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sábado, 28 de noviembre de 2020

Hace 10 años...

 

Hoy hace diez años. La década prodigiosa que si no me falla la memoria eran unos que cantaban en los 80.

En este caso no voy a cantaros si no a contaros. Creedme, es lo mejor para todos.

El tema es que hace 10 años, tal día como hoy, una yo de 27 años decidió dar el primer paso de lo que ha sido la parte más importante de mi vida. Y es que hoy hace 10 años que mandé a tomar por culo al que entonces era mi novio conviviente, el desequilibrado mental. Y no sé si he contado alguna vez la historia completa en el blog porque ya van 10 años también de este pequeño espacio y ya no sé ni lo que he contado y lo que no. En cualquier caso, lo voy a contar otra vez. Y si ya os sabéis la historia, pues la leéis otra vez, porque total, nadie actualiza los blog hoy en día y tampoco hay tanto para elegir.

Decía que hace 10 años... (musiquita de flashback y cortinilla de humo que indica que estamos haciendo memoria) hubo un incendio eléctrico en mi casa. Eso tal día como ayer. De pronto empezó a oler a quemado y tras dar vueltas como peonzas buscando el origen, vimos que del cuadro de luces salía humo. Abrí la puertecita que tiene y lo que salían eran llamas. Muy tranquilizador. Apagamos todo lo que pudimos y llamamos al señor electricista que nos aseguró que al día siguiente por la mañana vendría a arreglarlo y que bueno, no nos preocupáramos tanto. El fuego es algo que no preocupa mucho, claro.

Por la noche un amigo del desequilibrado cumplía años y fuimos a la fiesta. Yo me fui con la mosca detrás de la oreja porque, a ver, igual, soy una loca, pero hacía un par de horas estaba saliendo fuego de la pared de mi casa. El pirado de mi ex me juró solemnemente que volveríamos pronto, que no tenía de qué preocuparme. Allí lo pasamos bien, charlando con la gente y tal. A las 12 más o menos me dijo que si nos íbamos. Le dije que sí, que cogía el abrigo y salíamos. Cogí mi abrigo y cuando fui a buscarle, estaba en la cocina poniéndose la enésima copa.


  • ¿No has dicho que nos íbamos?

  • ¡¡Tú siempre igual, jodiéndome las fiestas!!

  • Pe... pero si tú has...

  • Para una vez que salgo y que me lo estoy pasando bien – mentira. - vienes y me dices que nos vayamos – mentira. - Y no me dejas que me tome ni una copa tranquilo, que siempre haces lo mismo... - mentira again.


Se me inflaron los ovarios y le dije que no había ningún problema, que se podía quedar tranquilamente a tomarse todas las copas del mundo. Que yo me iba a mi casa, que no estaba tranquila y que estaba Ron, que por aquel entonces era un gatito jovenzuelo y lozano, y querría cenar. Siguió echándome en cara que nunca le dejaba divertirse. Y es que claro, no querer beber hasta desfallecer cada semana y que me parezca regular que mi novio se coja unas borracheras de muerte cada vez que pone un pie en la calle es ser una aguafiestas. Total, que muy tranquilamente le dije que me iba, que asumía las consecuencias de marchare y que él asumiera las de quedarse. Y lo hice. Me cogí mi abrigo, me despedí de la gente y me fui a mi casa. Le avisé también de que no iba a esperarle la noche en vela porque él no llevaba llaves y que le iba a abrir la puerta su puta madre en bata. Me monté en mi coche, puse música, llegué a mi casa que por suerte no estaba en llamas, di de cenar a Roncito, me tomé una infusión con unos roñidonetes y me puse a meter sus cosas en bolsas del ikea. Así, sin sofoco.

A las 9 de mañana vino el señor electricista y arregló lo que fuera que estaba estropeado. Y yo seguí guardando cosas en bolsas. A las 11 de la mañana me suena el timbre y aparece mi ex borracho como un piojo que no se tenía ni en pie el muy cabrón. Lo único que dije fue “¿crees que estas son horas y maneras de llegar?”. Y en el mismo descansillo de la escalera me dijo muy ufano (o todo lo que la borrachera le permitía) “si sigues así, cualquier día voy a coger mis cosas y me voy a ir”.

Os lo juro, fue el puto momento de mi vida. Yo, que soy torpe y absurda y tengo tendencia al ridículo, me salió por una vez una escena de película. Redondo. Porque según dijo eso, terminé de abrir la puerta para que todas las bolsas con sus trastos entraran en su campo visual y le dije con todo mi aplomo:


  • Querido, ese día es HOY.


Creo que hasta se le quitó la borrachera de golpe.

Ahí empezó un periplo de problemas, discusiones, gritos y amenazas que nunca llegaron a nada. Empezó el desmontar mi casa porque unos días más tarde vino a por los muebles que había pagado él. Empezó una racha horrible, con la casa vacía y helada en pleno invierno, con la caldera estropeada, sin un duro y sola. Empezó una navidad en la que no fui capaz de quitarme el pijama ni de dejar de llorar. Empezó una caía en picado por diversas razones que me llevaron a tocar fondo. Pasaron muchas cosas en los siguientes meses. Abrí el blog. Adelgacé peligrosamente hasta los 35 kilos. Pasé muchas noches en vela. Abrí twiter. Rompí una mesa de ikea de un puñetazo. Traté de volver con el Ross y empeoró muchísimo mi situación con sus actitudes de mierda. Lloré hasta caer rendida. Me reí sola. Me hice un bicho bola con frecuencia y me pasé días sin comunicarme apenas con nadie. Escribí compulsivamente, a veces en el blog a veces en ningún sitio. Aprendí a salir y a quedar de nuevo. Me refugié en amigos que aún tengo y en otros que se fueron pero a los que guardo un rinconcito de mi corazón. Me enamoré más y más de Ron. Aprendimos a hacer un mundo propio los dos, Ron y yo, siendo el otro el motivo de la vida del uno. Me fui recomponiendo. Volví a engordar. Volví a comer. Volví a ilusionarme. Volví a follar. Volví a tener ilusión. Volví a ser yo. Aprendí a ser feliz. Aprendí a ser quien quería ser. Aprendí a vivir como quería hacerlo.


Ahora hace 10 años. Hostia. Da vértigo. Se han pasado rápido y a la vez parece que fue una eternidad. Y bueno, si me habéis seguido sabéis el resto de la historia. Si no, pues yo qué sé, leed y poneos al día.


Estoy contenta de haber pasado por todo eso. Estoy contenta de a dónde he llegado. Y aunque ahora no escriba apenas, estoy contenta de haber abierto el blog. Fue una de las grandes decisiones de mi vida y gracias a ella, estoy donde y con quien estoy. Gracias, dioses de la blogosfera.


Y nada, sólo eso. Me apetecía contarlo. Me apetecía recordarlo. Me apetecía dar las gracias a mi yo de hace 10 años por haber tenido valor de dar ese paso.



