jueves, 10 de noviembre de 2011

me la pela

Dentro de poco va a hacer un año que el desequilibrado salió de mi vida, pero fue un día como hoy el que decidí que había colmado mis límites, así que no iba a aguantar ni una más. A la siguiente que lió, le puse en la calle.
Y por aquello de que las desgracias nunca vienen solas, poco después, entró de nuevo el Ross en mi vida, aunque no tardó en volver a salir.  Y durante todos estos meses, desde que en febrero le mandé a la mierda sin billete de vuelta, le he echado de menos. Me ha dolido su ausencia. Y le he seguido queriendo y esperando a pesar de los pesares.
Sin embargo, hoy he dado un gran paso, así a lo tonto, si darme cuenta.  Se vé que el día de la Almudena es en realidad el día de los pequeños grandes pasos.
Todo ha empezado porque mi amigo Bombita me ha mandado un mensaje por facebook que decía “Naar, te confirmo que el Ross va a la capea con su novia, para que no digas que no te aviso. Y confírmame si vienes en bus o en coche o qué”. Mi respuesta ha sido sencilla: “Pa y yo vamos en mi coche. Lo del Ross ME LA PELA.” Y es verdad. Me la pela.
He llegado a la conclusión de que no quiero alguien así en mi vida. Que no me merece la pena un hombre tan cobarde, con tan poca sangre. Alguien sin carácter, incapaz de dar un solo paso por sí mismo. Alguien que engaña a la novia, me engaña a mí y se engaña a sí mismo. No, chaval, así conmigo, no. Me merezco algo mejor. Me merezco alguien cojonudo y no a ti.
Así que he cambiado de chip. Así soy yo. Que puedo aguantar lo indecible, pero que si un día se me cruzan los cables, aunque sea sin razón aparente, ya no hay marcha atrás. Y con el Ross hace tiempo que no la hay, pero desde luego, a partir de hoy no hay ni una rendija. Le querré, como quiero en el recuerdo a todos mis ex. Y punto. Ni más, ni menos.

A veces creo que lo que me unía tanto al Ross y me hacía quererle absurdamente era la idea de que ha sido el único chico que me ha tratado bien. Que me ha cuidado y me ha hecho sentir segura. Pero eso es porque es el único chico decente que ha pasado por mi vida. Porque yo elijo a toda clase de locos, cerdos y gilipollas. Me encantan los hombres inadecuados y al poder ser, peligrosos. Pero estoy segura de que hay por ahí algún tipo majo que estará dispuesto a darme todo eso que él me daba y mucho más. Fijo. Habrá por ahí algún chico que no quiera ser mi dueño, ni mi novio, si no mi compañero. Alguien con quien compartir y de cuya mano caminar por la vida. Y si no, me da igual. Me la pela bastante. Porque hoy, me siento libre. Me he quitado una carga extraña de encima. Hoy, por segundo año consecutivo gano una batalla. Conquisto un poquito más de terreno para mí misma.
Así que hoy, os recomiendo a todos decir esto de vez en cuando: ME LA PELA. Libera que te cagas.

domingo, 6 de noviembre de 2011

gatos asesinos?

