viernes, 18 de enero de 2013

os pongo al día...

Queridos míos:
Voy a tratar de poneros al día antes de caer desfallecida sobre el teclado.
El miércoles operaron a la yaya. Entró a quirófano a las 9:30 y salió a más de las seis de la tarde. Muchas, muchas horas son esas.
Lo que tenía era un bocio intratorácico. Sin meterme en tecnicismos porque no soy médico ni nada que se le parezca, os diré que es un problema de tiroides. Al parecer a casi todo el mundo cuando le sale un bocio es hacia fuera y lo que les pasa es que les sale una especie de papada como la de un sapo. Pero a mi yaya el bicho ese le creció hacia dentro. Y creció y creció. Los médicos pensaban, a través de las ecografías y las pruebas que hicieron que llegaba a los pulmones, pero no. Le llegaba al hígado. Eso, básicamente, significa que estaba comida por un alien.
La operación fue muy larga y muy compleja. Mucho más de lo que esperaban los propios cirujanos. Tuvo una hemorragia en el hígado y un desgarro en la tráquea. Muy feo todo.
Pero fue subsanado. Por la tarde pudimos verla cuando salió de quirófano, medio adormilada todavía y con muchos cables y máquinas alrededor. Por suerte, pudo respirar por sí misma y le quitaron el tubo y el respirador. Por la noche nos fuimos a casa, dejando el corazón allí metido en la UCI. A mi yayo había que llevarle de la mano porque no atinaba a dar dos pasos. A veces le miro y me pregunto cómo puede querer tanto alguien a otro alguien. Y muero de amor al verle besar a mi yaya y decirle lo mucho, muchísimo que la necesita viva.
Al día siguiente fuimos a verla por la mañana. Se suponía que iba a estar en UCI unos días y teníamos un horario muy reducido. Así que me pegué con medio mundo para aparcar y subir con mi yaya. Pero cuando llegué, yo que esperaba ver de nuevo a una abuelita desvalida en una cama, me encontré con la sorpresa. Mi yaya estaba sentada, totalmente consciente y hablando. Nos habían dicho que podía perder la voz, pero de eso nada. Mi yaya es la mejor. Y no hay quien pueda con ella. Es más dura de lo que parece. Dentro de su pequeño cuerpecito late la fuerza de mi bisabuela, que era la mujer más valiente que he conocido nunca.
Así que me sonrió, me cogió la mano y me dijo, un poquito ronca todavía: “nena, cuida de tu madre, que está muy cansada. Y del yayo, que sabes cómo se pone. Tú eres la fuerte, tú eres como la mamá (mi bisabuela). Yo estoy bien, díselo, que a ti todos te hacemos caso.” Y yo me reí y la llené de besos. Le prometí que estaba cuidando de todos. Le expliqué que había un puchero enorme de lentejas que ya había repartido para que comieran caliente. Y que no dejaba solo al yayo. Y que le hacía la cena a mi padre y que hacía todo lo posible por mi madre. Y ella asintió. Por  una vez, sé que está orgullosa de mí con motivo. Por una vez, sé que mi bisyaya también está contenta conmigo desde el cielo porque todos me dicen que soy tan fuerte y tan valiente como ella. Y yo sólo soy una aprendiz.
Por fin, por la tarde subieron a mi yaya a planta. Eso es muy buena señal. Está en una zona con cuidados un poco especiales, pero es un avance. Además está solita en la habitación, sin compañeros que la tosan. Y nosotros estamos ahí siempre. Esta noche está mi madre durmiendo con ella. Mañana voy yo a quedarme allí. El Clínico me da pánico, pero por mi abuela, me lo paso por el forro de las bragas. Allí me quedo con ella para que mi mamá descanse.
Y yo… pues estoy cansada y tengo ratos de bajón cuando llego sola a casa. Pero me siento muy arropada y estoy muy contenta. Las cosas han salido bien a pesar de la gravedad. Y todo el mundo está muy volcado con nosotros, familia, amigos, todos pendientes. Cuando mi yaya salió del quirófano yo tenía a Flumi dándome la mano y protegiéndome con sus enormes hombros de jugador de rugby. Ese “no estás sola, pequeña” me dio unas fuerzas sobrehumanas. Y ahí están todo el día Anita, Pa e I que siempre están pendientes y aún no han venido porque no les he dejado. Su mensajes, sus llamadas, sus “adelante, que estoy contigo”, sus “sé tan fuerte como siempre y si no, me avisas que voy yo contigo” y sus “te quiero” me hacen creer que podría volar si me lo propusiera.
Y mil gracias a todos vosotros, vuestra fuerza, vuestros buenos deseos y vuestra energía positiva me ha sujetado cuando me tambaleaba. Mil gracias por los mensajes, los mails, los twitter… por todo. No doy abasto a contestar porque apenas tengo tiempo, pero os lo digo desde aquí a todos, sin excepción: MIL GRACIAS, sois los mejores.

