sábado, 13 de enero de 2018

Me asomo a la ventana eres el recuerdo de ayer...

He estado a punto de llamarte. De decirte lo que acababa de pasar, porque era esa mezcla que me encanta de absurdo y gracioso. Luego me he acordado de que nosotros no hablamos. O sea, sí, podemos hablar, pero no solemos hacerlo. Nos vemos una vez al año, nos abrazamos muy fuerte, nos miramos un momento a los ojos, nos decimos muchas cosas con pocas palabras, nos hacemos un guiño entre la multitud, nos suspiramos al oído cuando nos despedimos. Y ya. Porque si hablamos, si hay comunicación, ponemos en riesgo nuestro orden dentro del caos. Y no queremos hacerlo. Ahora menos que nunca.
Pero lo he pensado, te lo juro. Porque si veo esa escena en una película, pienso que es un cliché que ya aburre de tan manido. Pero así ha sido. Yo iba conduciendo con mi amiga al lado. Habíamos cenado, nos habíamos reído a carcajadas. Como he ido por la M-30 y pasado por el túnel, en lugar de la radio llevaba un CD puesto. Y por casualidad, por pura casualidad, justo empezaba a sonar nuestra canción. Y ahí, justo ahí, cuando dice eso de “...y ahí voy, a romper las telarañas de tu corazón, verás como se escampa...” he parado en un semáforo y mirado a la derecha. Y estabas tú. Estabas tras las cristaleras de una cafetería. Sentado en una mesa, pegado a la ventana que daba a la calle. Como una puta película romántica de mierda.
Hacía meses que no pensaba en ti, pero hacía apenas diez minutos te había nombrado. Y de repente, pum, tú. Tú, ahí, tras la cristalera, con nuestra canción de fondo. No me jodas.
De hecho, recuerdo la última vez que pensé en ti antes de hoy. Hace meses tu recuerdo me fulminó como un rayo. Estaba en el trabajo. Y el director se llama como tú. No tiene nada de especial, es un nombre súper común. Mi padre se llama así, de hecho. Pero claro, para mí es “papá”, no le llamo por su nombre. Y curiosamente, no hay más gente en mi vida con ese nombre. Así que entró el director en mi despacho a dejarme unos papeles. Los cogí sin mirarle porque estaba liada y le dije “Gracias, nombre acortado”. Y boooooouuuum. Un puto trailer que me pasa por encima. Hasta ese momento no le había llamado así, siempre le había llamado por su nombre completo. Y no lo he vuelto a hacer. Porque por el nombre acortado sólo te he llamado a ti. Y si lo digo, me tiembla el pulso. Como ese día, que según lo dije, aunque creo que mantuve la compostura, el director me miró. Y el tío tiene una forma de mirar muy parecida a la tuya. Esa así que parece medio esquiva y que cuando se fija en ti te traspasa de lado a lado. Y me sonrió y me dijo algo de esos papeles que yo sujetaba en la mano mientras creo que ambos sabíamos que algo raro, una especie de viento helado y sofocante a la vez, acababa de pasar entre nosotros.
No le he dicho nada a mi amiga. He girado la cabeza un poco, según pasábamos para verte de nuevo por la cristalera del bar. En ese momento te has tocado la nuca, casi como en un gesto inconsciente. Quiero pensar, para rizar el rizo de la escena, que has sentido un cosquilleo. Era yo, mi yo del pasado susurrándote detrás de la oreja ese nombre acortado por el que sólo te he llamado a ti y por el que sólo yo te llamo. He seguido avanzando sin mirar atrás de nuevo. Y hemos seguido charlando mi amiga y yo mientras nuestros caminos se iban separando otra vez, tras un punto de tangencia casual.


¿Sabes? Todo va bien. Todo va muy, muy bien. Tanto, que no pienso tan a menudo en ti. Tengo todo lo que puedo desear. Y tú sólo eres un recuerdo. El mejor, pero un recuerdo. Y no quiero que eso cambie porque es mucho mejor así. Pero joder. He hablado de ti y te he visto por la ventana de la cafetería. Y tenía que decírtelo.  

12 comentarios:

  1. Si no fuera porque te conozco y sé que te pasan cosas muy extrañas, pensaría que te lo estás inventando porque es cierto que parece una escena de película. Qué fuerte, tía, qué fuerte... Hay veces en que realmente me planteo si eso del destino no será tan cuento de hadas como suelo pensar.

    Besotes!!!

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    1. Lo que no me pase a mí... Pero a mí misma me costaba creerlo cuando lo vi! XD

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  2. Me pasa lo mismo que a Alter, porque eres tu, que si se lo leo a una desconocida, ni me lo creo. Muy fuerte.
    Besotes

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    1. Lo sé, yo se lo leo a otra y tampoco. De hecho, me estaba pasando y pensaba "venga ya, no puede ser" XD

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  3. :O Además en Madrid... que si me dices en otro lado... pues todavía... jaja

    Tía... tienes que decírselo...

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    1. En Madrid y en un barrio a tomar por culo del mío y del suyo... Y una zona por la que no paso nunca. Cosas que pasan!

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  4. qué bonita historia. a veces hay casualidades tan grandes que no nos las podemos creer. hay amores que aunque duelan en un momento dado, a la larga dejan un bonito recuerdo, y por eso, por ejemplo, las canciones asociadas a ellos nos gusta volver a escucharlas.
    besos!!

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    1. Gracias! Fue una casualidad enorme de esas que te hacen creer en cosas bonitas aunque sean sólo un recuerdo :)

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  5. Guauuuu qué bonito!!!!! y si es el Universo mandándote una señal???????

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    1. Igual es el universo que sólo me trae un recuerdo... y eso contando con que yo no creo mucho en las conspiraciones de universo, jajaja

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  6. La entrada es muy bonita y está muy bien redactada (no lo digo por decir, me ha gustado mucho). Pero es que he visto que en las etiquetas has puesto "peligro al volante" y... vamos, que he pasado del romanticismo a la risa floja en un segundo. :D

    ¡Buena semana, Naar!

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    1. Es que las entradas relacionadas con el coche o con ir conduciendo tienen esa etiqueta. Y me alegro de que te hayas reído, no me gusta el romanticismo moñas, prefiero que salga una sonrisa de un modo o de otro :D

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