jueves, 21 de julio de 2011

el choni-dilema

Casi siempre que cuento cosas de mi barrio, suelen tener buena acogida. Claro, como no vivís aquí… en fin. El caso es que el otro día escuché una conversación que me dejó totalmente fascinada. Yo estaba en el coche, con las ventanillas bajadas, esperando a mi madre que compraba el pan y a mi lado había un par de adolescentes (de unos 17 años o así) en un banco, mirando el feisbuc (por lo que deduje de la conversación) en una pantalla táctil de esas raras que se llevan ahora.
Él era una marica loca, con pantalones de pitillo azules chillones y una camiseta amarilla, combinado el conjuntito con peinado tipo tupé y gafas de sol retro en plan ochentero de pasta azul. Ella muy al puro estilo de mi barrio, peinado tipo Amy Winehouse, pendientes de aro, camiseta de tirantes enseñando medio sujetador y leggins (o sea, mallas).

-         ¿Y esta tía es amiga tuya? – decía él horrorizado.
-         No, ya no. Lo era, pero ahora no nos hablamos.
-         Mejor. Vaya pintas. ¡¡quítate el aparato, nena!! – hablándole a la pantalla. – con las cosas tan monas que hacen ahora, mira que ir con esos brackets taaaaan horrorosos. Ay, me caigo muerto. Mira qué pelos, por favor.
-         Y porque no tiene más fotos, pero no sabes con qué pintas que viste la colega. - le dijo la sartén al cazo, aparta que tiznas.
-         ¿Y sólo tiene 15 amigos? Bueno, claro, que siendo tan fea, bastantes son.
-         Ese es su padre.
-         ¿Este rapado? Huy, pues está muy interesante... ¿y es su padre? ¡Por favor! ¡¡Qué “loser”!!
-         Yo porque mis viejos no tienen FACE, pero imagínate, yo no los agrego ni loca. Pa que vean to lo que hago y to lo que digo. – di que sí, hija, mejor que no lo sepa nadie.
-         Es muy “loser” agregar a padres en el FACE, pero te digo una cosa, en este caso, es peor por el padre. Con lo bueno que está, tener una hija tan adefesio. Yo le decía “mira hija, lo siento, pero no te agrego”
-         Hala, tío, ¿te imaginas? Qué cruel.
-         ¿Y qué prefieres ser cruel o ser súper “loser”? - he ahí el choni-dilema.

En esto que mi madre se monta en el coche y da un portazo, como de costumbre. Me saca de mi ensimismamiento, pero el olor a pan caliente hace que lo perdone todo.

-         He comprado una barra normal y una integral ¿tú que quieres? – me dice
-         ¿Yo? No ser una “loser”, mamá, no ser una “loser”.


* Nota al margen, hoy en día todos estamos familiarizados con el inglés, pero por si acaso me lee mi abuela o algo parecido. La traducción literal de “loser” es perdedor, adjetivo peyorativo que en América es muy común, pero yo prefiero mil veces la expresión más castiza "ser un pringao."

lunes, 18 de julio de 2011

meme "la última vez que..."

En este blog he hecho pocos, pero me gustan los memes. Así que robo este de por ahí y me lo quedo. E invito a todo el mundo a hacer lo propio.

Lo último que has comido
Unos dulces. Soy golosilla en general, pero hay días en los que vendería mi alma a cambio de chocolate. Así que acabo de zamparme unos bizcochitos con una chocolatina y unas galletas de frambuesa y chocolate negro.

La última ropa que te has puesto
La pequeña parte pudorosa que me queda, me invita a no decirlo. Pero la ignoro. Después de ducharme, una camiseta de tirantes desgastada para cenar e irme a dormir. Glamour a tope.

Lo último que te has comprado
¿Comida? ¿El pan? Ni idea. Como algo un poco mejor, un vestido de Mango. Y no es comprado exactamente. Le regalaron a mi abuela un foulard de esa marca horroroso. Y como ella no lo quería y la ropa de esa tienda no le vale, me lo dió y me dijo, que lo cambiara y con ese dinero, cogiera lo que quisiera. Y encontré este vestido, del que me enamoré tanto, que puse 10 eurillos extra y me lo traje a casa.

Tu último beso y/o abrazo
A Ron, le doy besitos todos los días. Él a cambio me lame con su áspera lengüecilla y me da cabezazos.  En cuanto a otro tipo de besos o abrazos, no me acuerdo. Supongo que fue a A, pero hace meses ya de aquello.