Y ahora, os repito que os iré contando y que aún hay un largo camino por delante, pero la peor parte está salvada. Pronto podré contaros nuevas aventuras y sobre todo, hablaros de un proyecto en el que estoy participando y me parece muy interesante y muy bonito. Me pondré con ello lo antes que pueda.

Ahhhh, ¿habéis visto que somos 100 caminantes oficiales? Más que los que me leen por ahí agazapados anónimamente. Nunca imaginé que mis paridas llegaran a tanta gente. Nunca imaginé que yo pudiera hacer cosas grandes. Nunca imaginé que pudiera sujetar a toda mi familia con una sonrisa. Nunca imaginé que este blog llegara tan lejos. Y nunca, nunca imaginé que pudiera ser tan feliz sólo por el mero hecho de valorar la vida y la capacidad de respirar de mis seres queridos.

martes, 15 de enero de 2013

el día antes de

A veces es peor pensar las cosas que hacerlas. Y desde luego, suele ser mucho peor lo que se le pasa a uno por la cabeza que lo que ocurre luego en realidad.
Estos días de antes de que la yaya entre a quirófano se me están haciendo eternos. Es un auténtico suplicio esperar y no saber qué va a pasar. Me siento torpe y estúpida, como si pudiera hacer algo y no sólo sentarme a esperar que llegue el día.
Y vale, lo reconozco: estoy muerta de miedo. Yo, que no me asusto por nada, estoy cagada.
Otra cosa es que lo demuestre. Porque soy la fuerte de la familia. O eso se han creído todos. Y es que en la familia de mi madre son todos muy “bollitos”. Menos mi bisabuela que era quien impartía orden, los demás son un derroche de ternura. Así, claro, yo tengo fama de ser una burra y de que nada se me ponga por delante. Pero no es verdad. Yo estoy sola, asustada y perdida como la que más. Y daría algo por llegar a casa y no estar tan sola, tan asustada y tan perdida. Por tener a alguien que me abrazara y que me dijera que no me preocupe, que él se encargará de todo por un rato. Daría algo por llegar a casa y tener un consuelo, un apoyo, un desahogo. Pero no. Vaya donde vaya, está mi madre o mi abuela o mi abuelo o alguien que espera que yo me ría, yo tenga soluciones yo diga que no pasa nada. Y me miran con ojitos manga, suplicando que yo esté bien y les convenza de que esto va a ir como la seda. Así que me paso el día fingiendo un aplomo que no tengo. Con lo mal que se me da mentir. Pero yo como que no pasa nada. Como que todo está bien. Tirando pa’lante una vez más.
En unas pocas horas comienza la locura, hospital arriba y abajo, cuidar lo mejor que pueda de todos y seguir poniendo buena cara. Os iré contando los progresos para desfogarme un poco. Por twitter sobre todo y al minuto. Aunque no tengáis, si pincháis en el pajarito de ahí arriba, os sale mi página y lo que voy escribiendo, así que podréis ir sabiendo qué ocurre. De todos modos  la operación en sí no es hasta el miércoles por la mañana. El primer día es el ingreso, las pruebas y tal.
Como siempre en los momentos feos, por suerte tengo a Anita y a mis amigos que son un apoyo impresionante. Y gracias a vosotros que con vuestros mails y mensajes y demás me hacéis llegar un calorcillo muy agradable al corazón.

sábado, 12 de enero de 2013

Premios!!

