martes, 11 de octubre de 2016

Series, consuelos y Friends

Estoy viendo otra vez Breaking Bad. Al final el Ross ha entrado en razón y cada noche, después de cenar vemos uno o dos capítulos en lugar de tragar los bodrios que ponen en la tele. Y es que al muy melón le dió por decir que no quería engancharse a otra serie nunca más después de Lost y que por eso no veía ninguna nueva. Un día me hizo enfadar y le dije que yo sí pensaba ver todas las que me diera la gana y que me apenaba no compartirlo con él, pero que me daba igual porque era su decisión. De ahí lo de que haya entrado en razón, no por Breaking Bad en sí, que se ha convertido poco menos que en el paradigma de los pesados que te insisten para que veas lo que a ellos les mola, sino porque ahora sí quiere ver cosas conmigo. Hemos empezado por Narcos y tengo en mente ponerle Stranger Things que la vi sola este verano y me encantó. Pero de momento, Breaking Bad, que sabía que le iba a gustar.
Yo la estoy disfrutando porque me acuerdo bastante bien y puedo fijarme en los detalles y tomármela con tranquilidad. Me gusta casi más ver las cosas por segunda o tercera vez que la primera. Ya sé lo que pasa, estoy tranquila, me recreo en las cosas pequeñas y simplemente, disfruto. A la primera estoy demasiado atenta, demasiado tensa, demasiado queriendo saber y al final me queda un regusto raro.
No sé dónde leí que los niños siempre piden el mismo cuento porque se sienten seguros sabiendo lo que va a pasar. Y quieren que se lo cuentes igual, sin cambiar una coma. No lo sé, las pocas veces que he contado cuentos me los he inventado sobre la marcha. Y por cierto, nunca han servido para dormir a nadie; me enrollo, el cuento se pone interesante y los niños terminan despiertos y excitados queriendo saber más mientras yo me enredo con mi propia historia. En todo caso, para calmarse y dormir y tener dulces sueños buscan la seguridad del cuento de siempre que no tiene sorpresas.
A mí me pasa aún. Me gusta ver películas que he visto mil veces porque sé lo que pasa y me tranquiliza saber que va a terminar bien. O mal, o lo que sea. Pero ya lo sé. Y eso me reconforta.
De hecho, casi todas las noches termino viendo algún capítulo de Friends. Es mi serie por excelencia. Recuerdo cuando iba al instituto y hablábamos sobre si Rachel terminaría con Ross o no, sobre cómo seguiría la siguiente temporada, sobre el capítulo del día anterior. Y lo veíamos a medio día en la tele, sin descargas, internet ni estas moderneces. Os hablo del puñetero pleistoceno, cuando, por cierto, la televisión tenía algún respeto por las series extranjeras y no ponía los capítulos al azar, cambiando de horario y de día sin avisar, sino que seguían el orden cronológico, avisaban de cuando empezaba la siguiente temporada y todos los días la ponían a la misma hora. En fin, soy la abuela cebolleta y hacía mucho que no ejercía como tal. Pero es que me parece vergonzoso que las mejores series de los últimos años hayan pasado sin pena ni gloria por la parrilla televisiva o que directamente hayan sido ignoradas vilmente. Que una persona sin internet vive al margen de la sociedad, sin saber de qué se le habla cuando nombras series de la altura de Juego de Tronos. Una lástima.