sábado, 3 de junio de 2017

Being Naar

Una de las series que más me han gustado en los últimos años es una canadiense, muy poco conocida que se llama “Being Erica”. A mí me la recomendó una amiga de Twitter y no sé si se lo podré agradecer lo suficiente. Me vino muy bien cuando la vi por primera vez hace dos o tres años y ahora, que estoy esperando a que vuelva Juego de Tronos, la estoy viendo otra vez. La recomiendo encarecidamente.
El caso es que la serie va de una chica de treinta y pocos (ejem) con una vida un poco desastre (ejem, ejem) y bueno, por una serie de circunstancias que no vienen al caso, termina en una terapia muy especial en la que puede viajar en el tiempo para cambiar cosas de su pasado de las que se arrepiente. Lo que pasa es que claro, que tú puedas cambiar algo que hiciste no significa que los demás también lo vayan a hacer, por lo que generalmente, aprende de sus errores, comprende mejor su propia vida... pero no cambia gran cosa.
Es inevitable verla y no pensar en qué cambiaríamos si pudiéramos, qué haríamos diferente o qué no haríamos. Al menos así, en teoría. Yo por lo menos lo pienso muchas veces. Y después de muchas vueltas, me pregunto si realmente cambiaría algo. Y no es que no me haya equivocado, sabe Dios que en mí lo raro es acertar. Y no es que no me arrepienta de cosas, porque sé lo mucho que la he cagado y me siento muy responsable de tirar por la borda un montón de cosas buenas que podría tener en mi vida, como un trabajo, o una casa mejor, o más experiencias o más y mejores estudios. Pero a pesar de todo eso, a pesar de que mi vida es un asco muchas veces y que hay cosas que no me gustan nada, de la mayor parte de mis errores he sacado cosas buenas.
Por ejemplo, estar con el Desequilibrado fue un error. Sobre todo estar tanto tiempo. Y encima serle fiel. Pero si pudiera cambiar algo de todo aquello, seguramente sólo fuera lo último. Porque a pesar de la mierda de relación, de las consecuencias de mierda y de las otras mierdas, él trajo a Ron. Y por Ron merece la pena todo. Porque qué sería yo sin él. Sin su mirada tranquila, sin su serenidad felina, sin su calor. Ron me ha dado en estos casi ocho años mucho más de lo que pudo quitarme el Desequilibrado. Ron me ha curado muchas más heridas de las que él pudo hacerme. Así que si alguna vez consigo una terapia como la de Erica y puedo volver al pasado, lo único que haré será volver con el Desequilibrado, ponerle los cuernos todo lo que pueda y en cuanto traiga a mi Ron, dejarle plantado y huir con mi gato. Y si puedo, decirle cuatro frescas a la impertinente de su madre.
Por lo demás, obviando el efecto mariposa, sólo cambiaría pequeñas cosas.
Esa noche que justo después de dejarte en el bar encontré hueco y dudé si aparcar y volver o seguir conduciendo... pues aparcaría.
Esa vez que me propusiste quedar y no fui... pues iría.
Esa vez que me encerraste en el cuarto de los abrigos entre risas y bromas... no saldría tan rápido.
Esa vez que me pediste que me quedara un rato más pero yo tenía que madrugar... pues me quedaría.
Esa vez que me enfadé por una tontería y al final no nos vimos... pues aprovecharía tu visita a España para darte un abrazo.


Así de sencillo. Todas esas veces, con todas esas personas con las que perdí la oportunidad de compartir algo más, de hacer algo más de lo que hice. Por eso ahora, aunque me equivoco como siempre, trato de aprovechar las ocasiones al máximo. Trato de hacer caso a lo que me dicen las tripas. Trato de hacer lo que quiero, lo que realmente quiero, aunque no sea lo más correcto. Porque... ¿Qué diablos es lo correcto?  

martes, 6 de septiembre de 2016

Sólo pelo

Un día me levanté y me di cuenta de que 17 años eran suficientes. Ya me había vengado de todas las peluqueras del mundo. Y me corté el pelo. Así de fácil, así de complicado, así de estúpido y así de profundo.
Mil veces he contado que me traumatizaron a los 15 con un corte infame. Y para arreglar el despropósito, tuve que cortar más y aquello terminó siendo el verano de calimero porque yo iba por ahí con un pelo tipo casco en la cabeza. Y fue peor cuando llegó el invierno y con la humedad eso se encrespaba y crecía a lo ancho y yo parecía una seta. Horrible.
Y aunque pareció una puta eternidad, pasó. Y el pelo me creció. Volvió a ser suficiente para hacerme coleta y poco después me llegaba a media espalda. Y cuando cumplí los 18 tenía mi hermosa melena rubia por la cintura otra vez. Gracias a Dios.
El problema es que desde entonces, apenas había cambiado de peinado. Flequillo sí, flequillo no, capas, blablá. El pelo a la cintura siempre. Por debajo de media espalda como muy corto. No soportaba la idea de tenerlo más corto que eso. El pelo me daba una extraña seguridad en mí misma, me hacía creerme más guapa, más fuerte, más femenina, más yo qué sé.
Recuerdo que una vez, cuando aún estaba con el desequilibrado, la hija de satanás de su madre (que era peluquera) me cortó más de la cuenta justo antes de la boda de Amigachica. Casi la mato. Recuerdo su tonito burlón cuando me dijo “puedes llorar si quieres”. Y le respondí que no estaba triste, estaba cabreada. Y mucho. Porque la hija de puta me lo había cortado más, mucho más de lo yo había dicho porque me tenía rabia. Allá y se pudra, por cerda.
Después, como efecto rebote, me lo dejé aún más largo. Hasta la cadera. Tipo Pantoja en su juventud. Todo el pelo del mundo me parecía poco. Lo necesitaba.
Ahora ya no. Llevaba tiempo rumiando la idea, estaba harta de verme igual, harta de tanto pelo, harta de ser sólo pelo. Y durante el verano cada día he estado harta de la melena tan larga, harta del calor que me daba, harta de peinarlo, harta de recogerlo, harta de estar harta. Esperé a la boda de Primamediana porque bastante tenía con lo mío como para añadir más estrés, pero a los dos días de volver, fui a la peluquería y le dije a la chica que me cortara. Le tuve que insistir por tres veces porque me había cortado muy poco, se ve que me tiene miedo. Pero yo no lo tenía. Más, corta más, no te preocupes. Por fin estaba segura, por fin no necesitaba el pelo, por fin era libre de él.
Reconozco que me gusta el pelo largo, sí. Y reconozco que siempre encontraba motivos para no cortarlo. No sé qué evento, la boda de fulano, ahora no que estoy triste, ahora no que estoy contenta. Los últimos dos o tres años no me lo cortaba porque se me metió en la cabeza la sumamente estúpida idea de que quizás, si me casara, me gustaría llevarlo largo. Pero este verano, por un par de razones que no vienen al caso, me miré en el espejo y me planté cara. A ver, mongola, ¿pero tú realmente vas a casarte? Y me tuve que responder que no. No, rotundo y definitivo. No. Y la última excusa estúpida para no meterme la tijera cayó al suelo y se rompió en mil pedazos.
Ahora llevo una melenita por debajo de las clavículas que me gusta bastante. Es manejable, es cómoda, no es lo bastante corta como para sentirme calva, y creo que hasta me favorece. El pelo me lo ha agradecido, lo tengo más sano. Y yo misma estoy contenta porque ya no dependo tanto de él. Ya no soy ni creo ser sólo pelo. Ahora puedo ir mona o ir hecha un desastre sin que ello dependa al 100% de mi melena. O al menos sin que yo lo piense dentro de mi locura.
Y diréis, qué importancias más tontas se da esta pava por haberse cortado el puñetero pelo, que lo hace todo el mundo. Ya, ya lo sé. Es que no es eso. Es que es cuestión de que he superado algo, de que me he hecho más fuerte y más madura y más adulta. He dejado de necesitar algo externo y absurdo para sentirme segura. Y he dejado de ser sólo pelo. Ahora soy yo. Y me siento extrañamente más fuerte y más libre por haberme deshecho de eso que supuestamente me infundía seguridad. Porque no soy Sansón. Mi fuerza no viene de lo mucho que cuelga mi trenza. No necesito llevarla tan larga que un príncipe trepe por ella.