Jo, qué guay. ¡Me han dado dos premios! Cada vez molo más, está claro. Los dos premios vienen con preguntitas y condenas varias en las que tengo que contar mi vida. No me lo explico, porque me paso la vida contando historias y no sé cómo aún tenéis ganas de saber más. El caso es que ya sabéis que yo los premios los recojo encantada y respondo a todo y tal. Pero luego no los paso ni creo preguntas nuevas. Vale, soy un poco floja, pero qué queréis que os diga. Me da pereza. Y punto.

Bueno, el primero es el premio que me pasan Pimiento y Tomate. Cada día me gustan más estas hortalizas. El verano que viene cuando vuelva a Granada, me voy a poner a buscar en todos los huertos hasta que las encuentre para pegarles un bocao.
El caso, sus preguntas:

1. ¿Te has meado alguna vez de risa? Literalmente.
No. Aún controlo mis esfínteres… aunque lo que sí admito es que a veces he tenido que salir corriendo porque la cosa estaba ya peligrosa.

2. ¿Te has cortado con un pelapatatas?
Sí, muchas veces. Soy torpe de cojones. Varias veces me he cortado trozos de uña con el puñetero pelapatatas. Y una vez me quité una rebanada de dedo. Muy bien todo, vaya.

3. ¿Por qué el pan de molde es cuadrado, si el chóped, salami o mortadela son redondos?
Es la dictadura del tranchete. Pero yo estoy en contra totalmente, entre otras cosas porque soy alérgica a los lácteos. Conclusión comprad choped cuadrado y jamón de york de sándwich.

4. ¿Cuál es el mayor ridículo que has hecho?
El emocional, mejor me lo ahorro por respeto. De los otros, de los momentos tipo “tierra trágame”… creo que uno curioso fue cuando subí en el ascensor con unas bragas en la mano y el vecino dándome charla.

5. ¿Si te comes varios racimos de uva, te emborrachas?
No, pero me empacho fijo. Aunque como no bebo nunca, creo que sería capaz de emborracharme hasta comiendo pipas.

6. ¿Qué es lo más asqueroso que has probado alguna vez?
Uf… es que yo soy muy asquerosita y como algo no me entre por el ojo no lo pruebo. Soy muy rara para comer.

7. Dormir con calcetines ¿sí o no? Justifique su respuesta.
Si hace frío, me acuesto con ellos puestos, pero antes de dormir me los quito y los dejo escondidos en una esquinita para que estén calientes por la mañana. No me gusta dormirme con ellos puestos porque luego me muevo y se retuercen, o pierdo uno y me da coraje.

8. ¿Por qué decidiste crear un blog?
Porque no tengo dinero para pagarme una terapia psicológica. Cuando abrí el primero, estaba en un momento chungo y fue una especie de válvula de escape. Poco a poco me enganché, conocí gente… y me gustó tanto que no me imagino a mí misma sin blog.

9. ¿Cuál crees que es la canción más tonta de la historia musical?
Uf, podríamos hacer un top ten… hay montones de canciones mierderas. Una de ellas, el Gangnam style. Me la pela que se lleve, es absurdo hasta decir basta. Pero bueno, siempre está La barbacoa, El tractor amarillo, esa que decía abanibia aboebé (o algo así, vete a saber), el aserejé… propongo un listado de canciones absurdas y pegadizas!!

10. En una escena de miedo, ¿te tapas los ojos con las manos pero abres una rendija entre los dedos y acabas viéndola?
Es que a mí no me da miedo casi nada. Yo soy capaz de dormirme con las pelis de miedo. Eso sí, no soporto el gore, me da ganas de vomitar. Y ahí directamente no miro y punto.

11. ¿Qué preferirías de mascota, un gusano o un gusano de seda? Razone su respuesta y no vale decir ninguno.
Me da lo mismo, no me dan asco y de hecho de pequeña jugaba con las lombrices de tierra. Creo que prefiero un gusano de seda por aquello de que hace algo útil y luego se convierte en una mariposilla aunque sea feucha.



El segundo premio, me lo pasa Eva, de Opiniones Incorrectas. Se llama “Premio a los mejores blog” y oye, cómo mola ser uno de los premiados. Mil gracias, Eva, es un honor recibir este premio y que venga de ti. También viene con penitencia y hay que responder a preguntas y contar siete cosas sobre mí. A ver qué sale porque ya me queda poco que contar, pero bueno, vamos a ello.


