él?

Ya me ha dado mucho más de lo que podría esperar, amistad, amor, viajes y todas las cosas buenas que se puedan imaginar. No puedo pedir más porque sería avaricia.


3.- ¿Qué esperas, o te gustaría encontrar, en los blogs que visitas?

Que me entretengan, que ofrezcan opiniones o vivencias interesantes. Sólo pretendo entretenerme.

4.- ¿Cómo descubres nuevos blogs, a través de qué vías? Si es que los buscas.

Pues depende, pero generalmente porque los amigos de mis amigos son mis amigos. Otros blogger leen o comentan otros blogs, a veces los visito y si me gustan, me quedo.

5.- ¿Cuál ha sido tu post que más éxito ha tenido? ¿A qué lo atribuyes?

No tengo ni idea y la verdad es que me da igual. Con que alguien me comente, me diga que se ha reído o que le ha gustado un post, me doy más que por satisfecha. No escribo para conseguir números.


6.- ¿Tus publicaciones están relacionadas con tu profesión (o son directamente parte de tu profesión), o es una afición completamente aparte?

Generalmente no. Mi profesión está estancada porque no trabajo en ella. A veces doy opiniones sobre ciertos temas basadas en lo que sé, en lo que he visto, en lo que estoy formada... pero no muy a menudo. Para mí esto es parte de mi ocio, es sólo un hobby.

7.- ¿Crees que blogger puede ser una profesión?

Hoy en día cualquier chorrada es una profesión.


8.- ¿Qué piensas de las "nuevas profesiones", nacidas alrededor de las redes sociales?

Repito, que hoy en día a cualquier chorrada le llaman profesión. Si la gente consigue dinero haciendo lo que le gusta, bien por ellos, pero vamos, de ahí a que sea exactamente “una profesión”...


9.- ¿Planificas tus publicaciones? Semanalmente, mensualmente... o ¿publicas lo contenidos según los generas?

No, escribo según me sale, según me apetece o según me da el aire. Para planificar estoy yo, que no sé ni lo que voy a comer mañana.


10.- ¿Moderas los comentarios que se dejan en tu blog? ¿Por qué?

Tengo cerrados los comentarios anónimos porque el anonimato desata las pasiones de los gilipollas, pero por lo demás no. Que cada uno diga lo que quiera.


11.- Para leer, para escribir, ¿papel o electrónico?

Prefiero el papel, tengo un libro electrónico y no sé por qué, no me terminan de enganchar los libros en ese formato. Para escribir casi prefiero el ordenador por pura comodidad, pero aún así como coger papel y boli no hay nada.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Me echo de menos en ti

El caso es que ya casi nunca pienso en ti. Estoy muy ocupada, tengo la cabeza llena de gente, de fechas, de datos, de números casi siempre rojos. Estoy ocupada, tirando cada día de las cuerdas del corsé que me sostiene, que sujeta los pedazos en los que estoy rota para que parezca que no, que sigo de una pieza. Estoy ocupada con una vida que no me convence del todo, pero que efectivamente, me ocupa.
Pero hoy, en medio de la lluvia y el frío que sumen esta ciudad en el caos, has aparecido de la nada, con todo tu descaro, echándome a patadas de mi presente para hacerme rodar hasta el pasado. Ese pasado en el que era verano, en el que hacía más sol, en el que hacía calor, en el que no estaba tan ocupada ni tan rota.
Y es que a veces, me echo de menos en ti. Porque hoy me he dado cuenta, mientras casi podía oír tu risa en el asiento del copiloto. No te echo de menos a ti. Tú ya no eres el que yo recuerdo, pero me da igual. Lo que me escuece un poco es que yo ya no soy la que tú recuerdas. Ya no soy tan joven, ni tan guapa, ni tan despreocupada. Y echo de menos aquella que era antes de romperme y reconstruirme mil veces, aquella que no estaba tan ocupada. Aquella que era. Echo de menos mi pelo largo, mis pantalones rotos, mis aros en las orejas y mis uñas pintadas de negro. Echo de menos la que era en ti.
En todo caso, he seguido conduciendo. No me iba a quedar parada en mitad de esas calles por mucho que me hablen de ti, de mí, del verano y del sol. Por muchos recuerdos que traigan, a nadie le importa eso. No puedo quedarme quieta a mirar la esquina donde me abrazaste levantándome del suelo. Bastantes problemas tiene Madrid cuando llueve como para añadirles la nostalgia. Y a veces me pregunto si podría vivir en otro sitio. Si sería más fácil una ciudad más pequeña, menos hostil, menos llena de recuerdos y de fotografías pasadas. Luego acelero de nuevo, cuando se abre el semáforo, y supongo que no. Ya me he fundido con el paisaje, soy parte del anonimato, de la indiferencia, de la ansiedad y el caos que reina. Y ella es parte de mí, con mis recuerdos pegados a las esquinas, a los bares, a los edificios y los rincones donde no llegaba la luz de las farolas. Madrid ya es sólo uno más de los pedazos que aprieto dentro de mi corsé para que no se desparramen por el suelo mojado del otoño.