Ya no soy sólo pelo. Ahora el pelo es sólo pelo.

viernes, 10 de junio de 2016

Peticiones de mano (la secuela)

Con el post anterior abrí un asunto interesante que es la petición de mano. Que yo esté en contra no significa que no respete y acepte todas las opciones. Que si una quiere que su novio se lo pida de rodillas con la Torre Eiffel de fondo mientras suenan violines, me parece estupendo. Que si una quiere que se lo pidan a los pies del Taj Majal, estupendo. Que si una quiere que se lo pidan, simplemente, pues estupendo.
Mi prima Amai, felizmente casada con El Vasco desde hace ventitantos años siempre dice que lo único que le no le perdona es que no le pidió matrimonio en condiciones. Yo me parto con ella cuando lo dice y El Vasco se convierte en el sueco.
Total, que cada uno con sus gustos más o menos moñas. A mí me da lo mismo mientras yo no sea la implicada. Ya os conté mi experiencia bastante traumática con la petición de mano frustrada del Desequilibrado y mi “no me jodas, no me hagas esto”. Y no fue con rodilla en tierra (sólo eso habría faltado para morirme allí mismo) pero sí con anillo, viaje a Roma, cena en el Trastevere y toda la pesca. Como conté en los comentarios del post anterior, hace poco le dije, o más bien le grité al Ross, que si alguna vez se convence de que nos casemos por la razón que sea, no me haga numeritos o le diré que no y le echaré de casa. Al fin y al cabo, soy experta en ello. Si quiere, que me hable como un adulto. Oye, que si nos casamos, que si tal fecha, pues bien, pues vale. Y punto. Nada de moñeces, por favor.
Ahora bien, como me habéis dejado a medias con ciertas historias que no me habéis reatado bien, EXIJO comentarios largos en los que me expliquéis las pedidas de matrimonio más absurdas, pomposas, ridículas o simplemente extravagantes que hayáis visto. O con la que soñáis. O con la que tenéis pesadillas.
Yo, a parte de la mía, que creo que por mi respuesta se lleva la palma, os puedo contar algunas.

Bombita se lo pidió a su novia en las cataratas de Iguazú. Y cuando digo en las cataratas, quiero decir en plenas cataratas. Es decir, en una especie de barco o algo así que las navega, las baja o las atraviesa, no lo sé muy bien. Con los chubasqueros y toda la gente al rededor. Incuso está grabado en vídeo. Y allí en medio, bajo el torrente de agua sacó la cajita con anillo y blablá. Le echó huevos porque el anillo podría haber terminado perdido en el mar.

Mi amigo Gordito se lo pidió a su señora a la vieja usanza. Se fueron un fin de semana a no sé dónde y le preparó la habitación con pétalos de rosa, champán y todo el rollo peliculero. Después de cenar con velas y demás pifostio, fueron a la habitación, sacó el anillo, se arrodilló y blablá. Muy tradicionales ellos.

Hermanagrande, mi más antigua amiga del pueblo llevaba ya unos cuantos años con el novio. Y las cosas de pueblo, tenía problemas porque los padres no la dejaban salir o viajar con él y tal, así que un día, cenando el burguer king del pueblo de al lado, el entonces novio le dijo, nena, vamos a casarnos. Sin anillo, sin rodilla en tierra y sin nada. Es un poco cutre, pero funcionó.

Amigachica, otra del pueblo, fue ella la que en un arrebato de romanticismo le dijo al garrulo del novio que tenía ya 25 años y que empezaba a ser una vergüenza que llevaran tantos años de novios, que ella no pensaba esperar más y que os se casaban o le mandaba a paseo. Qué mejor forma de empezar una vida en común que con la bella tradición de la coacción y el chantaje. Él aceptó y a día de hoy dice que debería haberse casado antes. Yo opino que un engendro como él no debería haber nacido, pero son diferencias de opinión.

Mi amiga N, llevaba un par de años con el novio. El tipo preparó una noche romántica con champán, limusina, la llevó al Zouk (un hotel para mi gusto cuestionable pero muy caro con piscina privada en las habitaciones y demás) y le dió un anillazo de brillantes. Todo así como muy peliculero. Un año y medio después de la boda estaban divorciándose. A día de hoy siguen de juicios. Mu gonito tó.

Y así en repaso rápido son las que se me ocurren de mis allegados. ¡Espero las vuestras!


viernes, 29 de mayo de 2015

Bailando bajo la ducha

Hace cosa de un millón de años, os hablé del momento sexy del día. Fue una de las muchas mongoladas que me inventé para salir adelante, para sonreír, para sentirme un poco guapa, un poco atractiva, un poco especial. Lo necesitaba imperiosamente después de cuatro años de machaque de mi autoestima, de escuchar que estaba demasiado delgada o demasiado blanca o que tenía las piernas gordas o los tobillos feos. Resulta desgastante no sólo no encontrar nunca una palabra amable, si no tener que escuchar impertinencias de tu pareja o de su familia.
Así que cuando por fin el desequilibrado se fue, yo me miré al espejo y no supe qué veía. No era la que él decía, pero desde luego tampoco era la que yo recordaba. Sin embargo me empeñé en descubrirlo. Total, lo había perdido todo, no tenía nada mejor que hacer.
Hoy estaba en la ducha cantando y bailando. No porque tuviera que sentirme sexy o recuperar una autoestima que nadie me haya pisado si no porque me apetecía. Porque estaba de buen rollo y me ha salido solo. De hecho, me he dado cuenta de que lo estaba haciendo después de dos canciones.
Sé que tengo mis días malos, como todo el mundo, supongo. Tengo mis problemas, mis miedos y mis rachas de querer bajarme del mundo. Me asusto, lloro, tiemblo y me cabreo. Sobre todo me cabreo, porque tengo muy mala leche. Pero luego se me pasa. Pronto, generalmente. Porque yo, que conozco el fondo del pozo, me niego a volver a hundirme tanto. Me dejé las uñas saliendo y ahora que las tengo tan monas no voy a volver a caer tan profundo.
El caso es que mientras bailaba y cantaba y me reía sola me he acordado de lo que más me dolió de todas las cosas feas que me dijo el desequilibrado en esos años: “eres triste y oscura por naturaleza”. Qué poco me conocías, desgraciado. Yo soy torpe, me tropiezo, me caigo, grito y pataleo. Pero no soy triste, no soy oscura. Estaba triste porque tú me hacías infeliz. Y era oscura porque tú me tapabas el sol. Pero eras tú, no yo.
Me he acordado de cuando el viaje a Polonia visité Auswitch. Había miles de fotos en la pared de los prisioneros y prisioneras que estuvieron allí. La mayor parte murieron. Les despojaron de sus casas, sus ropas, sus bienes, les separaron de sus familias, les raparon el pelo. Curiosamente, una gran parte sonreían a la cámara en la que fue, posiblemente, su última foto. Con dos cojones. No había más que mirar esas fotos para sentir un escalofrío. Era la viva imagen de un extraño triunfo. Gente condenada a muerte, a la que han arrancado de cuajo todo y que sin embargo desafía al mundo. Cierto que algunas se veían un tanto forzadas, tratando de sonreír para parecer más sanos o más fuertes y quizás, escapar de la muerte un día más. Pero la mayoría era un acto de valor, de libertad, de exhibir la última de sus posesiones que nadie podría quitarles. No lo creería si no lo hubiera visto con mis propios ojos. No olvidaré nunca aquellas expresiones. Me enseñaron mucho, me llegaron hondo. Si hay quien fue capaz de sonreír en Auswitch, por mí se pueden ir a la mierda todos esos lánguidos y tristones de la vida que se regodean en sus dramitas absurdos como actitud frente a todo, como pose ante la vida.
Por eso cuando el desequilibrado se fue, me empeñé en encontrarme. Porque dijera lo que dijera, yo no era triste ni oscura. Yo me recordaba alegre, risueña y capaz de bailar bajo la lluvia. Al principio me costó, claro. Pero ahora me sale solo. Porque las circunstancias a veces son jodidas, pero la actitud con la que nos enfrentamos a ellas es decisión nuestra. Quizás ese segundo en el que decidas sonreír ante la muerte le pegue una lección a una pava setentaytantos años después. Quizás esos días de mierda en los que bailé y canté en la ducha a pesar de querer desaparecer de la faz de la tierra me fortalecieran para ser hoy quien soy. Para sentirme guapa porque sí, sin que nadie me lo diga. O para al día siguiente sentirme un coco malayo y que me importe un pito. Para no ser triste ni oscura nunca más.