1.- ¿Se te irrita mucho la piel cuando te depilas?
Antes se me ponía fatal. Pero ahora he descubierto un truco fantástico. Yo las piernas me las depilo con una maquinilla eléctrica arranca pelos de esas o con cera, me aclaro con agua fría y luego me unto con crema de esa para culo de niños. En un ratito se te quedan las piernas que da gusto verlas.
Con las ingles es el mismo plan, pero con un poco más de cuidado aún porque tengo tendencia a que se me enquisten pelillos.

2.- ¿Eres de Ferny ó de Umpa Lumpa? (Sólo puedes escoger a uno)
Pues mira, ya que el premio me lo pasa la mami de Ferny, pues diré que él. Pero me parece una pregunta muy fea, es como cuando te dicen si quieres más a mamá o a papá. ¡A los dos, hombre ya!

3.- ¿Viajarías al espacio, a Marte ó a la Luna si te lo ofrecieran?
No. Ni aunque me pagaran ellos a mí. No estoy a favor de esas cosas por razones ecológicas y morales. Y a mí no se me ha perdido nada allí.

4.- ¿Te acuerdas de los yogures de Casper?
No, pero es que hace catorce años que soy alérgica a los lácteos y no puedo comer yogures normales. Como unos de soja que están muchísimo más ricos que los normales. 

5.- ¿Los hombres con leggings se merecen recibir un buen tomatazo podre?
Mira, pensé que con la moda de los escotes para hombres habíamos tocado fondo. Y ahora vienen con que se llevan los legging para ellos. Vamos de mal en peor. A mí desde luego, se me acerca un tipo con eso y salgo corriendo. Un poco de dignidad, hombres, por favor.

6.- ¿Reinará Felipe VI?
Pues me la pela por completo porque siempre hay gente para mangonear la pasta, sean reyes o congresistas o políticos o la puñetera madre de todos. Pero francamente, creo que no reinará porque la monarquía es algo bastante rancio, obsoleto y últimamente no están dando motivos para quedarse. Y sin embargo a mí no me cae mal el muchacho, fíjate.

7.- ¿Has observado que Nicolás Maduro es sospechosamente idéntico al profesor Jirafales?
No tengo ni idea de quién son ninguno de los dos. ¿Soy rara? ¿Vivo en otro mundo? ¿Soy una inculta? Madre mía, igual debería mirar en google y luego parecer súper lista.

8.- ¿Quién crees que mató a los Marqueses de Urquijo?
Ni idea. Pero mi padre siempre dice “ese se fuma hasta lo del hijo de marqués de Urquijo”. Y yo no sé quién era el hijo del marqués o cuánto fumaba, pero me hace gracia. Y yo qué sé. La criminóloga es Eva, no sé por qué nos pregunta a los demás. Que hubo cosas raras en ese crimen está claro y que el supuesto asesino no lo hizo solo y murió en extrañas circunstancias también… pero no sé quién lo hizo en realidad o qué pasó.

9.- ¿Has dejado algún libro sin terminar porque era infumable?
¡Muchísimos! Sé que esto no dice mucho a mi favor. Pero no es sólo que los deje sin son infumables. Es que si no me enganchan, los dejo. Mi tiempo es muy valioso y hay demasiados libros escritos como para entretenerme con mierdas.

10.- ¿Cómo se combate la caspa con éxito?
¿Con un buen champú? Es que no lo sé, nunca he tenido caspa.

11.- ¿Sospechas que alguno de tus muebles pueda estar apolillado?
Imposible. Son todos del ikea, de los barateros. Eso no es madera, eso no lo quieren ni las polillas.


Y ahora contar siete cosas sobre mí… que no haya contado. Me voy a tener que estrujar el cerebro como si fuera una bayeta.