El último “te quiero” que has o te han dicho
Pues a parte de a mi madre y a Ron… creo que fue a mi amigo-gurú Seis, que en persona se lo digo casi siempre y por mail hace unos días me dijo: “te quiero. Lo sabes, pero a veces está bien decirlo” y yo le contesté textualmente: “…y yo también te quiero. Si no te quisiera a ti, ya si que me preguntaría si sigo viva o he muerto del todo.”

La última vez que te has reído
Pues siempre se he sido bastante risueña, pero es que encima, me río mucho últimamente. Esta noche mismo, con una chorrada que ha dicho mi padre y de la que ahora mismo no me acuerdo. Y esta mañana, jugando con Roncete en la cama.

La última vez que has llorado
Ayer por la tarde, de dolor de ovarios.

La última vez que te has enfadado.
¿Enfadarse? ¿qué es eso? Desde que vivo sola me enfado menos. No tengo nadie con quien hacerlo. A veces me mosqueo, obviamente, pero se me pasa, porque me voy a mi casa y me calmo yo solita.

La última vez que has pasado vergüenza.
Pues como hace mucho que no compro condones y que no salgo a tender en sujetador, no lo sé. No soy muy de avergonzarme. Aunque sí soy propensa a la vergüenza ajena. Cuando no salgo por las mañanas y ya he terminado de limpiar y demás, pongo la tele y al final nunca resisto la tentación de pinchar telecirco y ver “chulos, putones y viceversa”. Pero a los cinco minutos estoy totalmente acalorada, roja como un tomate y mirando al suelo, murmurando “diosmíoquéhorror, diosmíoquéhorror…”. Así que lo quito. Y al rato vuelve mi lado masoquista y vuelve a ponerlo, me vuelvo a avergonzar, lo vuelvo a quitar… y así hasta que me levanto y me voy a hacer la comida o cualquier cosa que me aleje definitivamente de la bazofia humana. Y paso vergüenza de verdad, lo juro, aunque sea ajena.

La última película que has visto.
Bueno, entre que no voy al cine y que soy perezosa para las descargas, últimamente no veo muchas pelis nuevas. Además soy muy fan del cine clásico, de películas antiguas, del blanco y negro, de cosas raras. El sábado por la noche, en casa de mis padres vimos “Alguien voló sobre el nido del cuco”, en la sexta 3. Me encanta esa cadena. Y la peli, pues no está mal, pero estábamos cenando y hablando a la vez así que no le presté toda la atención que me gusta prestar a las pelis. Ver en plan de sentarme a comer palomitas, “Volver” de Almodóvar, y me encantó.

La última fiesta en la que has estado.
La boda de mi amiga del sur. Aunque sería muy generoso llamar “fiesta” a eso. Y no es que me lo pasara demasiado bien que digamos. Pero es que no me acuerdo de ninguna anterior. Jo, qué triste.

La última vez que has bailado.
En público, de nuevo en la boda de mi amiga. Pero casi a diario bailo por mi casa mientras limpio, o cuando me visto, o cuando cocino…

La última vez que te has emborrachado.
Nunca jamás me he emborrachado. Ni he tomado una copa. Abstemia, abstemia, abstemia…

El último libro que has leído.
La verdad de los secretos, de Sharon Shinn. No está mal. Es un cuento que trata del paso de la niñez a la adolescencia y la juventud, sobre la importancia de la verdad y de los silencios. Y sobre todo tiene un punto de fantasía muy agradable y la historia y los personajes irradian mucha dulzura.

La última persona con la que has hablado.
Mi madre. Me ha llamado por teléfono a ver si sobrevivía a los envites mis propios ovarios y la acompañaba esta tarde a comprar.

El último mensaje que has recibido.
El de chicososo que conté en el post anterior.

El último sueño que has tenido.
Hoy en la siesta uno muy raro. Estaba yo de viaje y paraba en una casa que resultaba ser de los padres de Ross. Y estaba con ellos tan tranquila cuando llegaba toda la familia del desequilibrado. Muy chungo el asunto. Mejor no analizarlo en plan Freud.