Sabéis que no soy de dar consejos porque no me considero lo bastante lista, pero por esta vez hacedme caso: cantad, bailad, sonreíd. Sentíos sexys y maravillosas. Que nadie os quite la luz que tenéis.

martes, 16 de diciembre de 2014

La petición absurda

Debido a las peticiones que habéis hecho me veo en el brete de tener que contar lo de mi fallida y bochornosa petición de mano. Que conste que ya dije cosas al respecto aquí. No es un secreto el asunto, vaya.
El caso es que yo nunca he querido casarme. No soy de las que sueñan con vestido pomposo, ni iglesia, ni flores ni nada de nada. Me parece estupendo que la gente se case y haga lo que le dé la gana, pero esas cosas no son lo mío. A mí me agobian las familias, los compromisos, las fiestas, los preparativos, los planes a largo plazo, las fechas cerradas. Así que no, no es mi rollo.
De todos modos, llamadme loca, pero a mí lo de “pedir matrimonio” me suena fatal. ¿Cómo que pedir? ¿qué es, un favor? Yo no creo que tenga que ser algo que me pidan y yo conceda, creo que es algo que se habla, que se acuerda, que se quiere hacer entre dos. Porque el día de la boda no es nada, es un día, una fiesta y poco más. Lo difícil y lo real empieza luego. Y hay que tenerlo muy clarito, muy seguro y tener una relación muy asentada y sólida. Creo yo, vamos.
Así que sumemos:  yo no quiero casarme, no me gustan las bodas, las peticiones me parecen algo arcaico y absurdo y para colmo, ni siquiera me iba especialmente bien con el desequilibrado. El acabose, oiga.
Y durante tres años, el zumbado de los cojones de mi ex me oyó decir todo esto cientos de veces. Me vio despotricar de cada boda a la que fuimos. Jamás de los jamases me vio una ilusión al respecto. Pero como él iba a su bola totalmente, decidió de manera unilateral que quería casarse. Porque sí, porque él lo molaba fuerte. Y para colmo se casaron mis amigas del pueblo. Y sus primos. Y algunos amigos cercanos. Así que culo veo, culo quiero.
Un año antes del terrible altercado en Roma, ya tuvimos la bronca del siglo porque por razones que ahora no vienen al caso, salió el asunto de que iba a pedirme matrimonio tras la boda de una amiga mía de Pueblodelsur. Le pillé antes de que lo hiciera y le dije textualmente, que menos mal que no había llegado el caso porque le habría dicho que no y se hubiera armado bien gorda. ¿Creéis que eso le hizo desistir de su absurdo empeño? Noooooo. ¡Claro que no!
Así que un año después, me regaló un viaje a Roma en mi cumpleaños. Y yo me olí la tostada, pero no quise creerme a mí misma. No podía ser tan ridículo todo. ¿Por qué Roma? Él sabrá. Yo ya había estado y sí, me gustó mucho, pero no es la ciudad de mis sueños ni me impactó especialmente. Pero vale, Roma, lo que sea. Pasamos el primer día bien y yo me relajé un poco. Pero llegó el segundo día. Visita al Vaticano, paseos, cena en el Trastévere. Ví que tenía un empeño muy raro en cenar en un sitio bonito y romántico. Y yo como, “pero qué querrá este tío, si sabe que yo no ceno nunca y que lo único que quiero es un té caliente y volverme al hotel que me matan los pies”. Pero no, erre que erre. Hasta que cenamos en una terracita y después de insistirme en que cenara y me tomara una copa de vino o de algo (cosas que no hice) me dijo que había soñado con que esa noche cenara con él y tomáramos una copa como en las películas. Sí, muchas películas de mierda había visto este tipo en su vida.  Y entonces siguió hablando, aunque apenas recuerdo nada porque a medida que lo iba haciendo yo valoraba seriamente la posibilidad de salir corriendo. Correr, correr lejos. Yo, que no acelero el paso ni para evitar que  me atropellen, pensando en batir el récord de Ussain Bolt.
Y entonces, tachán, anillo de brillantes y frase tópica. Y yo queriéndome morir allí mismo. Ojalá la tierra se hubiera abierto bajo mis pies y yo hubiera aparecido en Australia. Ojalá hubiese podido salir corriendo de verdad como me gritaba mi mente en lugar de quedarme totalmente petrificada. Sólo acerté a decir eso, “no me jodas, no me jodas, no me jodas Desequilibrado, no me puedes hacer esto”. Después de eso cerré la boca y no la volví a abrir hasta que volví a Madrid dos días después.
El resto, como diría aquél, es historia.
Y hay quien dice que todo esto es porque él no era la persona adecuada. Que no, no lo era. Pero no es sólo eso. Es que yo hablo bien claro. No digo una cosa para que se haga la contraria. Y si llevo toda la vida diciendo algo, lo mínimo que espero es que se me escuche y se me respete. Si realmente tu sueño es casarte y tener hijos, yo no soy la persona con la que quieres estar. Si por el contrario me quieres a mí, asume y acepta que nunca seré la mujer ilusionada por un anillo y un vestido estilo merengue que quizás se espera. Pero las dos cosas no son compatibles. Así que elige. O vete a la mierda, lo que prefieras. Pero no me obligues, no me presiones, no me acorrales. Porque para mí fue un momento horrible por todas estas razones, pero sobre todo porque me sentí contra las cuerdas. En plan “esto es lo que tienes que querer, quiérelo. Y si no lo quieres, será tu culpa, todos seremos infelices porque no has querido lo que debías, so puta”.
Y seré rara (vaya novedad) o estaré loca, o lo que sea, que tres cojones me importa, pero en contra de lo esperable, uno de los peores momentos, más vergonzosos, más abochornantes, más agobiantes y más irritantes de mi vida fue esa estúpida pedida de mano. Por mucho que a la gente le sorprenda. Y aunque no creo, no sé si algún día llegaré a casarme porque como he dicho varias veces, no creo en el futuro y no sé qué será de mí mañana, pero puedo asegurar que no será en ese plan ni con petición ridícula de por medio. Eso garantizado.

Pues hala, ya sabéis la historia. Si queréis saber más cosas de mi pasado más estúpido, sólo tenéis que decirlo, el buzón de sugerencias de Naar se encuentra disponible.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

rehice mi vida y dos años después... aquí estoy.

Desde que lo mío con el Niño Chico es relativamente oficial, mis amigos me dicen con frecuencia que se alegran de que haya rehecho mi vida. Lo que no entiende casi nadie, por más que lo explico, es que yo ya había rehecho mi vida antes. Mucho antes de saber siquiera que el Niño existía.
Desde que el desequilibrado de mi ex se fue de casa, todo mi afán fue rehacer mi vida, porque estaba totalmente deshecha. Luché mucho, cada día, por recomponer poco a poco los pedazos de la persona que fui. Hubo momentos buenos. Momentos regulares. Y momentos malos. Malísimos. Momentos en los que apenas me tenía en pie, literalmente. Momentos en los que dudé que llegara a ser de nuevo aquella que fui antes de la locura. Pero había algo en mi interior que me decía que yo seguía ahí, al fondo de mí misma. Y peleé por conseguirlo con todas mis fuerzas.
Al final lo logré. Aprendí a ser feliz yo sola, con mis pequeñas cosas, mis pequeñas ilusiones, mis pequeñas grandezas. Aprendí a vivir sola. Aprendí a tener una vida propia. Y, madre mía, que bien me sentí al lograrlo.
Entonces, y sólo entonces, cuando yo ya era una persona completa, llegó el Niño Chico y fui capaz de ofrecerle algo positivo. Si hubiera llegado cuando mi vida aún no estaba rehecha, las cosas no hubieran sido lo que son. Ni de coña. Porque yo tenía muchas heridas que curar, muchos conflictos que solucionar, muchos pedazos que recomponer.
Hoy hace dos años que empecé esa ardua tarea de rehacer mi vida. Hoy, que fue el día que dije basta. Hoy, que fue cuando puse al desequilibrado en la calle y supe que era la mejor decisión de mi vida. Hoy, que me armé de valor para la catarsis.
Podría decir muchas cosas del desequilibrado. Casi ninguna buena, es cierto. Pero no lo voy a hacer. Apenas queda nada de él en mí. Ni el recuerdo. Le veo en fotos y me pregunto quién es. He conseguido exorcizarme de todo lo que sufrí a su lado. Y ya ni el rencor me muerde las entrañas. Se fue, por suerte. Se fue y dejé que se lo llevara todo porque no había nada que mereciera la pena conservar. Así que hoy es un día en el que siento como si hubiera nacido de nuevo. Pero me centro en mí, egoístamente. En mi ruptura con el pasado y mi capacidad de salir adelante. En mi fuerza, que no sé de dónde saqué, para empezar de cero absoluto y rehacer mi vida. Rehacerla por completo, pedazo a pedazo, trocito a trocito. Sólo gracias a todo eso ahora soy quien soy, estoy donde estoy y tengo lo que tengo. Y no podría ser mejor. Rehice mi vida, me rehice a mí misma. Y por eso hoy sólo puedo sonreír y ser todo lo feliz que no fui en el pasado.