  1. Al final me hice las mechas californianas. Y me quedaron genial porque mi peluquera es la más mejor del mundo. La amo. Entendió perfectamente la idea y me quedaron súper naturales, no con efecto ese de raíces largas.  De hecho, la mayor parte de la gente se cree que son de verdad porque si me pongo al sol, me salen así, exactamente de ese color. El problema es que odio el sol y huyo de él como los vampiros. Para que os hagáis una idea: le encantaron a mi madre.
  2. Tras dos años sin microondas, por fin los reyes de mis yayos me han traído uno. Ahora podré hacerme palomitas, soy feliz.
  3. Me crujo los dedos de los pies siempre que los saco de los zapatos. Y muchas más veces al día.
  4. Uso gafas para ver de cerca y siempre las tengo llenas de mierda. Me da mucha pereza limpiarlas y sólo lo hago cuando ya lo veo todo muy nublado, literalmente.
  5. Siempre me estoy dando vaselina o cacao de labios. Tengo cajitas de vaselina y barras de labios por todas partes, en la mesilla de noche, en el bolso, en el bolsillo del pijama, en el sofá…
  6. Me duelen las orejas con el frío. Es horrible. Me duelen mucho, muchísimo. No entiendo por qué me pasa, pero es un dolor insoportable. Por eso en inverno me pongo gorritos, orejeras o me tapo con la bufanda, pero no dejo las orejas al aire.
  7. Me han pedido matrimonio dos veces. ¡¡Dos!! Es lo más ridículo del mundo. y las dos veces con anillo de brillantes, rodilla en tierra y preguntita absurda. Es increíble. Obviamente las dos veces he dicho que no. Entre otras cosas, porque han sido los dos peores tipos que han pasado por mi vida y más me han destrozado la existencia.


Bueno, con esto os dejo entretenimiento para rato.

jueves, 10 de enero de 2013

cruzando los dedos

A veces, aunque uno espere algo, cuando llega, te pilla como desprevenido. Sabías que iba a pasar, pero no sabías que fuera a ser “ya”, que fuera a hacerse realidad. Y de pronto, es como si te atropellara un camión. Y se te queda una cara de gilipollas que no puedes con ella.
El caso es que llevo meses esperando la operación de mi yaya. Desde principios de verano que nos dijeron que había que hacerlo. Y luego, desde el otoño, que nos dijeron que debía ser lo antes posible. Pero entre huelgas y líos y tal… como que se iba retrasando. Pero ya no hay más espera que valga.
El martes mi yaya ingresa en el hospital. El miércoles a primera hora de la mañana entra a quirófano. Y todos cruzando los dedos para que el miércoles por la tarde haya salido y despertado de la anestesia. Y para que dos o tres días después salga de la UCI. Y para que otros pocos días después salgan del hospital y se venga a casita.
De momento ella está animada, con un poco de miedo como es normal, pero confía en que todo saldrá bien. Los demás tratamos de convencerla de que va a ser así, de que todo va a ir estupendamente y que no hay que temer. Aunque en realidad estemos acojonados.
El caso es que os pido una vez más toda esa energía positiva que me mandáis siempre para que todo salga bien. Cruzaremos hasta los dedos de los pies.

martes, 8 de enero de 2013

Peticiones del leyente: momentos troll

A veces, escribo de cualquier chorrada y sin darme cuenta digo algo mucho más interesante por el camino. Y claro, lo digo así como de pasada. Por suerte casi siempre os dais cuenta y me lo hacéis notar. Y me mola muchísimo, porque me sirve como inspiración para nuevos post. Últimamente se me han acumulado las peticiones: debo unas fotos de Ron a Eva, Tomate me preguntó por el tema de mis creencias pero me parece un tema farragoso y poco divertido. También Mandarica me ha dicho que cuente lo que me dijo Flumi.
Así que voy a inaugurar la sección “Peticiones del leyente”, como aquellos programas que había en la radio de peticiones del oyente, pero versión blog. A parte de las que vayan surgiendo sobre la marcha, podéis hacerme preguntas o pedirme que hable de cosas concretas si os apetece saber mi estúpida humilde opinión al respecto. Ahí tenéis mi mail, mi twitter y por supuesto los comentarios. Me tenéis controladísima, vaya.

Estreno la sección con una cosa que me pidió Natalia hace tiempo ya, que hablara sobre mis momentos troll. Por suerte para ella, últimamente se han dado un par de ellos.