El caso es que ya casi nunca pienso en ti. Entre otras cosas, porque eso implica pensar en mí. Pensar en el verano no tiene mucho sentido cuando los otoños se siguen sucediendo, cuando siguen llegando los inviernos uno tras otro. Para qué recrearse en el pasado si el futuro viene a cogernos por el cuello. Y sin embargo, a veces añoro el sol en mitad de los días lluviosos. A veces, sólo a veces, me echo de menos en ti.  

jueves, 24 de noviembre de 2016

La torpe-danza del velo

Os acordaréis de que os conté que este curso me había apuntado a clases de danza oriental. Porque sí, porque soy así de lista. Y desde entonces no os he vuelto a informar. Y diréis, esta mujer ha mejorado tanto, pero tanto, tanto, que ahora vive en exóticos hoteles de países orientales, bailando para jeques megaforrados que le llenan los pantalones bombachos de oro hasta que pesa tanto que apenas puede bailar más. Pues evidentemente sí. Así es, os escribo desde mi nuevo palacio, una réplica lujosa del Taj Mahal, donde ya me he retirado y sólo bailo por el mero placer de ver con qué arte se contonea mi cuerpo. No sé ni para qué me molesto en seguir escribiendo este blog.

Venga, vale, no. Sigo siendo torpe. Y pobre. Terriblemente torpe y terriblemente pobre. Y es una combinación de mierda.
En todo caso, es verdad que había mejorado algo. No de bailar bien, si no de, al menos, no arrollar a nadie en medio de mis vueltas sobre mí misma. Me había medio aprendido la estúpida coreografía y ya no iba constantemente al revés de todo el universo. El problema es que me cogí un catarro. Bueno, me lo regaló el Ross. Así es él de generoso. No se acuerda de mi cumpleaños, olvida comprarme algo por reyes, pero los resfriados siempre decide compartirlos conmigo. Y claro, falté a varias clases. Y como mi cerebro tiene una capacidad limitada, borra todo lo que considera innecesario. Así que hoy cuando volví a clase de nuevo no distinguía izquierda y derecha. Eso sumado a que aún estoy medio anquilosada, respiro regular, toso en modo tuberculosa y me siento un poco débil, ha dado como resultado que me sienta la persona más torpe del mundo.
Para colmo hemos empezado una nueva coreografía con velo. Un velo es un trapo de gasa grande que se supone que se usa para hacer el baile más sensual y elegante, haciéndolo volar alrededor de nuestro cuerpo. La realidad es yo parezco estar sacudiendo un mantel colorido del tamaño de los que usan en villa arriba para dar de comer la paella más grande a todo el pueblo.

Francamente pienso que me debería haber dado de baja y a tomar por culo el baile, pero mantengo la esperanza de mejorar de un día para otro por inspiración divina y terminar en un paraíso exótico y lleno de oro ganando insultantes cifras de dinero a cambio de menear mi estupendo culo.  

