El tema de la derogación de la doctrina Parot está trayendo
cola. En gran parte con razón. En unas pocas semanas se han puesto en la calle
un buen puñado de terroristas, violadores y demás gentuza. Claro, que nos
tiramos de los pelos porque han sido todos de golpe y porrazo, pero a la
mayoría les quedaban diez años en prisión como mucho. Y es que en este país
algunas leyes son de chirigota. Y desde luego el rollito de que las cárceles
son para rehabilitarse me lo paso por el mismísimo forro de las bragas.
Pero no me voy a poner seria y a hablar del tema en tono
jurídico ni social, ni nada de nada. Eso ya lo hacen otros más y mejor que yo.
El caso es que la otra mañana vino mi madre a traerme el pan
y un par de cosas a casa. Entre ellas me trae un recorte de periódico.
-
Nena, - me dice muy seria. – me imagino que habrás
visto esto por Internet y el wasap y esas cosas… pero te traigo las fotos de
los tipos esos que han soltado.
-
Ah. Claro. – no estoy entendiendo nada.
-
Hay que estar atenta… porque si tú fueras un
delincuente o un violador, ¿qué harías?
-
Delinquir y violar, supongo.
-
No, venirte a vivir a Madrid. Aquí nadie te mira, nadie
se fija en nada. Si el tonto este – me señala a Ricart el de las niñas del
Alcasser. – vuelve a su pueblo le linchan. Pero si viene a Madrid… ¿tú crees
que alguien se va a dar cuenta de que es él?
-
No lo sé, tiene sentido lo que dices, pero… ¿va a venir
a este barrio?
-
Ah, quién sabe. Y ese es el de menos, así te lo digo.
Que la gente se echa las manos a la cabeza porque fue un caso muy mediático y
tal, pero anda que no hay tipos peores aquí. Y todos, nena, todos pueden acabar
en Madrid.
-
Vale, mamá, me quedaré con sus caras. Así al menos me
violará un conocido.
-
Huy, qué gracia. Tú es que todo te lo tomas a risa,
hija, pero no, no es gracioso. Además, el caso no es ese. El tema es que con
esta gente en la calle y toda la que va a salir… y toda la que hay por ahí, hay
que ir protegidas. Porque tú vives sola y sales sola y vuelves sola.
-
Sí… aunque sabes que en invierno yo soy más de manta y
sofá.
-
Total, que quiero que vayas protegida.
Antes de que mi madre decidiera ponerme un guardaespaldas,
le expliqué esto que contó Key de que llevar un spray de pimienta es ilegal y que pueden multarte por
llevarlo en el bolso, aunque no por usarlo en defensa propia… ¿no os decía que
las leyes a veces son de risa? Pues eso. Pero mi madre es bastante terca.
-
No, me he informado y los sprays esos son un rollo, por
lo que se ve luego te pones malísimo y tal. Pero ¿sabes lo que no es ilegal? La
laca.
-
Sí, ya… ehhh… ¿cómo dices?
-
La laca, nena, la laca del pelo. Puedes llevar un bote
pequeñito de esos de viaje en el bolso. En caso de duda, se la enchufas a
alguien en la cara y anda que no jode.
-
Hummmm… ya.
Contando con los pelos que llevan la mayor parte de los
excarcelados, si alguno me ataca, aun le hago un favor y todo. Y al tal Ricart
(que yo creo que no es tan peligroso como lo pintan) puedo devolverle su tupé
post ochentero. A parte de eso, tengo
mis dudas respecto al plan de mi madre.
-
Bueno, en caso de auténtico peligro, la laca es
altamente inflamable… puedes montar un lanzallamas casero en un segundo. – le explico.
– Yo lo hacía con los desodorantes cuando íbamos de campamentos y…
-
Pues mira, eso no lo había pensado, pero es buena idea.
-
Vale mamá, pues compraré un botecito de laca. Y si no,
pues oye, con un poco de suerte iré bien peinada este invierno sin que sirva de
precedente.
Total, que si sois un criminal o un violador o semejante,
manteneos alejados de mí. Que estoy muy loca, que llevo un bote de laca en el
bolso y sé cómo usarlo. Anda que no he quemado yo bichos en los campamentos. Y
si no queréis atracarme ni violarme, os puedo dejar unos flequillos monísimos.


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