Decía que veo Friends a día de hoy. Porque me gusta, me calma, me consuela. Sé que acaba bien, me sigue haciendo reír. Son mis amigos, la referencia con la que he crecido. Y la veo una y otra vez a pesar de sus fallos y sus gazapos, a pesar de su ingenuidad y de las modas noventeras. Me gusta porque no hay incertidumbre. Me gusta porque yo, que soy una persona caótica y desordenada, asustada y perdida, a veces quiero encontrar la seguridad de saber que nada malo va a pasar. Aunque sea durante los 20 minutos de un capítulo.  

jueves, 6 de octubre de 2016

La recluta patosa

La verdad es que tomo algunas malas decisiones. Bueno, generalmente tomo malas decisiones. Vale, casi siempre tomo malas decisiones y a veces, ojo, a veces, las tomo peores.
Por ejemplo, antes de verano eché mi solicitud para pilates como vengo haciendo los últimos tres años y me la concedieron a la primera. También me apunté a inglés con mi profe australiano pirado. Y entonces me di cuenta de que tenía un montón de tardes libres a la semana. Y en lugar de pensar algo sensato, como clavarme palillos bajo las uñas o iniciarme en el bello arte de hacerse el harakiri, dije “voy a hacer algo divertido”. Y me apunté a clase de danza oriental. Mala, malísima, horrible decisión.
La verdad es que nunca he sido una persona a la que se le dé especialmente bien nada que implique esfuerzo o movimiento físico. No soy muy ágil, ni resistente, ni tengo mucha coordinación, ni fuerza, ni desde luego soy rápida. Tampoco tengo buen oído ni gracia natural. Soy más bien como una patata con dos pies izquierdos y ambos de madera. Así que no, no y mil veces no. La danza no es lo mío. Ya tuve una experiencia hace años con las sevillanas, pero al parecer, no escarmiento. Además de poco hábil físicamente, tampoco soy muy lista.
El primer día fui allí con una pequeña esperanza. La misma que tenía de cría cada vez que me apuntaba a una actividad nueva antes de fracasar estrepitósamente en ella. Igual se me da bien. Igual descubro mi talento oculto. Igual no soy tan sumamente torpe como creo. Igual, simplemente, no hago el ridículo. Pero una vez más en la vida, me equivoqué.
Para empezar llegué con mallas y camiseta negras a una clase donde todo el mundo lleva faldas de gasa, pantalones de seda de colorines y top minúsculos de encajes que apenas les tapan los pechos. Y por supuesto, van todas con pañuelos de moneditas en la cintura y cadenitas en los pies. La profe se me acercó me espetó que todas las demás llevaban ya muchos años con ella (no como yo, la novata) y que bueno, empezaríamos despacio (por mi culpa). Que el próximo día llevara algo corto para enseñar la tripa y que me descalzara. Creo que eso fue lo último que entendí y quitarme los zapatos lo último que hice bien. Como las demás llevan mil años meneando el culo, la tía no se detiene a explicar dos veces lo mismo. Así que enseña el paso y todas lo hacen como si fuera lo más normal mientras yo la miro con la ceja levantada.
Por supuesto, la segunda clase no ha ido mejor. Todo el mundo parece saber lo que hace mientras ahí estoy yo, negra como una cucaracha entre tanta gasa estridente y tanta monedita y tanto casacabel sin ser capaz de hacer ni una cosa bien, sin saber dónde están mis brazos, sin poder coordinar dos partes de mi cuerpo a la vez y desde luego, yendo siempre al revés del resto del mundo. Si ellas terminan con el pie derecho, yo acabaré con el izquierdo, si giran hacia acá yo iré hacia allá y chocaré con algo, si levantan los brazos yo los tendré de cualquier forma mongola y si ellas bailan y se agitan de forma guay yo pareceré de nuevo una patata con pies de madera rodando por la clase.
La verdad es que tengo una especie de dilema porque estoy pensando dejarlo. Y hay algo dentro de mí que me recuerda que dejé el ballet, la gimnasia rítmica, la natación, el voley, el kárate e incluso la hípica que era lo único que me gustaba. Y que no debería desistir tan pronto, que debería luchar contra mis complejos, mis miedos, mi sentido del ridículo y perseverar. O al menos aguantar el trimestre que tengo pagado. Pero también hay otra parte de mí que me dice que si lo he dejado todo era por una razón: soy una inútil. Que no mejoraré nunca porque soy una negada y que lo único que hago es pasarlo mal tontamente. Porque se supone que el baile segrega endorfinas y que sube la autoestima y que los bailes orientales te hacen sentir una diosa. Pero lo más perecido a una diosa hindú que me siento yo es una elefanta. Y paso una hora sintiéndome el recluta patoso, sin dar pie con bola, volviendo a ser la niña perdida y asustada de las clases de gimnasia. Salgo con la moral por los suelos, a punto de tirarme al suelo y echarme a llorar.