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Anuncio de la Lotería (la conspiración de las viejas chochas)

Me reconozco poco sentimental. Y admito que las historias (películas, libros, anuncios, lo que sea) que van directamente a sacar la lágrima y a emocionar a costa del recurso barato, lo que hacen es cabrearme. A todo esto le sumamos que iba predispuesta a que no me gustase el anuncio de la lotería porque la verdad es que nunca me gustan. Y porque les tengo manía, que nunca me cae ni la cochina pedrea.
Entonces, lo ponen y al Ross le da la risa floja. Él, que se le salta la lagrimilla viendo a Pocoyó, a carcajada limpia en el sofá mientras todo el supuesto pueblo, no sé muy bien por qué, participa en mentir a una vieja chocha. Y claro, me lo pega. Y yo me río, sin saber muy bien por qué, mientras él, entre hipos me suelta “la puta vieja, jajajaja, está vacilando a todo el pueblo, jajajaja”. Y el colmo es el final, cuando el hijo va a decirle que no ha tocado nada y ella le regala el décimo, que obviamente no vale lo que han pagado por él. Que lo que cuenta es la intención y que la mujer lo que quiere es darle todo al hijo, blablá. No me vengáis a dar explicaciones, coño, que lo he pillado, que no es tan profundo. Entonces es cuando el Ross se retuerce en el sofá a la vez que se ríe, tose y se medio ahoga. Y a mí me pega las carcajadas mientras dudo si la tía realmente es estúpida, chochea en plan “hay que llevar a la abuela a un sitio especial” o se está quedando con todo el mundo y vengándose del hijo por algún retorcido y oscuro secreto del pasado, cosa que no me extrañaría ya que en este pueblo todo el mundo parece muy predispuesto a mentir sin ton ni son.
Me da por pensar en Homer cuando dice lo de "Y Lisa lloró. Y yo lloré. Y a Maggie le dió la risa... es más mona esa criatura". Porque claro, media España diciendo lo mucho que le ha tocado la patata el anuncio y el Ross y yo mientras, aquí descojonados.
Y es que a mí se me plantean muchas dudas. ¿Por qué es bueno mentir a una vieja? ¿Tanto poder tiene el gobierno que hasta en los anuncios hace apología de mentir a los pensionistas para ganar votos? ¿Por qué a todo el mundo le parece bien seguir la bola? La ilusión, blablá. Yo es que odio que me mientan, aunque sea para algo “bueno”. Porque vale, supongamos que la engañan. Que ya es inocente y pazguata la mujer para los años que gasta, pero vale. ¿Y ahora qué? ¿La engañan de por vida? ? ¿O algún día alguien le va a contar la verdad de UNA PUTA VEZ? ¿O hay que esperar a que llegue el cuñao de alguien y le diga eso de “pero que era una broma, mujer, que hay que tener sentido del humor” mientras le da palmadas en la espalda? O no, toda la vida pensando que tiene dinero y es más pobre que las ratas pobres. Porque esa es otra. Se lo da al hijo... ¿Y? ¿Ahora el hijo tiene que empezar a vivir como si le hubiera tocado la lotería? ¿pedir un préstamo para mantener la ilusión de la madre? ¿decirle que compró preferentes y lo perdió? ¿O como no queremos dar disgustos a la vieja hay que seguir mintiendo y gastando lo que no tenemos hasta que la visite la parca? Vaya herencia que nos dejó la abuela, oye. La muy cabrona. El puto pueblo endeudado por culpa de una anciana que chochea. Y a todo esto la nuera, que parece encantada con la mentira. Intuyo que la nuera la odia y quiere que a la vieja le dé un infarto, bien por la alegría, bien por el batacazo que se va a llevar al saber la verdad. No hay más que verla, parece que se relame pensándolo “déjala que se lo crea, la muy gocha, que no ha puesto ni una pasta para el café en su vida y ahora quiere celebrarlo. Vas a celebrarlo, sí... pero rodeada de velas, mala pécora.” Qué familia, señor, qué familia más perturbada.
Además, me vienen ideas muy perversas a la mente. ¿Os acordáis de ese pueblo que puso molinos de viento y con lo que se supone que iban a ganar se iban de viaje al caribe y llevaban a estrellas a las fiestas del pueblo y construyeron toda clase de chorradas? Ahora están endeudados hasta las trancas para los restos. Como media España que hizo carreteras, aeropuertos y toda clase de cosas inútiles, por cierto. Que en las épocas de vacas gordas la gente gastó y gastó hasta lo que no tenía. Luego vino la crisis y así nos luce el pelo. Pues el anuncio es lo mismo. Que como le hace ilusión a alguien, vamos todos a dejar que corra la bola, que se haga bien gorda y que ya se ocupe otro cuando todo se vaya al garete. Igual es una forma subrepticia de meternos el mensajito de “habéis vivido por encima de vuestras posibilidades porque se ha fomentado así, peeeero... era por vuestro bien, para que tuvierais ilusión.” Pues me cago en la madre que parió a panete, oigan.
O, mejor aún, igual es otro mensaje más feo aún y menos retorcido que es algo tan sencillo como “no os va a tocar ni un duro, pringaos, pero comprad con ilusión que es lo que cuenta.” Ya la mitad se la va a llevar el estado sí o sí, quizás dentro de poco no haya premio ni nada de nada y el sorteo sea simbólico, te toque, pero no te den un duro. Pero oye, la ilusión y tal.
Como se puede ver, soy una entusiasta de la lotería. Y de las viejas chochas. Y de los asuntos familiares ocultos, las venganzas y los mayordomos asesinos.


