Hoy ha sido un día un tanto cansado.
Anoche no pegué ojo y he tenido que levantarme muy pronto para ir al
ginecólogo a escuchar lo mismo de siempre, que la verdad, no sé
para qué vuelvo. Me parece que voy a hacer huelga de piernas
cerradas y tetas tapadas y le van a dar por saco al asunto.
Luego he tenido cosas que hacer, he
comido, me he ido a pilates, he vuelto, he trasplantado y mimado mis
tiestos (que por cierto son un paso más en la escala de solterona
chalada que he dado antes de la menopausia) y entonces ha llegado el
Ross.
Como soy una desgraciá, la semana
pasada me compré el portátil nuevo y resulta que tiene una entrada
usb defectuosa. Ha venido a ver si lo arreglaba, pero no, tengo que
volver a la tienda. De paso le he pedido que intentara quitar la
rosca de la luz del horno, se ha fundido la bombilla y yo no tengo
fuerza. Y como lo ha conseguido, ahora también tengo que ir a una
tienda de recambios de electrodomésticos para comprar una bombilla
nueva.
Y en esas estábamos cuando me llaman
al timbre. No sé quién coño de gas natural para no sé qué
cojones de incidencia con la factura. Total, que abro la puerta como
un perro de presa y me encuentro a un crío que acaba de cumplir la
edad legal para trabajar y que me empieza a contar su vida. Que si
blabla de la factura, blabla del kilovatio, blabla del mercado libre
y blablablá del BOE y encima hablando en plural porque como estaba
el Ross ha debido pensar que vivíamos juntos. Estaba a punto de
mandarle al carajo cuando el Ross ha saltado del sofá como
propulsado por un resorte y se ha puesto a discutir con él. Es raro,
porque el Ross no discute ni aunque le paguen dinero. Pero se ha
puesto como una fiera, echando una charla al chaval sobre los
kilovatios, el mercado libre y el mercado regulado y yo qué sé
cuantas cosas.
Como yo estaba muy cansada y esas cosas
me resultan altamente tediosas, he visto el cielo abierto con su
enfado. Le he dado una palmadita en el brazo y le he dicho:
- Bueno cariño, ya te encargas tú. - me he vuelto hacia el tipo del gas y he añadido con aire dramático. - habla con mi marido, yo me tengo que ir a la cocina.
No sé cómo he sido capaz de
aguantarme la risa. Obviamente nunca había dicho esa frase y pensé
que me moriría sin llegar a pronunciarla, pero mira qué cosas tiene
la vida. Y el gas.
Cuando el hombre se ha ido, el Ross ha
venido a la cocina, donde yo estaba preparando el arroz con pollo de
Ron.
- ¿Desde cuando estamos casados?
- Desde que yo no tengo ganas de discutir con el tipo del gas.
- Ya, es que esos temas me encienden porque el mercado regulado blablablá...
- Ross, en serio, paso. Si delego en ti y soy capaz de decir que estamos casados es que no me interesa.
- Pero es que la factura...
- Mira, llevo cinco años viviendo aquí y mi técnica es directamente decirles que no me interesa nada y que me dejen en paz, pero si tú tienes ganas de echarles la charla, pues bien por los dos. Además has sacado la bombilla del horno y has intentado arreglar el ordenador, eres un buen maridito.
- Sobre todo porque ahora me voy a mi casa.
- Créeme, lo mejor de todo es precisamente eso.