Enhorabuena Naar. Hoy, dos años y doscientos cincuenta post te recuerdan lo lejos que has llegado, la de pasos que has dado. Hoy, puedes sentirte orgullosa.

lunes, 2 de abril de 2012

puenting emocional

Últimamente me obsesiona el tema de no sentir nada. Bueno, a ver, me obsesiona, dicho así, suena rollo psicótico. Y no. Sólo es que le doy vueltas. En parte, porque no tengo nada mejor en lo que pensar.
El caso es que llevo unos días con el runrún del tema y no hago más que gilipolleces, a ver si consigo un pelotazo de adrenalina que me haga sentir viva. Si tuviera dinero, me iba a hacer puenting. Como no tengo, lo hago un poco a lo pobre. Hago idioteces y calimeradas varias, a ver qué pasa. Pero no pasa. Nada, oiga.
Ejemplo uno de mis tonterías: el viernes besé a A. Me fui con él a tomar algo al centro por la noche para combatir el mal rollo. Y él estaba en plan amoroso. Desde que llegué me abrazó y no me soltaba. Así que en un momento de descuido, ¡pum! Beso al canto. Y mira que besa bien el jodío. Pero nada. Y eso que se echó a reír y me dijo “qué buen rollo de momento remeber”. Porque hace justo un año que empezamos a liarnos, aunque luego terminara en nada. Pero yo como el que oye llover. Así que me volví a mi casa, subida en mis preciosos y altísimos zapatos rojos, que por cierto, tampoco me hicieron sentir nada. Ni siquiera dolor de pies. Y ya es raro. 
Ejemplo dos de estupideces Naar: el sábado abro el facebook y mi amigo Jimmy, el único amigo en común que tengo con mi ex el desequilibrado ha colgado una foto con él. Y cuando la veo pienso “genial, esto me hace sentir algo fijo”. Así que la abro. Pero nada. Antes hubiera pensado “jodido enano cabrón, la de tiempo que perdí contigo.” O algo. Pero no. de nuevo, como el que oye llover. Ni frío ni calor. Que paso de él y de su vida, de su historia y de lo que tuve con él. Que me da lo mismo.
Ejemplo tres de imbecilidad extrema: no he vuelto a quedar con el toy-boy a pesar de que de vez en cuando me manda mensajitos por facebook. Y cada vez que veo uno, lo leo a ver si me entra cosquilleo de algún tipo. El otro día me mandó uno diciéndome que tenía ganas de verme, que a ver si sacaba hueco y me venía a ver. Pero luego me contaba que había estado pachucho. Y yo pienso “¡arg! ¡Gérmenes!” Y me da asquito, así que le doy largas. Ya nos vemos cuando te pongas bien y no vayas a pegarme nada. Si acaso.
Y supongo que esto me lo he buscado solita, porque mi modo de superar las cosas es precisamente esta, aplastar los sentimientos hasta que se quedan a ras de suelo y puedo pisotearlos. Luego, cuando ha pasado bastante tiempo para que no me hagan daño, los saco y los miro de frente. Y ya son tan pequeños, que puedo con ellos de sobra. Por eso, cuando el desequilibrado se fue de mi vida decidí quedarme sin sentimientos. Y afloraron con el Ross, pero cuando también le tuve que echar, dejé que se lo llevara todo. Porque no podía más. Y ahora, que ya nada de eso me duele, que ya no pueden herirme, busco desesperadamente algo que me haga sentir viva. Pero no lo encuentro.
En fin, seguiré haciendo puenting emocional. A ver si de una de estas me desentumezco y vuelvo a palpitar.

martes, 17 de enero de 2012

manual para orientarse con los personajes de mi vida

En la vida todo es cíclico. Todo va y viene, como un péndulo. Hace poco leí (no sé dónde, por eso no enlazo) que el mundo blog estaba tocado de muerte. Que ya la gente reduce sus pensamientos a los pocos caracteres de twiter y que hay montones de blog por ahí abandonados o que actualizan cada varios meses. Y en parte me dio penita, porque es cierto. Mucha de la gente con la que yo empecé mi camino blogger, hace años, con mi sitio anterior ya no escribe. Ha cerrado el blog, lo ha abandonado o lo actualiza cada mil años. Yo misma a veces he pensado que como siguiera así la cosa, terminaría escribiendo para mí sola, sin recibir comentarios, ni visitas y me moriría del asco, como antiguamente cuando escribía en el ordenador y lo guardaba en carpetas que nunca vieron la luz. O antes incluso, cuando escribía cuadernos y más cuadernos a mano. Que por cierto aún están por ahí. Los dejaré en mi  testamento para quien le puedan interesar.
Sin embargo, de unas semanas a esta parte, el blog ha experimentado un resurgimiento tipo ave fénix. Han caído casi diez seguidores de golpe, comentadores y escritores a su vez. Por varios caminos he encontrado montones de blog súper activos y que me encantan. Y me he puesto contenta. Así de boba soy yo, que me pongo triste y contenta por chorradas.
El caso es que como yo llevo muchos años contando mis rollos y como hay gente que lleva conmigo desde el principio, parto de la base de que todo el mundo me conoce y conoce mi mundo. Y no es así, obviamente. Es que me dan venas egocéntricas a veces. Pero tiene fácil solución. Voy a hacer un pequeño manual de la gente de la que hablo más asiduamente para que los nuevos visitantes se orienten con facilidad.

RON: es mi gato. El gran amor de mi vida. Un precioso gatito atigrado que mi ex encontró en la calle, cuyo papá o mamá eran gatos monteses. Así que es enorme, muy fuerte y muy guapo. Y buenísimo. Jamás ha bufado, ni arañado ni nada. Todo él es un derroche de amor.

ANITA: recurrir aquí y aquí, aunque la he nombrado muchas más veces, claro. Es una de mis mejores amigas. La conocí hace años en un trabajo y lo nuestro fue feeling desde el principio. Así que puede que terminemos siendo un par de locas solteronas en el futuro. Mientras, hablamos, reímos, lo pasamos bien y es una excelente cocinera. Las últimas pastas que me trajo el sábado están... estaban (porque ya no quedan, me las he zampado todas) estupendas.

PA: también se puede recurrir aquí para saber más y mejor. En resumen, es más que una amiga, es parte de mi familia y de mi vida. Es mi niña, mi hermana, mi apoyo, mi enfermera. Vivió un año en Valencia con su exnovio y yo la echaba de menos tanto que me dio el siroco y me fui a vivir con el desequilibrado. Luego volvió a Madrid. Y aunque lamento que el plan no le saliera tan bien como esperaba, no puedo evitar alegrarme de tenerla cerca.


Debería hacer un auténtico manual para ubicarse con mis exnovios. Yo la primera, que me pierdo si me pongo a recordarlos. Y es que durante media vida he ido enlazando relaciones. Pero bueno, contaremos los recurrentes.