Para colmo de mis males, tengo agujetas. Hacer las cosas mal provoca dolores en zonas del cuerpo que uno no era consciente de tener. Así que ahora sigo sin poder bailar pero ando como Chiquito de la Calzada. Así que lo único que se me daba medio regular que era el pilates se va a ver afectado por el hecho de que apenas puedo moverme. En lugar de mejorar en una cosa he conseguido ser peor en dos. Qué fantástico comienzo de curso, oye.

martes, 4 de octubre de 2016

Resultados de Ron

Como ha habido un montón de gente que me ha preguntado por Ron (él y yo os lo agradecemos mucho) os voy a contar los resultados que hemos obtenido hasta el momento.
Hoy hemos ido a una veterinaria especializada en gatos que hay en Madrid. Es cara, pero es verdad que es completísima, la gente está megapreparada, tienen toda clase de aparatología y te dan diagnósticos concretos y tratamientos súper personalizados.
Le han hecho de todo al peque: análisis, ecografía, radiografías... Y bueno, a parte de un problemilla dental sin ninguna importancia (de paso le han hecho una limpieza para quitar el sarro), se ha indagado a fondo con el tema del riñón.
A día de hoy no podemos asegurar al 100% lo que es porque los resultados son un poco desconcertantes. Todo está bien. Tiene unos análisis como para vivir más que yo. Todo está perfecto, no hay anemia, ni fósforo alto, tiene la tensión genial, el pelo y la piel preciosos. Bien de peso, estupenda masa muscular, corazón fuerte. Morfológicamente los riñones son, palabras textuales de la doctora, los más bonitos que ha visto en años. Están muy sanos, sin infección, hinchazón, cálculos ni nada de nada.
Lo único que falla es la puñetera creatinina que sigue en 3. Y esto no es normal. Así que, tras todas las pruebas del mundo, se descartan todas las enfermedades a excepción de un linfoma o una enfermedad autoinmune (lupus o amiloidosis). Esto son horribles noticias porque son horribles enfermedades. El tema es que no da otros síntomas, ni ha perdido peso, ni ha cambiado de hábitos ni nada. Y son enfermedades muy poco frecuentes. El linfoma es lo menos probable porque desde abril que empezó la pesadilla, tendría que haber empeorado muchísimo y él está estupendo y la creatinina no ha variado apenas desde que la descubrimos alta. Y la enfermedad autoinmune no es muy normal porque se debería haber manifestado antes y además sería normal que diera otros síntomas.
Así que, estrujándonos la cabeza, hemos dado con la respuesta más plausible. Una intoxicación con liliáceas. Resulta que estas flores tan preciosas son completamente mortales para los gatos. Si se comen una hoja caen fulminados en 24 horas por fallo renal agudo. Si simplemente chupan un poco de polen que cae al suelo o que se les pega al pelo, mueren partes del riñón y quedan con ese fallo crónico de por vida, dependiendo su gravedad de la cantidad de tóxico y el alcance que éste haya tenido. Yo esto no lo sabía hasta hoy. Y no habría caído jamás si no fuera porque la doctora me ha enseñado las fotos y he recordado que por mi cumpleaños los padres de Ross me regalaron un ramo enorme con cuatro de estas putas flores. Obviamente no dejé que Ron la comiera, pero sí las olisqueó, se frotó y yo las toqué sin tener demasiado cuidado. No podía saberlo. Y sin embargo, si se confirma que es esto, no me lo perdonaré nunca en la vida. Ni a mí, ni a odioso cumpleaños gafe.
Dentro de lo malo, si esta es la solución al enigma, es el menor de los males. El daño está hecho, pero no avanza ni empeora. Hay que controlarlo, pero podría vivir una vida larga y saludable, sin molestias ni más problemas, sólo teniendo un poco de cuidado.
En fin, resumiendo, porque no tengo ganas de extenderme más sobre este tema, ahora sólo podemos esperar unas semanas para repetir analítica y ver si la creatinina se mantiene en 3 como hasta ahora, lo que confirmaría el diagnóstico de la liliácea, o si sube o varía, lo que lo descartaría y sólo dejaría las otras feas opciones.
No quiero hacerme ilusiones porque me puedo llevar la hostia de mi vida. Y no quiero desanimarme porque no serviría de nada antes de tiempo. De momento agradezco vuestros buenos deseos, vuestras velitas a los santos, vuestros cruces de dedos, soplos de buena energía, rezos o lo que sea en lo que creáis. Toda la ayuda es poca. Ron y yo os lo agradecemos de corazón. Os informaré cuando sepa algo más y trataré de no obsesionarme para no volverme completamente loca.