viernes, 15 de julio de 2011

recuerdos selectivos

Yo pensaba que tenía buena memoria. Y creo que más o menos, la tengo. Pero soy un poco selectiva. Si almacenase en mi cabeza absolutamente todos los detalles de todo, me explotaría. Por eso pienso que todos seleccionamos recuerdos. Los que nos marcan, los que nos afectan, los que cambian el rumbo de nuestra historia. Como supongo que pasa con las personas. Vale que yo he sido un poco golfa, pero recuerdo hasta cierto punto a todos los chicos que han pasado por mi vida. Sólo que con matices. De algunos recuerdo todo, su olor, el tacto de su pelo, el tono de su voz, cada uno de los besos que me han dado. Y de otros recuerdo vagamente su paso por mi vida.
Lo curioso es que a veces uno cree que todo es completamente recíproco y no. No lo es. A veces alguien que para ti ha sido importante, no piensa lo mismo y tú no has significado nada para él. Y otras, alguien que tú crees que pasó sin pena ni gloria, te recuerda con arrobo. Psssss, son cosas que pasan.
Y digo esto porque en cosa de un par de días, dos chicos de los que yo considero que estuvieron de paso, me han dicho lo mucho que me recuerdan. Y eso que son historia antigua.
Uno de ellos es un chico del sur. Chicoguapo y yo compartimos una noche de besos con 17 años. Ya ves, qué importante. Pero hace poco me agregó al facebook. Y nos pusimos a hablar, que si cómo va esto, lo otro, tal y cual, nada del otro mundo. Hasta que me recuerda la noche de marras. Y le digo que sí, que me acuerdo, claro. Pero él me empieza a dar detalles que a mí me suenan de una forma más que vaga. Que si esa noche (de la que recuerda la fecha) yo llevaba tal ropa, y tal colonia y que bailamos no sé qué canción. Pues vale, lo que tú digas. Y él sigue a lo suyo. Que si se acuerda mucho de mí, que yo le gustaba mucho, que se quedó con ganas de que intentásemos algo más pero que yo iba por libre. Y me surge la interrogación y la desconfianza. Anda ya. Esto son técnicas extrañas de ligue, a mí no me la das. Y más cuando me dice que si quiero se viene un fin de semana a verme a Madrid y lo pasamos juntos. Ahhh, este lo que quiere es folleteo, que obviamente, con 17 años no lo tuvo. Todo claro.
El otro es el Soso, del que conté una anécdota no hace demasiado. Pobrecico mío. Este sí que me quería y yo pasaba de él porque me aburría. El caso es que este pobre sí ha dado siempre más que señales de que le dejé huella. Y no sólo a mí, muchos amigos comunes me lo han dicho.
Lo que ha pasado con este es que ayer bajaba yo al despacho de mis padres a llevar una documentación cuando un tipo desde un coche se me queda mirando. Como llevo unos pantalones blancos que me quedan pequeños, no le doy excesiva importancia. Pero el menda está a punto de estrellarse de morros con otro coche que le pita por seguir mirándome e invadir el carril contrario. Yo me río un poco por lo bajini pensando una vez más que el verano pone muy mal a la gente y sigo con mi trabajo. Llevo la documentación, hago un par de cosas en el despacho y me voy con madre a tareas más mundanas, como comprar tomates. Al rato me llega un mensaje al móvil: “hola Naar, te he visto antes en el barrio pero yo iba conduciendo. Me ha gustado mucho verte, sigues preciosa. Y que si un día te apetece nos podíamos tomar algo en bardondeibamossiempre. Un beso”. Suelto un bufido. Mi madre se ríe. Me guardo el móvil e ignoro el mensaje hasta hoy, que le he respondido que no me fijé si era él, pero que bueno, que podríamos vernos. Primero porque no tengo claro que al final lo hagamos. Puede que quede en eso que se dice siempre, ese “a ver si nos vemos” que nunca acaba en cita. Y si al final me llama, pues porqué no. Estoy más aburrida que una mona, no creo que este chico consiga aburrirme más aún de lo que estoy en general. Y total, un refresco en una terraza no puede hacer mal a nadie. Y si me aburro soberanamente, pues no volveremos a quedar y punto. Perderé un rato de una tarde, como mucho.
Resumen, uno posiblemente sólo busca sexo. El otro, igual también, pero sobre todo busca amor. Y me dan una pereza los dos que me muero. Y además me da por pensar. ¿sólo se nos enquistan las cosas que no conseguimos? ¿Seguimos obsesionados por las cosas que se nos resistieron en el pasado? Y una vez que las conseguimos ¿qué? ¿Pasamos a otra cosa? ¿Nos vamos a por otro reto? ¿Nos conformamos y nos ponemos tan contentos? Quién sabe.