DESEQUILIBRADO: mi último ex. Lo dejé con él días antes de abrir este blog. Y aunque le nombro relativamente a menudo, no le he dedicado post en exclusiva. Ni siquiera tiene una etiqueta con su nombre. De todos modos, se puede recurrir aquí para saber más de nuestra historia. Resumiendo, desperdicié pasé con él cuatro años, dos de ellos viviendo juntos. Y siempre tuve dudas, altibajos, crisis y problemas. Lo que no sé es por qué puñetas tardé tanto tiempo en darme cuenta de lo sumamente infeliz que me hacía. Conclusión: dejarlo con él es lo mejor que me ha pasado en muchos, muchos años.

ROSS: bueno, tiene etiqueta propia con los post en los que he hablado de él. Y un día tengo que armarme de valor y escribir nuestra historia. Pero de momento, resumo: éramos compañeros de colegio, nos reencontramos años después (con unos 20), me enamoré como loca, viví con él los mejores años de mi vida… hasta que me dio un jari y lo dejamos. No ha pasado día en el que no me haya arrepentido. Pero bueno, cosas que pasan. El año pasado en navidades tuvimos un acercamiento y creí que volvería a mi vida, pero no. Todo salió mal, tirando a fatal. Y harta de dolor, le eché de mi vida. Desde entonces me empeño en convencerme a mí misma de que es mejor así y de que no volverá nunca, aunque las tripas a veces se me encojan y me digan lo contrario.  

A: a ver, que recuerde ahora he hablado de él aquí, aquí y… aquí. Sí... Más o menos. Pero repaso rápido: éramos amigos de la época del Ross, aflojamos lazos, el año pasado nos volvimos a encontrar, nos hicimos súper íntimos, tratamos de tener algo más, fue un desastre y desde entonces somos los mejores amigos del mundo, pero sólo amigos. Nos los contamos todo, nos vemos muy a menudo y nos ayudamos y apoyamos todo lo que podemos. .

Y estos son los personajes principales de esta telenovela que a veces parece mi vida. espero que sirva para orientar a los que andan perdidos.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Aniversario de ruptura

Hace un año. Increíblemente, han pasado 365 días. Algunos se han hecho larguísimos. Y otros han pasado volando. Algunos han sido muy duros. Y otros han sido maravillosos. Pero lo importante es que los he pasado todos. Uno a uno, caminando a veces con paso firme, a veces a rastras.
Hoy, hace un año que Desequilibrado y yo pusimos fin a nuestra relación. Un final amargo, duro, brusco y desagradable, que no hacía del todo justicia a una relación, que aunque en cómputo total no fue positiva, tuvo sus buenos momentos. Creo que pudimos hacer las cosas de otro modo, tanto en la relación como en la ruptura, aunque ya da igual. Hace un año que dejó de importarme.
Los que habéis viajado conmigo desde el anterior blog sabéis que a pesar de que lo pasé mal, desde un primer momento supe que esta ruptura era algo positivo. Supe que era el momento que llevaba años esperando, el momento de recuperar mi vida, de encauzarla y caminarla a mi manera. Los que llegasteis con este blog, me habéis visto recomponerme, levantarme una vez tras otra, después de cada caída. Me habéis visto crecer y madurar. Me habéis acompañado en un año muy duro, pero lleno de fuerza. Un año que se no se me olvidará. Un año que, creo, ha sido la base de lo que puedo llegar a ser. Y tengo que daros las gracias a todos por vuestra compañía, vuestro apoyo y vuestros pasos junto a los míos en este extraño camino que es la vida.  
Dentro de poco se cumplirá también el aniversario del blog y tengo un regalo preparado, para mí misma y para todos los que me acompañáis en este camino, pero tenéis que esperar unos días.  
De momento, celebremos este aniversario de libertad, de oportunidades y de resurgir de mí misma. Gracias a todos, mil gracias. A los amigos del blog, a los de mi vida real, a Pa, a Anita, a A, a mis padres… imposible hacerlo sin vuestro apoyo. Ha sido maravilloso caminar este año con vosotros. Ha sido duro, pero ha merecido la pena. Mucho. Muchísimo. Porque ahora soy mejor, más madura, más fuerte y sobre todo, más feliz.
Y mención especial para el Desequilibrado… fíjate que nunca tuvimos un aniversario de pareja, pero sí lo tengo de ruptura. Así que gracias a ti también. Por las cosas buenas que me diste, por las malas, por todo lo que he aprendido y por lo que me queda por vivir sin ti. Espero de todo corazón, que hoy seas al menos tan feliz como yo. 

sábado, 10 de septiembre de 2011

sola... pero porque quiero

Ya estoy algo más recuperada del catarro. Al menos no tengo fiebre, y con eso me conformo. Lo del moqueo incesante, la nariz pelada y roja, los ojos vidriosos y el cansancio general lo sobrellevo sin demasiado problema. Qué remedio.
También estoy un poco más animada. La situación sigue siendo la misma, estoy sola como la una. Pero ahora recuerdo por qué y ya no me importa tanto.
Ahora mismo debe estar casándose mi prima mayor. Y eso me hace empezar a hilvanar pensamientos. Ella era de las que decían que no quería casarse, que estaba totalmente en contra de las bodas, que odiaba toda esa parafernalia. Ya, claro. Pero luego, accedió a casarse. Supongo que como acto de contrición, o de suma generosidad o algo semejante. Y empezó a decir que sería una boda muy sencilla, muy discreta, sin pompa de ningún tipo. Que como ella no quería, incluso iría vestida normal y no de bola de algodón blanco. Ya claro, de nuevo.  
La realidad es que ahora mismo está enfundada en un vestido blanco y esponjoso de una famosísima diseñadora. Y que están las ciento y pico personas que ha invitado en un viñedo súper lujoso donde se está ofreciendo un catering de postín. Porque claro, ella no quería una boda y pretendía casarse en el ayuntamiento. Hasta que descubrió que en el ayuntamiento te leen el artículo constitucional pertinente y te mandan a paseo. No puedes poner música, un tipo que toque el piano, otro que lea poesías y no sé cuántas chorradas más. Ay, madre.  
Y todo esto me lleva a pensar en la hipocresía de la gente. Y en que, hasta ahora, la única que ha demostrado de verdad que no le gustan las bodas, soy yo. Y no es que yo me niegue en rotundo al matrimonio. Puede que algún día encuentre algún tipo que me vuelva gilipollas y me convenza de pasar por el trance. Pero desde luego no me pasaré el tiempo repitiendo todo lo que no quiero para luego hacerlo todo, cosa tras cosa. Procuro ser alguien consecuente. No siempre lo consigo, pero me esfuerzo en ello.

Y en cualquier caso, vuelvo a mi pensamiento inicial, que si yo estoy sola es porque quiero. A estas alturas, si yo fuera de claudicar, de ser hipócrita o de decir algo y luego hacer lo contrario, sería la respetable señora de Desequilibradomental. O algo parecido. Pero vamos, que estaría casada y no estaría sola físicamente. Habría un tipo en mi cama, en mi cocina y en mi sofá, haciéndome sentir triste y desgraciada, diciéndome que soy oscura e infeliz por naturaleza. Recordándome que por no trabajar, soy una mantenida. Haciéndome saber lo terrible que es la vida a mi lado.
Y claro, prefiero estar sola. Me doy penita a veces, cuando veo parejas paseando de la mano, o cuando necesito ayuda para algo, o cuando me apetece hacer un plan y no hay nadie que se apunte. Pero luego sopeso pros y contras. Y qué quieres que te diga. Prefiero mi vida de ahora, aunque a veces se me olvide.