martes, 27 de septiembre de 2016

Amistad intermitente

Hoy, post de indignación.
Creo que soy una buena persona. De verdad, creo que a pesar de tener cierto mal pronto, en el fondo soy una blanda y todo. Pero hay veces que ya no sé si la gente lo aprovecha, me toman a cachondeo o creen que lo que soy es gilipollas. Y no. Porque yo perdono, pido perdón y creo en las segundas, terceras y enésimas oportunidades porque todos nos equivocamos. Pero también creo que hay un límite y creo que no se debe nunca abusar de la bondad ajena.
Tengo un amigo. O tenía, no sé. El caso es que nos conocimos teniendo pareja los dos y en realidad éramos amigos los cuatro. Luego yo mandé a la mierda al Desequilibrado y y ellos me ayudaron muchísimo. Los dos, la verdad, aunque más éste del que os hablo. Iba a su casa, cenábamos casi todos los viernes, me llamaba, se preocupaba por mí. Fue una ayuda y un apoyo importantísimo. Me ayudó mucho a montar la casa, a ir a por muebles, a todo lo que necesité. Por eso cuando unos meses después él también lo dejó con su chico, yo me volqué en él. Todo lo que pude y más. Le llamaba, venía a mi casa a todas horas, hablábamos infinito por teléfono, le acompañé al médico por unos problemillas de salud que tuvo... en fin, muy buenos amigos.
Después él volvió con su ex. Y no es que desapareciera por completo, pero sí bajó mucho, mucho, el ritmo de llamarme y quedar, a pesar de que su ex también era mi amigo. Pero bueno, lo tomé bien porque me dije que estaban tratando de recomponer una pareja y tal.
Como era de esperar, lo volvieron a dejar. Y aquí tuve a mi amigo llorando día y noche, comiendo, durmiendo, pasando horas muertas en mi casa. Salíamos por ahí, le sacaba para que se animase, me quedaba en casa cuando estaba de bajón para no dejarle solo. Le ayudé con la mudanza, volvimos al ikea. Aguanté horas de lloros por teléfono hasta la madrugada. Hice todo, todo lo que pude y un poco más.
Bueno, pues al cabo de los meses conoció otro chico y si te he visto no me acuerdo. Dejó de llamar, de quedar, de venir a casa y hasta de contestarme a los mensajes. Ya hubo un punto en el que me mosquée porque le pedí quedar para una cosa que era importante y me dejó tirada sin explicaciones. Le dije que me parecía muy bien que ahora tuviera otras prioridades, pero que yo no era de usar y tirar tantas veces como le dejara el novio de turno porque yo también tengo sentimientos, necesidades y quiero a mis amigos siempre, no sólo cuando conviene. No hubo respuesta.
Y así pasaron dos años y medio. Hasta el otro día que me llega un mensaje por facebook y me dice que no se ha olvidado de mí, pero que es tonto y que espera que me vaya bien. Revisé su perfil. Adivinad quién lo ha dejado con su novio.
El caso es que estuve un montón de días pensando. No sabía si quería contestarle ni qué decirle en caso de hacerlo. Al final me pudo el ansia y le dije que no estaba enfadada con él, pero que me sentía dolida porque me había dejado de lado sin razón y que eso no se le hace a los amigos, que pensaba que teníamos una relación especial y que me había fallado. Aun así le decía que esperaba que le fuera bien, que yo estaba bien y que nunca me había olvidado de él porque había sido muy importante en mi vida.
Pues va y me responde que me quiere, pero que ya sé cómo es, que es tonto y se deja influenciar.
Vamos a ver. Uno: Tienes una edad ya, hermoso, no eres un adolescente que se deja presionar por el grupo. Dos: ¿influenciar por quién? ¿Tu novio que no llegué a conocer te decía que no quedaras conmigo? ¿O es simplemente que te apetecía más estar con él? Tres: el “ya sabes como soy” me toca el coño a dos manos. Es un “yo soy así y tienes que joderte”. Perdona pero no. Porque eso implica que no quieres cambiar, que vas a seguir haciendo lo mismo, que no te arrepientes y que desde luego, volverás a dejarme tirada cuando aparezca el nuevo culo que te guste. Y mira, NO.
Había visto y vivido muchos casos de gente que te deja de lado por un novio, pero como este yo creo que pocos. Me parece de tener bastante cara. Y me duele decir todo esto, porque en realidad yo quiero mucho a este chico, le echo de menos y claro que me gustaría seguir teniéndole en mi vida. Pero no me parece bien que me haga eso, que yo sea sólo el trapo con el que quitarse la mierda y cuando está bien, no acordarse de que existo. Yo también lo he pasado mal en estos últimos dos años y no lo sabe ni ha estado aquí para ayudarme. No me parece justo. Y francamente, ya no confío en que no vaya a hacer lo mismo pasado mañana, luego vuelva llorando y luego lo vuelva a hacer. Y yo ahí como una tonta, esperándole siempre, sin importar cómo yo me sienta. Pues no me gusta mucho el plan.
En fin, no me enrollo más. ¿Vosotros qué pensáis de esto? ¿Qué haríais? ¿Os ha pasado algo parecido?