Hace ya unas semanas estaba dando un paseo por mi barrio ensimismada en mis pensamientos. Hacía un frío que pelaba e iba abrigada hasta arriba, orejeras incluidas. Adelanté a un par de viejunos que caminaban a paso de tortuga y según les paso, le dice uno a otro:

-         Esta juventud, cada día son más tontos. Mírala, se pasan la vida con los cascos esos puestos, escuchando música ruidosa y así se quedan, que no saben ni por dónde les da el aire. Así va el país. Que dicen que no hay trabajo, pero anda que hacen nada bueno…

Me giré como una fiera, me levanté una de las orejeras y le escupí:

-         Son orejeras ¿lo ve? para el frío. Igual en sus tiempos paleolíticos no se habían inventado, pero le oigo perfectamente. Y aunque fueran cascos, no hacen que seamos tontos. Usted es viejo, lo mismo no ha usado cascos nunca y eso no le exime de ser gilipollas.

El tipo no se atrevió a replicarme, claro. Y no esperé respuesta, ni disculpa, ni discusión alguna. Me dí media vuelta y me fui a toda leche antes de liarme a mamporros.

El otro caso se dio hace menos, sería hace un par de días o tres. Volvía yo de hacer compras, súper tarde, hasta el culo de conducir, de pelearme con medio Madrid para conseguir los regalos que quería y estresada por completo.
El tema, que después de dar un par de vueltas por mi barrio sin encontrar hueco para aparcar, al fin vi que había un sitio estupendo, pero los idiotas de la obra de la calle de al lado, habían dejado ahí tirada una especie de valla de plástico cutre. Y yo, ni corta ni perezosa, me bajé del coche, aparté la valla y aparqué. Según estaba saliendo y cogiendo las bolsas de la parte de atrás, se paró un coche rojo a mi lado que había estado dando vueltas detrás mía buscando aparcamiento también y el tipo de dentro me dijo:

-         Eso ya lo había pensado yo, bonita.

Me giré, le miré de medio lado y me encogí de hombros con expresión de “a mí qué me cuentas, colega”. Y bonita, tu madre, por ejemplo. Así que seguí sacando mis bolsas y tratando de coger mi abrigo del fondo del asiento.

-         Qué cojones tienes, niña…

Ahí ya me pudo el ansia, me di la vuelta muy despacio y le miré de esa forma en la que si pudieras, atravesabas al interfecto en cuestión:

-         Pues mira, muchos más que tú, que sólo has pensado lo que yo me he atrevido a hacer.

El tío se quedó con la boca abierta, masculló algo entre dientes y se fue de un acelerón. Que le jodan. Que hubiera quitado él la valla, coño. O que no me hubiera dicho nada. Porque me la juego a que si yo hubiera sido Manolo en vez de Naar no me había dicho nada.
En fin, de vez en cuando me pongo así como troll total, pero es que se cansa una de aguantar chorradas. Hombre ya.