P.D. Para Reyes me pido un gorrito de albal para que los globos sonda del gobierno no puedan leer mis geniales pensamientos. 

jueves, 10 de noviembre de 2016

Mucha ilusión y poco dinero

Tengo una amiga que quiere montar un negocio. En los tiempos que corren. A veces creo que la gente es un poco temeraria. O inconsciente. O directamente está loca. O igual estas ideas son las que hacen que vaya a ser pobre toda mi puñetera vida.
Yo misma pensé hace un tiempo en montar algo. Me di cuenta de que en mi barrio pasan montones de coches de ruta recogiendo abuelitos para llevarlos y traerlos de los centros de día pero no hay ningún centro en sí. Mi abuela paterna estaba por aquel entonces yendo a uno de su barrio muy pequeñito y muy mono que me dio la idea. Era un centro privado pero con plazas concertadas por el ayuntamiento. Pensé en alquilar un local, que por aquí los hay a porrillo y montar algo de ese estilo ya que tengo la formación necesaria y experiencia en el sector. Me informé de las licencias, las características y todo lo necesario. A pesar de que en España la burocracia es totalmente desalentadora y poco menos que induce al suicidio, al final lo tuve todo bastante claro. Era bastante factible. El problema empezaba al echar números. Por muy pequeño que lo montara todo, por mucha ayuda que consiguiera de los bancos, de subvenciones y por mucho que digan que se fomenta y se apoya a los emprendedores, necesitaba un chute inicial de pasta totalmente desproporcionado. Entre otras cosas porque sólo de autónomos ya se va un dineral al mes quieras o no, ganes algo o no. Total, que dejé el proyecto en mi cajón de los sueños que rescataré en mi próxima vida como millonaria.
Decía que mi amiga quiere montar un negocio. Resulta que después de toda una vida dedicándose a la sanidad, ahora quiere montar un negocio de comida. Así, sin formación, ni clientela fija, ni en realidad tener ni idea de lo que habla. A mí, repito, me parece que la gente es, como mínimo, muy osada. Pero bueno, lo que sea. El caso es que vino el otro día a hablar con mi padre al despacho para que la informase sobre unas cosas. Yo estaba ordenando unas facturas y flipando con el optimismo del que cree que ha tenido una buena idea y no repara en los millones de personas que la tuvieron antes. Al parecer, ella cree que con ilusión se pueden pagar facturas, porque no tiene ni un duro para comenzar la inversión, pero tiene un montón de ganas de trabajar y de empezar un nuevo proyecto y blablablá. Cree que podría empezar con algo muy pequeño y luego ya expandirse, cosa que seguro que no se le ha ocurrido a nadie, claro. Va a abrir un blog con sus recetas y sus productos estrella, cosa que tampoco hay en la red, claro. Y como método para darse a conocer y llegar a más gente, ha pensado en colgar carteles por el barrio, aunque con lo que está lloviendo últimamente por Madrid me temo que no sea lo más efectivo. Me pudo el ansia ante su entusiasmo absurder y le propuse intentarlo al menos con una empresa especializada en email marketing como Mdirector que al menos puede llegar a más gente y de paso no perder sus posibles clientes cada vez que llueva y se mojen las farolas.