lunes, 19 de septiembre de 2016

Tarta de queso

Alguna vez he dicho que cuando estoy triste, angustiada, agobiada o lo que sea, cocino. Obviamente, como conté en el post anterior, no estoy en mi mejor momento, así que me paso el día tratando de entrar en calor al lado del horno. Que sí, que no es invierno aún y no hace tanto frío, pero yo estoy helada. Bueno, lo mismo da, no he venido a hablar de mí. He venido a contaros cómo hacer una tarta de queso fácil y por lo que me han dicho, muy rica.
Esta es una de las cosas que cocino de oído porque yo soy alérgica a los lácteos y no la puedo ni probar, pero mi madre me la pide casi todas las semanas. Y si no es ella, la yaya. Y el Ross roba un pedazo o dos siempre que la hago. Total, que yo no lo sé de primera mano, pero la tarta tiene buenas referencias.

INGREDIENTES:
2 huevos
2 yogures naturales
1 tarrina de mascarpone
2 cucharadas de harina
3 ó 4 cuacharadas de azúcar al gusto
1 cucharadita (de las de café) de levadura en polvo

También se necesita un bol, unas varillas, un molde, unas gotas de aceite o un poco de mantequilla para untarlo y un horno.



ELABORACIÓN.
Podría resumirlo en meter todo en el bol, batir y hornear. Y punto. Es una receta para tontos.



Por si necesitáis más detalles, os diré que yo lo mezclo todo con las varillas de mano y luego le paso las que trae la batidora para no dejar ningún grumo y que se quede con este aspecto. Por cierto, ignorad el desparramo de harina que hay por toda la encimera. Hubo un pequeño fallo técnico que no tiene por qué ocurrir a nadie que sea normal y no como yo.