domingo, 30 de enero de 2011

algo que tenía que contar

Le he dado muchas vueltas al asunto. Y he llegado a la conclusión de que hay cosas que nunca tienen un buen momento para ser contadas. Cierto que yo me callo lo que me duele. Que las heridas me las lamo sola hasta que están curadas. Y que me cuesta expresar los sentimientos si son desagradables. Pero es el momento. Porque va a ser tan malo como cualquier otro. O tan bueno. El caso es que va a ser ya.
Supongo que habrá gente que se pregunte porqué rompí con el desequilibrado. Y no voy a explicar los detalles desagradables de último momento. No seamos simplistas, las cosas no se rompen por la última bronca o la última desavenencia. No es cosa de un día. Hay que ir a la raíz del asunto.
Es cierto que nosotros siempre fuimos una pareja de altibajos. Pero porque él es una persona demasiado temperamental. Igual ríe que llora, ama que odia. Y en el día a día no es sencillo. Pero más o menos nos manteníamos. Todo se truncó cuando tuvo una idea feliz de las suyas: pedirme matrimonio. Y cualquiera que me conozca un poco sabe que yo soy antiboda, anticompromiso y antiesascosas. Total que me vi metida en una peli mala, con viaje a Italia, anillo con pedruscos y frase tópica incluída. Lo primero que dije fue “no puedes hacerme esto”. Más cuando varias veces había dicho claramente que si se empeñaba en casarse acabaría con lo nuestro. Más cuando durante años me oyó hacer comentarios negativos respecto a los bodorrios. Pero lo hizo.
Tras mucho darle vueltas y mucho chantaje emocional del estilo “tus abuelos aún están bien” “mi padre ha estado muy enfermo” “la familia se alegraría tanto” acepté de mala gana. Y puse condiciones, que fuera una boda pequeña, sencilla, con poquísimos invitados, etc. Pero no se me hizo caso y cuando me quise dar cuenta, estaba hasta arriba de preparativos, con casi 150 invitados, iglesia, banquete y su puta madre en verso. Y claro, me entró la crisis. Así que a finales de verano, me armé de valor y le dije que yo no quería eso. Que ya que aceptaba hacer algo que en realidad no quería, que al menos fuera a mi gusto. Pero eso de negociar con el desequilibrado era imposible. Era todo o nada. Lo que yo quiero o nada. Ahora o nada. Y claro, fue nada.
Tras mucho discutir y disgustos varios, le dije que no, que así no me casaba. Y él, indignado, me dijo que no quería que me casara por concesión, si no que me hiciera ilusión. Y yo dije que puedes obligarme a hacer cosas, pero no a sentirlas.
Eso nos llevó a la primera separación en septiembre. Porqué volvió a casa después es un misterio. Lo nuestro se había roto para siempre. Él estaba herido en s orgullo y yo me había dado cuenta de que ya no le quería como debía. Así de sencillo. Que sí, le quería por el tiempo, la costumbre y todo eso, pero que no soñaba con casarme con él. Que las pocas veces que pensaba en la boda como algo agradable no era el desequilibrado el que estaba a mi lado. No dejaba de pensar que si me casaba con él ya nunca podría recuperar al Ross. Que si aceptaba ese matrimonio ataría mi vida a la suya y rompería el lazo que me ataba al amor de mi vida, el de soñar que acabaríamos juntos.  
Total, que lo nuestro se fue minando. Cada vez nos importaba menos el otro. Cada vez hacíamos más vidas separadas y nos ignorábamos más duramente los ratos que estábamos juntos. Hasta que ya se hizo insoportable y patente. Y entonces recogió sus cosas, hubo mil problemas y se fue. Y hasta hoy.
Debo decir que no fue fácil. Que no es sencillo rechazar una proposición así por seguir firme a tus ideales y a tus sentimientos. Que no es sencillo resistir la presión. Que no es fácil que la bruja de tu suegra se porte peor contigo de lo que solía. Que no es fácil aumentar el odio de una familia que no te acepta. Que no fue sencillo. Pero era lo correcto. Y yo lo veía y lo veo tan claro, pero tan, tan, tan claro que nada me hacía cambiar de idea.
Ahora sé que no debí aceptar por mucho chantaje que se me hiciera y haberme cuadrado en el NO desde el segundo cero del asunto.
Ahora sé que soy un problema con el compromiso andante. Que he dicho que no al sueño de la mayoría de las mujeres sin que me temblara el pulso. Que he preferido el dolor, el insulto, la acusación, la humillación y el reproche a mentir.
Ahora sé que soy una solterona empedernida. Que posiblemente nunca vuelva a compartir mi vida con nadie dado que el Ross no me quiere o no le da la gana intentarlo o lo que sea que pasa por su dura cabezota.
Ahora sé que los genes nublados de abuelapaterna son más fuertes de lo que creía.
Ahora sé que el destino de vieja de los gatos se hace patente antes de los 30.
Ahora sé que posiblemente no me case nunca y envejezca sola.
Pero como irónicamente todo este follón me ha hecho más feliz y más fuerte de lo que era antes, he aprendido cosas que no tienen precio:
He aprendido que soy una persona íntegra y consecuente. Soy capaz de cualquier cosa por no mentir, por no aprovecharme de una situación.
He aprendido que cuando estoy segura de algo, no se me pone nada por delante. Y que me desborda la fuerza que me falta en otros momentos.
He aprendido que soy una mujer segura de mí misma, independiente, capaz de vivir sola, de salir adelante y de luchar por lo que quiere.
He aprendido que para ser feliz sólo tienes que mirar hacia delante y creer que todo puede mejorar. Y que nadie debe decirte que tú eres infeliz por naturaleza. A lo mejor me haces infeliz tú, capullo.
He aprendido que si la pecera se te queda pequeña, salta de ella y después de pasarlas putas, eso sí, llegarás al mar, nadarás a tus anchas y crecerás cuanto te plazca. Dijo Shakespeare: Mantente lejos de las personas que intentan empequeñecer tus ambiciones. Ve con aquellos que alimenten tus posibilidades de ser grande
He aprendido que ser libre es el mayor de los dones y que no tiene precio. Que sentirse libre es mejor que sentirse enamorado, que sentirse acompañado y mil veces mejor que sentirse abocado a algo que en realidad no se desea.
He aprendido que ser yo no es tan horrible como me pintaban cada día.
He aprendido tanto que ahora soy mejor, más sabia, más madura y más experta. Y sobre todo libre. Y eso no me lo quita nadie.
Y he aprendido que es cuestión de seguir caminando. Que el mundo no se detiene. Que la vida sigue y hasta puede ser mejor. Por eso estoy aquí y camino erguida, con la frente bien alta.


jueves, 27 de enero de 2011

soy una mujer estupenda

Hay gente que me dice que se sorprende de que esté tan bien tras una ruptura. Sin embargo, yo no siento dolor, ni rencor, ni nada malo. Siento que he vivido algo estupendo a ratos y horrible en los últimos meses, pero que lo he vivido y he aprendido. Además de eso creo que he soltado lastre y que ahora vuelo más alto, más libre y más feliz. Si algo tengo que reprochar, es que había perdido parte de mi autoestima y que hacía mucho que no me sentía mujer. Que me sentía la chacha, o la cocinera, o la pesada de turno. Pero que no me sentía especial, increíble, maravillosa. Que no sentía que fuera una mujer fascinante. Y seguramente no  lo sea, pero hay quien por un rato, me hace sentir así. Y viene bien un chute de moral en lugar de una crítica. Aunque sea a veces. Estaba harta del dedo acusador siempre ante mí, como el cañón de una pistola ante mi cara.
El otro día hablé por la noche con un chico que se merece un post en los hombres de mi vida. Se lo escribiré cuando me inspire. El caso es que el chico en cuestión estuvo en mi vida y en mi cama hace años. Él tenía 20 añitos recién cumplidos y compartimos unas semanas estupendas. Luego le dejé volar porque era un crío y no podía quedármelo. Hacía tiempo que no sabía de él, pero, maravillas del feisbuc, le recuperé hace poco. Y hace un par de noches se conectó al Messenger a las tantas. Hablamos y me contó muchas cosas, que ahora vive en Alemania y que yo le cambié la vida. Así como el que dice ayer desayuné churros. Me dijo que yo era una mujer muy especial y que le enseñé muchas cosas a parte de las que yo ya sabía. Que gracias a mí se conoce mejor y aprendió lo que quería de las mujeres, lo que buscar en ellas. Flipé un poco, la verdad. Nunca se sabe el alcance que pueden tener nuestras palabras o acciones en la vida de las personas que nos rodean. Cómo de hondo calamos en quien comparte un pedazo de camino con nosotros. Así que le dije algo que todos deberíamos oír al menos una vez en la vida. Y que encima es cierto. Le dije: “te quiero tal y como eres”. Le dije que tuviera claro que es un chico fuera de lo normal y que no deje que nadie le haga creer lo contrario. Que él es estupendo así, tal cual, como es.
Para colmo hermanodeG también me levanta un poco el ánimo cuando hace falta. Me dice que soy una gran mujer, que soy interesante, que tengo una conversación increíble, que soy muy inteligente y que soy la bomba en la cama. Y que te diga eso un pedazo de moreno de ojos verdes que se saca un doctorado te hace levantar un poco los hombros y creer que podrías con lo que se te pusiera por delante.
El caso es que entre unas cosas y otras, últimamente me siento mejor. Tanto, que hoy me he puesto música mientras me duchaba y debía parecer una escena de una película ochentera, bailando y lo que es peor, cantando, con la música de Dirty Dancing mientras me enjabonaba el pelo. Pero es que estaba contenta. Es que me sentía atractiva y sexy. Me sentía una mujer estupenda. Me sentía de puta madre conmigo misma. Y eso en mí, no siempre es sencillo, aunque desde hace tiempo, no me resulta tan complicado como antes. No me gusta decir cosas malas de nadie, pero me temo que antes me sentía fatal por culpa de quien me rodeaba, que tiraba de mí hacia abajo, hacia el fondo. Más y más al fondo cada día. Pero ahora, como decía al principio, vuelo alto y libre, sin cargas. A veces tropiezo, a veces me caigo, claro. Pero me levanto, me sacudo el polvo, me echo hacia atrás el pelo, sonrío y me digo que soy una mujer estupenda y sigo caminando.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