lunes, 7 de enero de 2013

Volviendo a la normalidad

Joder. He puesto el listón tan alto que ahora a ver qué hago. Mierda. Mira que hace tiempo que se me ocurrió el post anterior y no lo había publicado porque me parecía una piradilla de pinza de las mías. Ahora a todo el mundo le ha molado, lo han twitteado por ahí y todo. Y no dejo de pensar ¿quién le echa cojones ahora a publicar un post sobre cualquier parida? ¿quién se pone a contar sus problemas hormonales después de esto? ¿quién le echa huevos a volver al tema de su crisis existencial de los 30? ¿sería mejor publicar una foto del gato? ¿sería mejor publicar una foto mía en bolas?
¡Yo qué sé! El caso es distraer la atención y que la gente no crea que soy tan lista y escribo cosas tan guays todos los días. Aunque la mayor parte ya lo sabéis porque me leéis desde hace tiempo.  Ay, dios, que sinvivir.
Además, ha habido de todo, gente preocupada por si de verdad quiero deshacerme de mi vida y lo único que me lo impide es que mis estúpidos padres hayan perdido el tique. Y no, oiga, que una tiene sus problemas, sus quejas y reclamaciones, pero que no detesto mi vida de repente.
También están los que me dicen que publique esto por ahí… y digo yo ¿dónde? ¿En el Rotativo Naar? ¿Me apunto a los premios de pirados que hablan consigo mismos al borde de la neurosis? ¿Lo alargo ochocientas páginas, metiendo a un personaje buenorro y lo convierto en un best seller?
Y digo yo, que si fuera tan buena escritora alguien me habría ofrecido curro y estaría al estilo de la caracaballo de la serie esa, escribiendo mis mierdas y cepillándome hombres en Nueva York. O algo parecido. Pero no, yo estoy aquí, en una ciudad que no me gusta siempre, viviendo sola con un gato y preguntándome qué he hecho con los mejores años de mi vida. No hay nada de glamuroso o de guay en mi vida, no escribo en un ordenador molón, vestida con ropa de diseño mientras bebo café del starbucks. No. Yo escribo en un portátil diminuto y lento que me regalaron con el máster y vestida con mi pijama de pelotillas, manchado de pasta de dientes y con el dibujo de un elefante. Y no tengo pasta ni para el vaso de papel del starbucks. Además que no me gusta el café. Yo fumo como una carretera y como chocolate y galletitas. Cero glamour. Cero post publicados a cambio de money-money.
En fin, da igual todo. Que si alguien tiene un curro para mí, yo encantada. Y si alguien quiere publicar mis paridas, mejor que mejor. Y si no, pues oye, yo seguiré contando mis problemas hormonales, mi crisis de los 30, mi carencia de frungimiento y mis chácharas internas. No me paga nadie, pero me ahorra la terapia psicológica.
Y la necesitaría. Llevo una temporada que me llevo muy mal conmigo misma. De hecho, no me hablo porque estoy insoportable. Por suerte el día 2 quedé con mi amigo Flumi y me dio una visión interesante de mi propia vida que ya contaré en otro momento.  Y los Reyes me  han traído un montón de cosas molonas que me animan un poco. Así que el año va empezando como terminó, un poco regulero, un poco así como que… ufff, que… ains, que no sabe una si… psssst… estoooo… bien. Bien. Sí, bien. Volviendo a la normalidad al menos, que no es poco.

jueves, 3 de enero de 2013

al habla con la vida

-         Hola… ¿es La Vida? Naar al aparato. Quería hablar con el responsable de esta mierda y hacer unas cuantas peticiones.
-         ¿Peticiones de qué tipo?
-         No me gusta mi vida ahora mismo.
-         Si desea hacer una devolución necesita usted el tique de adquisición de vida que le fue entregado a los solicitantes.
-         ¿Tique? ¿qué tique? ¿y qué solicitantes?
-         Sus padres, generalmente.
-         ¡Yo no tengo ningún tique y dudo que mis padres lo tengan!
-         Sí, suele ocurrir, en ocasiones los solicitantes olvidan pedir el resguardo o no llevan bolsillos en el momento para guardarlo y lo pierden.
-         Pues mire, fui “solicitada” como usted dice, en julio del 82 y por lo que sé de las “solicitudes” es más que probable que mis padres no llevaran bolsillos en ese momento.
-         ¿verano del 82? Sí, el mundial en España… lo recuerdo. Fue una época agitada. Tuvimos muchas solicitudes. Pero si no tiene tique no puede pedir una devolución.
-         No, no quiero devolver mi vida… o al menos no de momento. Quizás prefiero un cambio.
-         Muy bien, le paso con el departamento de cambios.


-         Buenos días, departamento de cambios, le atiende Naar, ¿en qué puedo ayudarle?
-         ¿Cómo que me atiende Naar? ¡¡Yo soy Naar!!
-         Sí, claro, pero este es el departamento de cambios de vida. Para cambiar de vida nadie puede ayudarle más que usted misma.
-         O sea, que esto no me sirve para nada.
-         Sí, sí le sirve. A ver, dígame cual es el problema.
-         Que no me gusta mi vida.
-         Cámbiela.
-         No puedo.
-         Lo siento, no comprendo el significado de lo que acaba de decir. Quizás quiera decir “no quiero”.
-         No, no puedo.
-         Quizás quiera decir “no me atrevo”.
-         No, no quiero decir nada de eso. Quiero decir que no puedo, joder, no puedo cambiarla.
-         Lo siento mucho, “no puedo” es algo no computable en este departamento. Si no le gusta su vida cámbiela.
-         Ah, claro, así de sencillo.
-         Nadie ha dicho que sea sencillo.
-         Cojonudo. Oiga, no quiero hablar más usted, o sea, conmigo. Bueno, que no quiero hablar con este departamento de mierda que no da soluciones. Páseme con el departamento de quejas.
-         Ahora mismo.