Luego engrasamos el molde. Yo lo suelo hacer con unas gotas de aceite de girasol que no aporta sabor, pero se puede usar de oliva, margarina o mantequilla. Echamos toda la masa y metemos en el horno precalentado a 170º.



Hornear hasta que tenga este aspecto o un poco más dorado si se quiere. Como casi toda la repostería para saber si está hecho, se pincha con un palillo y cuando salga limpio, está hecho. Suele tardar unos 15 - 20 minutos.



Se puede complementar la receta con una base de galletas trituradas y mantequilla, adornar con mermelada de frutos rojos o como se quiera.
¡¡Espero que os guste!!

jueves, 15 de septiembre de 2016

Días de asco

Hay rachas que son un poco una mierda. Que todo parece torcerse o al menos, no terminar de enderezarse. Es un asco, pero es parte de la vida. Porque la vida a veces es así: un asco. Y temo por esos niños de hoy en día cuyas madres creen en la sobreprotección, en no hablar nunca de la muerte, del dolor, de la enfermedad y de las cosas malas porque se van a cagar cuando crezcan. Que no digo que haya que traumatizar a los niños ni salir a la calle gritando “oh dios mío, vamos a morir todos” mientras corremos agitando los bracitos en el aire. Pero que la vida a veces apesta. Y hay que decirlo, no pasa nada. Me da por el culo el buenrollismo, el repetir siempre que todo va a salir bien, que todo se va a solucionar, que todos los finales son felices. Porque no es así. Y punto.
A veces me dicen que soy pesimista, pero francamente no estoy de acuerdo. No creo que yo vea las cosas negativas porque sí. Es sólo que prefiero no edulcorarlo todo. Prefiero tener en cuenta las posibilidades de que algo salga mal para estar precavida. Prefiero no hacerme ilusiones a lo tonto y luego llevarme la torta. Prefiero no engañarme. ¿Y esto significa que no me alegre, que no me ría, que no disfrute, que no haga planes y que no ponga ilusión en lo que hago? NO. Sólo significa que no vivo en los mundo de yupi y que sé que hay un porcentaje de probabilidad de que todo se vaya al carajo.
Porque no, la vida no es justa. El karma no existe. Las buenas acciones no siempre se recompensan, las malas no siempre se pagan. La vida no la escribe un guionista de hollywood. Y ya me gustaría, pero no. Y que sí, que siempre hay cosas buenas, que siempre hay que dar gracias y que blablablá. Estoy hasta el coño de positivismo y motivación y de no poder quejarme. Sé que siempre hay un lado bueno, un resquicio de luz. Y sé también que tengo derecho a la pataleta y a decir que hay días que son una mierda.

Hoy le hemos hecho unos análisis a Ron. Lleva seis meses con la medicina para el riñón que le pusimos cuando descubrimos que tenía la creatinina un poco alta. Y no son tan buenos como esperábamos. Le ha subido un poco más. Y tiene algunos otros niveles un poco regular, aunque en general no hay nada alarmante más que el problemilla renal. De momento le vamos a poner una dieta más estricta y seguir con la medicina (ajustando la dosis). Volveremos a hacer análisis en tres meses a ver cómo ha evolucionado, pero no pinta demasiado bien.
La verdad es que me había hecho ilusiones y de ahí mi reflexión. Últimamente está tan bien, tan contento, con tan buen aspecto, que creí que sería suficiente, que los análisis saldrían redondos, que podríamos quitar la medicación, que estaría sano como una manzana, que me dirían que se iba a hacer tan viejo como el sol. Y claro, qué palo. Por eso ahora no pierdo la esperanza, pero no confío demasiado en nada.
La verdad es que le tengo pánico a la simple idea de que Ron se muera. Sé que es algo que va a pasar, como moriremos todos, pero me horroriza. Nadie que no haya amado tan profundamente a un animal puede saber lo que siento. Ron ha sido el único que motivo que he tenido para vivir en muchos momentos. Y no concibo la vida sin él. Sin embargo, asumiré lo que tenga que pasar. Le cuidaré lo mejor que sé y con todos los medios posibles mientras él esté bien y no sufra. Y después, pues Dios dirá.
De momento, estoy triste. Y supongo que el hecho de que me hayan rechazado de un trabajo en el que había avanzado bastante en el proceso de selección no ayuda. Porque además era buena para el puesto y me ilusionaba la idea. Y necesito el dinero, para qué vamos a mentir. Entre los muchos sinsabores de este mes, se ha roto el canapé de la cama y no tengo dinero para comprar otro. Y sí, tengo salud, pero ayer me caí por las escaleras y tengo un brazo, una pierna y el culo completamente amoratados, hinchados y doloridos. Y un tobillo torcido. Y dos huevos duros.