En cualquier caso, yo últimamente estoy demasiado perezosa para nada de esto. Muy ocupada mentalmente para el sexo. Muy acorchada emocionalmente para el amor. Dedico la mayor parte de mi tiempo en recrearme en mí misma, en dedicarme al amor propio. Y no hablo de masturbación, guarros. Hablo de dedicarme tiempo a mí misma, mucho tiempo, todo el tiempo que durante años me han absorbidos los trabajos, las mudanzas, mi relación destructiva con el desequilibrado. Estoy recomponiéndome, reconstruyéndome, rehaciéndome. Y no tengo tiempo, ni ganas, ni ánimos para asuntos pendientes del pasado, para tíos que se quedaron con ganas de empotrarme o de que les quisiera o de vete a saber qué. Que cada uno se cure sus traumas, que bastante tengo ya con lo mío.

miércoles, 13 de julio de 2011

gracias por nacer

Ya he dicho alguna vez que tengo tendencias bipolares. Por eso paso del post anterior a este sin anestesia. Y últimamente tengo el corazón acorchado, pero en días como este, hay un pinchacito incómodo que me recuerda que aún puedo sentir dolor si me descuido. Total, post absurdo y blandengue. Diabéticos abstenerse.

A veces me da por ponerme sensiblona, calimera y estúpida y pienso que hay una persona para cada otra, que todos tenemos al amor de nuestra vida por ahí, hasta que un día lo encontramos. Y que le queremos desde siempre, sólo que no lo sabemos hasta que caemos en sus brazos y sentimos cómo el mundo se detiene. Otras veces tengo, como me dice mi amigo el Gordito, el colmillo retorcido y creo que el amor es una patraña que nos han contado y todos, como gilipollas, nos hemos creído.
Pero sea como sea, el caso es que pasa el tiempo y le echo de menos. Me duele su ausencia como si me faltara un pedazo de mí misma. Como si me hubieran arrancado un trozo de alma. Como si se lo hubiera llevado el día que salió por mi puerta para no volver. Como si aquellas últimas palabras que le dije “adiós, mi vida” hubieran sido más que premonitorias.
Y más hoy, que cumple años y por primera vez en muchos años no voy a darle las gracias por haber nacido y haber cambiado mi mundo.
Sé que no puedo, que no debo decirle que aún le quiero, que aún le espero, que aún guardo la esperanza de que terminemos juntos. Pero hoy, por ser el día que es, me doy una tregua. Me levanto a mí misma, mi propia orden de no pensar en él y dejo que su recuerdo me invada.

Total, Ross, mi amor, que muy feliz cumpleaños. Y que gracias por haber nacido, por haber cambiado mi vida, por haberme hecho feliz, por haberme hecho sentir el amor más grande que nunca pude imaginar. En resumen, gracias por existir, el mundo es un lugar mejor porque tú estás en él. Y este año no te lo diré en persona, ni por teléfono, ni por mensaje. No lo oirán tus oídos. Pero no me importa. Tú me dijiste hace años que nuestros corazones siempre estarían juntos. Y aún lo están. Así lo siento yo y así lo sientes tú, lo sé. Por eso, lo diré muy, muy bajito, sólo con la voz del mismo corazón, sólo para que el tuyo, que está a su lado, lo oiga: que seas muy feliz, amor mío. Y que te quiero y te querré hasta que me muera, como te quiero desde el día en que naciste, hace hoy 28 años. Una vez más, gracias por ser tú.

lunes, 11 de julio de 2011

el día de la no boda

Esta tarde he salido a pasear por el parque de al lado de mi casa. Una vez que he aprendido a caminar sin dar la mano a nadie, le he encontrado la gracia a pasear sola. Así que, ahí iba yo, con mis pantalones de bolsillos, mis deportivas de tela estampadas de flores y el pelo suelto mojado hasta la cintura ondeándome con el viento. Feliz como una patata. Sintiéndome libre. Libre y feliz que te cagas.
Y en esto que me he puesto a pensar. La vida es… curiosa.
Se supone que yo el sábado me tenía que haber casado. Y cada vez que lo digo, me da la risa. No me pongo triste, ni lo digo con pena, ni con rencor, ni con resentimiento. Me hace gracia. Así de simple. Voy a repetirlo: me tenía que haber casado. ¿A nadie más le hace gracia? ¿No? ¿Sólo a mí? Jo.
Bueno, da igual. Ya expliqué el asunto hace tiempo. Y el caso es que la fecha que pensamos, fue esta, el 9 de julio. Obviamente, aquí no se ha casado nadie. Al menos yo no. Y durante estos meses, desde que el desequilibrado se fue, siempre he estado segura de que hice lo correcto. Hasta en los peores momentos, he tenido claro que no éramos el uno para el otro y hubiera sido un error seguir adelante con semejante majadería. Pero aún así, cuando esta fecha empezó a acercarse, me dio por agobiarme. Pensaba que igual llegaba el día y me daba el bajón. Pero no. Qué va. Todo lo contrario.
Ha sido un fin de semana muy tranquilo, pero muy feliz. Lleno de sensación de estar en el buen camino. A pesar de todo lo malo, de los momentos complicados, de enfrentarme a todo solita. A pesar del caos. A pesar de los pesares, todo va bien. El sol que sale entre las nubes, la luz al final del túnel. La seguridad de que lo mejor está por llegar. Las riendas de mi vida entre las manos otra vez. El corazón acorchado, pero sin un insoportable dolor a diario.
Y sé (o creo al menos) que el desequilibrado no conoce este blog, pero por si acaso, le voy a dejar un mensaje: Lo siento. Siento haber aceptado a regañadientes, siento haber cedido al chantaje, siento el daño que te pude causar. Siento no haberte querido como hubiera debido. Siento mucho que me perdieras. Y sobre todo, siento haber pasado tantos años contigo sabiendo que nunca me quisiste. Pero no siento que te fueras. No siento haberte perdido. No siento, en absoluto, haber decidido no casarme contigo. Y no siento el hecho de no extrañarte, de no echarte de menos, de no sentir tu ausencia. Y sobre todo, sobre todo, no siento el ser más feliz ahora de lo que era contigo. Así que no, no siento haberte perdido. Gané mucho con perderte. Gané mi libertad, mi autoestima, mi yo interior, mi capacidad de ser feliz, de levantarme con una sonrisa, de ilusionarme. Gané mi vida. Así que de nuevo lo siento, cariño, pero ha sido maravilloso perderte.