El caso es que ella sigue convencida de la viabilidad de su plan a pesar de las muchas dificultades, sobre todo económicas, que se plantean. Y yo, dejando mi opinión a parte, admiro a esas personas optimistas y convencidas de que todo va a salir bien, empeñadas en su idea aunque el viento sople en contra, decididas a darlo todo y a cerrar los ojos ante la adversidad. Tienen su mérito, oye.  

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Bisbal, Chenoa, la cobra y el olvido

Confieso que no vi Operación Triunfo cuando salió. Ni la primera edición ni desde luego ninguna de las posteriores. Tampoco he visto ningún Gran Hermano ni veo realities de ninguna clase. No es por nada, no me considero superior por no verlos. Es simplemente que no me gustan. Muchas veces he dicho lo sumamente susceptible que soy a la vergüenza ajena y esos programas me la desatan. Me escondería debajo del sofá si me cupiera el culo. Total, que a pesar de no haberlos visto, de OT1, obviamente conozco a gente. A Rosa la que ganó, a Bisbal, Chenoa y Bustamante. Punto. Alguno más me suena un poco, pero ahora mismo ni recuerdo su nombre. Como gustarme no me gusta ninguno, no es mi estilo musical. La única voz que medio me entra por la oreja es la de Bustamente y sin fliparse. La de Bisbal directamente me desagrada con tanto gorgorito, la de Rosa me parece muy basta y Chenoa no me dice ná.
Aún así, con todo el coñazo que se ha dado en internet, twitter en especial, me veo obligada a hacer una reflexión respecto al tema de la supuesta cobra entre la expareja de extriunfitos. He visto el vídeo y los gifs al respecto hasta convencerme de que no fue una cobra en sí. En el ángulo inverso ni siquiera se aprecia el movimiento, y más bien yo veo una pequeña confusión, Chenoa dudó si darle un abrazo o un beso en la mejilla y él siguió a su bola, por lo que al final quedó algo un poco raro. Pero nadie en su sano juicio puede pensar que después de no sé cuántos años separados y de que él tenga una relación, ella vaya a querer besarle por primera vez después de tanto tiempo delante de chorromil personas. Vamos, creo yo.
Además, igual es porque soy torpe de cojones, pero a mí me ha pasado mil veces. Que vas a darle dos besos a una persona y al final dudas y hacéis un bailecito raro. O cuando das uno y el otro va a dar dos. O cuando no sabes si abrazar o no. O cuando das la mano y al final uno de los dos se lanza a dar besos. Situaciones un poco embarazosas en el momento, pero que no van allá. La única diferencia es que este momento lo han grabado las cámaras ante una España ansiosa de morbo y cotilleo y alimentada por la idea un tanto machista de que las mujeres no olvidamos y seguimos amando indefinidamente.
Y es que muchas veces lo he pensado. Chenoa es la primera que se lo ha tomado ya a guasa y ha sacado una línea de ropa riéndose del momento en que salió en chandal a la calle con la cara hinchada de llorar a decir que habían roto de mala manera. Pero han pasado un trillón de años, ¿por qué tiene que seguir loca por los rizos ovejiles (ahora cortos) del otro tonto? ¿por qué no ha podido olvidarle y seguir con su vida? ¿acaso no ha vuelto a querer a nadie, a tener relaciones, a ilusionarse con alguien? ¿cada noche se sigue acostando con el cojín de Bisbal como si fuera una de sus fans? Mira, no me lo creo. Que lo pasaría mal, claro. Que jode que te dejen. Que encima se entera toda España. Pero vamos, que se supera.
Lo mismo pensé hace poco con el divorcio de Angelina morros-cara-de-loca- Jolie y Brad Pitt. Todo twitter se inundó de fotos, memes y gifs de Jennifer Aniston celebrándolo y alegrándose. ¿Por qué exactamente? Hace muchos años que se divorciaron. Y sí, lo mismo o peor que en el caso anterior. Porque vais a perdonarme, pero no hay comparación. Perder a Brad Pitt sí puede ser un trauma. Si hay algún hombre por el que merezca cogerse una depresión al separarse, igual es él. Pero en todo caso, ¿por qué la gente presupone que ella es la que no puede olvidarle y no puede seguir con su vida? Que al parecer sigue estancada, esperando indefinidamente a que él rompiera su nueva relación para no sé muy bien qué. Aniston ha tenido relaciones, creo que está casada y lo mismo es hasta feliz, oye. Pero no, todo el mundo cree que sigue traumatizada, sin saber seguir adelante, pasar página, amar de nuevo. Que no ha encontrado el amor, no ha tenido hijos y la pobre, qué lastimica dá. Y mira, me cago en san pitopato, NO. Coño ya, que no.
He estado haciendo memoria a ver si había algún caso en el que se piense lo mismo de un tío. Que le dejara la novia y siga, supuestamente, recordándola mil años después con todo su dolor y su amor ahí amargado en el recuerdo. No tengo una gran cultura famosil, así que si se os ocurre algún caso estaré encantada de escucharlo, pero a mí no se me ha ocurrido nadie. Lo más parecido que he encontrado en mi ruinoso cerebro ha sido la película de Casablanca, donde es el caustico Rick quien sigue jodido por haber perdido a Ilsa y aún le duele escuchar los acordes de su canción. Sin embargo, cuando por circunstancias que no vienen el caso se ve obligado a elegir, decide dejarla marchar sin derramar una lágrima. Porque los hombres son así. Porque es lo correcto. Porque el tiempo pasará. Porque siempre les quedará París.