balance

Este año será recordado como el año del fracaso. Estoy segura. El año en que todo lo que he intentado me ha salido mal. Pero no importa. Fracasar es la oportunidad de volver a intentarlo.
He dicho varias veces en estos días que estoy dando vueltas a si hacer repaso del año, o propósitos de año nuevo o algo, ya que se supone que es lo que procede en estas fechas. Pero para acabar de rematar el año, me he cogido un catarro de esos que hacen afición y ando cabizbaja y desganada.
La verdad es que ha sido un año duro. Sin un minuto de tregua. Y es que la vida con el desequilibrado de mi ex era así, a salto de mata, siempre con planes y siempre metidos en algún embrollo. Aún trato de solucionar los que dejó a medias.
Decía, por tanto, que ha sido un año agotador y difícil. Pero el lado bueno es que no hace falta mucho para que el siguiente sea mejor. Como es tontería hurgar en las heridas y más aún cuando están tan recientes, lo mejor es dejarlo ahí y pensar en el Año Nuevo. En lo que vendrá, en lo que puedo hacer a partir de ahora. Como yo no hago propósitos porque luego se me olvidan y no suelo cumplirlos, haré una comparativa para ver en lo que salgo ganando.

-         Este año no voy a tener apenas regalos. Pero el año pasado tampoco tuve muchos. Al menos creo que ahora los Reyes me traerán una caldera nueva que funcione. Y año pasado el desequilibrado me regaló un puf, a pesar de pedir encarecidamente que no fuera nada para la casa. Lo más gracioso es que cuando vino a recoger sus cosas, se lo llevó. Total: empate.
-         Este año  paso las navidades sola. Pero el año pasado las pasé repartidas entre su familia y la mía, soportando a la maleducada de la suya. Y siempre vale más estar solo que mal acompañado… creo que salgo ganando.
-         Este año tengo la casa a medio amueblar, tengo una banqueta plegable en vez de mesilla de noche, las cosas del baño de arriba en cajas y el baño de abajo está estropeado. Pero el año pasado vivía en una casa de alquiler que daba fallos por todas partes, a broncas con el casero y esta casa parecía un solar de Kosovo. Al fin y al cabo, salgo ganando.
-         El año pasado tenía trabajo y aunque fuera sólo algo temporal me hacía sentir útil y ocupada. Este año no tengo nada, estoy haciendo un curso de posgrado y de momento hay pocas expectativas de que este año lo del trabajo remonte. Salgo perdiendo.
-         El año pasado estaba embarcada en una relación abocada el fracaso, llena de altibajos y que me hizo realmente infeliz. Este año estoy sola, tengo cierta sensación de fracaso pero saboreo la libertad y la posibilidad de hacer lo que quiera. Tengo el convencimiento de que podré hacer algo mejor con mi vida que ser la chacha de alguien que me humilla y me llama mantenida. Salgo ganando. Y mucho.


Seguro que se me olvidan muchas cosas, pero quiero insistirme a mí misma en que el balance es positivo. En que a pesar del moqueo, del mal cuerpo y del proceso catarral en general, estoy bien. Y que lo que viene por delante seguro que será mejor. Quiero creer que dentro de un año estaré aún mejor, estaré más segura, más fuerte, más viva y con más proyectos por delante.

En fin, puede que escriba antes, pero por si acaso, espero que todos vuestros deseos se cumplan el año próximo, que el 2011 sea el gran año de la gran remontada y que poco a poco todos veamos la luz. Y sobre todo pido salud, como siempre. Salud para superarlo todo, salud para crecer y equivocarnos y volver a empezar. Salud para el año que viene volver a hacer balance.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

soltera en navidades

La verdad es que cuando la convivencia se ha hecho insoportable, cualquier momento es bueno para separarse. Y la ruptura se convierte en una liberación, en un quitarse un peso de encima.
A mí me ha pasado eso. He soltado lastre y ahora vivo más libre, más desahogada, más feliz… pero es que además tiene otras ventajas.
En estas fechas tener pareja es un contratiempo. Ya son fiestas complicadas de por sí. Comilonas, reuniones, compromisos, familias… un rollo repollo. Pero se puede sobrellevar mientras se está soltero. Cuando se empieza a vivir en pareja seriamente, hay que repartirse y compartir todo con la otra persona y sus molestos allegados.
Reconozco que dentro de la gran liberación que ha sido deshacerme de mi ex el desequilibrado, es más liberador aún haberme quitado de encima a su familia. Nos caíamos mal y yo al menos disimulaba, pero la carencia de educación por su parte hacía de las reuniones un acto sumamente desagradable.
El año pasado en Navidades tuve que soportar la anual congregación de familiares del desequilibrado y mi úlcera de estómago se resintió mucho. Luego pasamos la Nochebuena con mi familia porque la suya se fue al pueblo y yo me negué a ir, con la consecuente bronca al respecto. Y la nochevieja la pasamos con sus padres y unos amigos suyos, y no fue del todo mal, contando con que a mí sólo me daban un plato de jamón serrano malo y un trozo de pan ya que supuestamente “no como de nada”. Humillaciones varias a parte, su familia y yo nos caíamos fatal. Era un suplicio cada vez que nos teníamos que juntar.
Este año, sin embargo, las Navidades me parecen algo más agradable. Sólo tengo que ir a mi casa, con mi familia, a estar rodeada de gente que no me insulta ni me odia. Y es una tranquilidad, oye. Encima, al estar independizada, luego me vengo a dormir a mi casita y no me incordia nadie. A mi aire total. No se puede pedir mucho más a estas fechas.
Lo único un poco peor es la Nochevieja. Se hace un poco aburrido cenar con los abuelos y volverse a casa con el vestido rojo y los tacones, sin que nadie te haya dicho lo guapa que estás ni te hayas lucido un poco. Pero no hay muchas más opciones. Mi niña la enfermera pasa de salir y se queda con su madre. Amordemivida estará con la imbécil de su chica porque no se atreve a dejarla en estas fechas. Los niños especiales, I y G están en plan chof porque el otro día falleció la abuela de I y se quedarán en familia. Y no hay más gente en mi vida a la que recurrir. Como siga así, me voy a apuntar a las fiestas y viajes esos para solteros.
En fin, yo me pondré mona y haré acopio de ilusión. El año que viene será mejor que este. Estoy segura.