viernes, 8 de julio de 2011

objetivos de verano

Los veranos molan mucho. Sobre todo en los anuncios de cerveza, de coca-cola o de zumos. Ahí la gente va a playas chachis, baila hasta el amanecer y ligan como posesos. En la vida real, los veranos son un poco rollo. Hace calor, estás cansado y pegajoso y no hay mucho que hacer. Al menos en mi vida.
Para este verano tenía dos objetivos: echar un kiki en la terraza y tener un amorío con un extranjero guapo. Y podría hasta ser magnánima y que propio extranjero me diese lo mío en la terraza, ahorrando así el trabajo de conocer a dos tipos distintos.
Sé que aún queda tiempo, sólo es el principio de julio, pero las cosas no pintan bien. Salgo poco, no tengo muchos amigos y al parecer ningún francés guapísimo está dispuesto a llamar a mi timbre y empotrarme en la terraza mientras me dice guarradas que no entiendo, pero que ardo en deseos de oír.
El caso es que necesito despejarme, salir, conocer gente, bailar aunque lo hago de pena. Necesito que un tío quiera ligar conmigo. Y necesito imperiosamente que me cojan de la cintura y me peguen un beso de esos que hacen historia.
Pero bueno, da igual. Ya se me pasará. Son las hormonas, supongo, como siempre.

lunes, 4 de julio de 2011

de vuelta

Ya estoy de nuevo aquí, en mi casa, en mi sofá, en mi pijama y con mi gato al lado. Parece mentira, como Madrid, que siempre ha sido mi casa, se ha convertido, a fuerza de años y de vida, en mi hogar también. Porque hasta lo echaba de menos, y no sólo por volver a vivir en el siglo XXI, con Internet, televisión, agua corriente dentro de casa y varios baños disponibles. No. Es que este es más o menos mi sitio. Al menos de momento. Es mi casa, mi vida, mi pijama, mi sofá, mi gato. Mi. Todo mi.
Por otro lado, los días en el sur han sido estupendos. Yo siempre estoy a caballo. Allí echo de menos mi Madrid. Aquí echo de menos mi sur, mi gente, mis amigas que son medio hermanas, mi acento andaluz que me sale en cuanto subo Despeñaperros. Pasé primero unos días con hermanagrande, su marido, sus hijos y su sobrina. Celebramos el cumple de hermanaguapa, echando unas risas y tomando cervecita y caracoles al relente de la noche.
Y luego llegó la boda. Hermanaloca estaba guapísima, y su marido para comérselo. Bailamos rumbas y reímos viéndolos bailar la coreografía de Dirty Dancing. Yo me emocioné porque estoy sensiblona y medio idiota, pero ahí estaban mis hermanas para abrazarme y mi cuñadogrande para hacerme sentir querida. Y por supuesto estaba el marido de hermanaguapa para hacernos reír a todos. Así que bien. Duro a ratos, como esperaba, pero bien.
Ahora toca volver a coger la rutina, descansar un poco, poner lavadoras a porrillo y hacer frente a las emociones fuertes que habrá en las próximas semanas. Y quizás, dentro de poco, nueva escapada.