En fin. Será que me estoy volviendo muy suspicaz. O que para mí el amor y el olvido son temas relativos. O que simplemente, como decía Becquer, no creo que eternamente se pueda ni sufrir. En todo caso, han pasado 15 años desde el primer OT y ya va siendo hora de que España entera supere el asunto. Que a mí al menos me han salido canas desde entonces.  

miércoles, 26 de octubre de 2016

Buenas noticias sobre Ron

Bueno, aunque he dejado un nota en facebook, para los que no lo tenéis (reitero mi invitación a que me busquéis como Naar Tipala y seamos amigüitos), os cuento por aquí también.
Hoy le hemos hecho de nuevo los análisis a Ron. Gracias a Dios hay buenas noticias y parece que definitivamente su problema de riñón viene por las putas liliáceas de los cojones. La creatiina sigue un poco demasiado alta, pero ha bajado un poco porque sus riñones están sanos por lo demás y puede hacer frente al daño. Le ha bajado 4 décimas y aunque no sea reversible el problema, sí que es significativo que esté “mejor”.
Por lo demás está sano cual manzana, no hay nada más que esté alto, todos los niveles está bien, no hay síntomas de nada más y ha bajado de estadio 3 a estado 2, lo que es bastante bueno.
La verdad es que yo he pasado unas semanas horribles, lo he pasado francamente mal, muy asustada, muy angustiada y muy, muy preocupada. He sufrido una ansiedad horrible. Y es que hay quien no lo entiende, que peor para ellos, pero se puede amar mucho a un animal. Muchísimo.
Yo quiero a Ron con toda mi alma. Sin él mi vida no sería la misma. Y sé que algún día se irá a esperarme en el cielo, pero que sea lo más tarde posible, porque la tierra sin él será un lugar más oscuro y menos acogedor. Por suerte de momento le sigo teniendo conmigo. Y rezaré para que siga siendo así mucho tiempo.
Gracias a todos los que os habéis preocupado por él, por mí y os habéis tomado un minuto para preguntar, para mandar buenos deseos, para darme ánimos y para calentarme un poquito el corazón en estos días que han sido tan feos. De verdad, gracias, no puedo decir más.


Y nada, desaparezco un poco por unos días porque me voy a tomar el aire con mis niñas del bambo, que lo necesito. Estoy bastante ahogada y ellas me meten aire a presión en los pulmones. Cuatro días que me renuevan y soy otra, mejor para todos. Pero volveré. Me esperan aquí mi Ron y mi Ross que son los dos amores de mi vida y quiero estar bien para ellos. En una semanita, nos ponemos en marcha otra vez.