Mira, yo qué sé. Que hay un montón de cosas buenas, de días maravillosos. Pero hoy no es uno de ellos. Hoy, la vida da un poco de asco.


martes, 13 de septiembre de 2016

El Feisbu

Yo odio facebook. Por eso me he hecho uno para el blog. Así es mi vida, que cuando algo no me gusta, o creo que no me gusta, termino metiéndomelo hasta la tráquea. En fin, no penséis cochinadas.
Decía que he hecho un facebook para el blog. ¿Por qué? Pues quién sabe. Porque a veces el blog me da perecilla. No es que lo deje, no es que renuncie. Mi blog es una parte tan importante de mí, tan mío, tan yo, que no quiero vivir sin él. Por ahora. Pero a veces estoy fuera o no tengo mi ordenador o lo que sea y aún así me gustaría contar algo. Algo no muy largo o no muy elaborado, pero ALGO. Y algo para lo que Twitter se me queda un poco pequeño. No sé si me explico. Algo intermedio entre extenderse en un post y el corsé de los 140 caracteres. Pues eso, un feisbu.
Luego están los que me dicen “pues mujer, haber hecho una fan page o algo así del propio facebook”. A ver, que no nos estamos entendiendo. Yo sé que mi blog está abierto y que aquí viene todo petete que quiere y lee y comenta si le da la gana. Pero me da igual, lo asumo, lo acepto, jugamos a lo mismo. En facebook yo no me siento segura. Me dan las venas paranoicas y no quiero que todo el mundo vea lo que ponga ahí. Ejemplo claro: me gustaría enseñaros el vestido que llevé a la boda de Primamediana. O el corte de pelo que me hice. Yo no voy a subir fotos a una página abierta porque para eso las subiría al blog y no lo hago. Y para tener las mismas restricciones, pues mira, no. necesito algo con cierta privacidad, cierto control.
Por otro lado, hay gente conocida por estos lares a los que tengo agregados al facebook digamos “personal”. No sé qué voy a hacer con vosotros porque no sé qué voy a hacer con mi página de facebook. Es posible que la cierre. Es posible que os elimine y la deje sólo para los cuatro gatos de la universidad con los que me gusta mantener algo de contacto. Es posible que lo deje como está. Ni idea. En cualquier caso, hasta que no os tenga a todos en la nueva, no haré nada drástico. Y no os lo toméis a mal me dé la ventolera que me dé.
Y estas son las noticias por el momento. Tengo un par de post rondando por la cabeza, pero no termino de poner las ideas en claro. Estoy un poco obtusa. Igual con el pelo se me fue la inspiración y he perdido mi mojo. No lo sé. Os iré informando.


P.D. Si alguien quiere ser mi amigüito en facebook que me lo diga, que me busque por Naar (foto de perfil de loca de los gatos, of course) o que me escriba un mail. Y ya que os ponéis, seguidme en Twitter, coño, que eso sí mola a puñaos.