-         Buenos días, departamento de quejas y lloriqueos, le atiende Naar.
-         ¿Qué me atiende Naar? ¿Otra vez? ¡Yo soy Naar!
-         Sí, usted es la responsable de este departamento, de hecho. Todos los motivos que tiene para quejarse los ha creado usted.
-         ¿Y entonces qué hago?
-         ¿Le paso con el departamento de cambios de vida?
-         No, gracias, ya he hablado con la Naar de ahí y no me ha dado ninguna solución.
-         Lo dudo, somos muy competentes en nuestro servicio.
-         Sí, vamos, muchísimo. Escuche, estoy muy descontenta con todo esto. No me gusta mi vida, no me gusta mi futuro, no me gusta no tener respuestas y no me gusta nada este servicio.
-         Entiendo.
-        
-         ¿quiere usted algo más o…?
-         ¿No es el departamento de quejas? ¡Quiero quejarme!
-         Ah, pues puede seguir, pero si quiere le comunico con el servicio externo de amigas. ¿Desea usted hablar con Anita o con Pa?
-         No, no quiero hablar con ellas. Quiero una solución para que mi vida me guste de nuevo.
-         Ya le han dicho que si no le gusta su vida, cámbiela. Esa es la solución.
-         Maldita sea su estampa, que de hecho es la mía. Quiero una solución concreta.
-         Solución concreta a qué problema concreto, señorita Naar. No entiendo cuál es su queja y este es el departamento de quejas. Si sólo quiere refunfuñar, le paso con el departamento de cháchara interna o le remito de nuevo al servicio externo de Anita o Pa.
-         No me remita a nadie. No quiero hablar ahora mismo con Ana ni con Pa.
-         ¿Con Ignacio quizás?
-         ¡Que no, coño! Que no me pase a nadie.
-         Muy bien, ¿tiene alguna queja entonces que hacer?
-         Claro que tengo quejas, en plural. Hace meses todo iba bastante bien. Iba muy bien, de hecho. Pero se ha torcido. Y ahora no me gusta como va nada. Nada funciona bien. Quiero que se calme el dolor, la duda y la ansiedad. Quiero no tener miedo del futuro, de la operación de mi abuela, de una vida insulsa, de problemas económicos y de frustración laboral y personal. Quiero que todo vaya bien.
-         Entiendo.
-        
-        
-         ¿Y? ¿No me va a decir nada?
-         Este es el departamento de quejas. Sirve para quejarse. Sus quejas son recibidas y archivadas.
-         ¿Y qué más?
-         Nada más. Este es el departamento de quejas, no el de soluciones.
-         Está bien, páseme con el departamento de soluciones.
-         Lo siento, ese departamento no está en comunicación abierta. Ese departamento sólo se pondrá en contacto con usted cuando halle la solución y el tiempo se la demuestre.
-         O sea, que no sirve para nada. ¿sabe usted que La Vida es una mierda?
-         Esa es una queja recurrente. Pero es la política de la empresa.
-         Pues todo es una mierda y no me están ayudando nada.
-         ¿cómo que no? Usted pidió un cambio de vida y le dijeron como hacerlo. Usted pidió hablar con departamento de quejas y lloriqueos y ya se está quejando y lloriqueando. ¿qué más quiere?
-         ¡No quiero esta vida!
-         ¿Tiene usted el tique?
-         No. Al parecer mis padres no llevaban bolsillos cuando hicieron la “solicitud”.
-         Comprendo, es un problema muy común.
-         ¿Y ahora qué hago?
-         Eso sólo lo puede decidir usted.
-         Pues le voy a mandar a la mierda y a colgar.
-         Hace usted bien. Con un poco de suerte, dejará de perder el tiempo y hará caso de las sugerencias que le hemos ofrecido.
-         Bah, este servicio es una porquería, como todos los de atención telefónica.
-         Que tenga usted un feliz año, Naar.
-         Muchas gracias por su deseo.
-         No es un deseo, señorita, es una sugerencia.
-         Mejor aun.