Hace tiempo había un test chorra por ahí que se llamaba algo así como “¿tu gatito quiere matarte?”. Y es que los gatos a veces te miran con unos ojos de psicópata que dan miedo, lo reconozco. Y la gente se preocupa por los perros peligrosos. Ja. Eso es que no han conocido un gato peligroso, porque son diez veces más chungos.
Yo tengo la suerte de tener a Ron, que es un ángel. Si un gato con su envergadura, su fuerza y sus enormes garras tuviera la más mínima mala idea, podría conmigo sin duda. Pero este es un amor. Muchas veces, cuando le cojo y le pongo panza arriba, le digo que no es un gato, es un conejo. Y luego lo pienso y ni eso es justo. Yo me he llevado muchos más mordiscos y arañazos de conejos que de Roncito. Total, que lo mío es suerte y lo demás tonterías.
Alguna vez he contado que el Ross tenía una gata que yo adopté y le regalé cuando tenía apenas 10 días y no podía ni ponerse de pie. Pero desde que lo consiguió, se convirtió en un infierno de animal. Era súper agresiva. Y encima me odiaba. Me arañaba, me mordía, me bufaba. Me hacía la vida imposible, la cabrona de la gata. Y no sólo es que me odiara a mí. Es que a todo el que iba a su casa le declaraba la guerra. Se erizaba, empezaba a bufar y a tirarse a los pies, a morder los tobillos con furia y hacía recular a cualquiera. Y que no se te ocurriera quedarte mirándola, que te soltaba un zarpazo a la cara sin pensárselo. Estaba poseída por Satanás, en serio. Yo la temía.
El caso es que Ron nunca había dado indicios claros de querer matarme. A veces me caza los pies para que juegue con él y me hace tropezar, pero nada que me ponga en un riesgo claro y evidente.
Hasta ayer por la mañana. Estaba yo soñando que me había ligado a un tío buenísimo. Pero estupendo de verdad. De los que no me he ligado nunca en mi vida real, vaya. Y me lo llevaba a mi casa para empotrarle contra una esquina, obviamente. Lo raro es que estaba empezando con mis planes violadores cuando veía que nos reflejábamos en un espejo, y eso es imposible porque en mi casa no hay espejos más que en los baños. Pero bueno. Como que eso me daba igual en el momento. Así que me puse a desabrocharle la camisa al estupendo cuando empecé a ahogarme. Literalmente. Que no me entraba aire. Que trataba de respirar y no podía. Horrible. Así que me desperté, totalmente angustiada. Y al abrir un ojo, descubrí el problema. Estaba dormida de lado y mi gato me había tapado la nariz contra la almohada con una pata.
Cuando me conseguí zafar y el oxígeno volvió a mi cuerpo, pensé que eso era un claro intento de asesinato. Pero luego ví el reloj. Y  la conclusión es que el pobre Ron debía llevar un rato tratando de despertarme con cabezazos y caricias de las suyas, pero yo le había ignorado en mi triste intento de recordar lo que es un hombre. Luego me enfadé un poco con Ron por chafarme el plan. Que ya ni en sueños me salen bien los amoríos, hombreyá.  
Total, que me levanté para dar de comer al único amor que tengo, mi gatito asesino. Y mientras desayunaba, deprimida totalmente con el día lluvioso, mi experiencia cercana a la muerte y mi ligue onírico fracasado, Ron vino tan contento, ronroneando y con su hipopótamo rosa de peluche para que jugásemos. Si es un asesino, desde luego, lo disimula muy bien.  

martes, 1 de noviembre de 2011

concierto y la historia con el cantautor

Le estoy cogiendo gustillo a lo de la vida social. Como siga así, me convertiré en una juerguista. De momento, el sábado salí, anoche estuve en un conciertillo (que ahora lo cuento) y tengo planes para los dos próximos findes. Estoy que me salgo. A este paso, conoceré gente, me echaré novio y mis planes de ser la loca de los gatos se verán truncados. O al menos pospuestos.
Bueno, el caso, el concierto. Habrá quien se sorprenda si digo que nunca he estado en un concierto de verdad. De esos que canta gente conocida y van mogollón de fanses y hay que pagar entrada y todo eso. Me estoy haciendo social, pero mi fobia a las multitudes sigue en pie. Lo que pasa es que esto era distinto. No sé si me sigue algún madrileño, pero el sitio  es mítico. Y además es pequeñito y no iba mucha gente, más que nada, porque a mi amigo Cantautor no le conocen más que en su barrio y en su casa a la hora de comer.
Total, que Anita y yo nos animamos a ir. Y justo antes de entrar estábamos tomando algo en una terraza, porque está siendo un otoño raro, cuando he visto que a nuestro lado estaban los que iban a cantar. Así he podido hablar con Cantautor unos minutillos antes del follón y de subirse al escenario. Me ha gustado verle y escuchar su voz. Me ha gustado verme otra vez en sus ojos marrones y verle sonreír. Me ha gustado recordar nuestra historia, contándosela a Ana cuando él ya se ha ido a preparar el escenario.
Voy a poner el relato de la misma, que lo publiqué hace años en aquél blog súper privado que a veces me dan ganas de retomar y que unas pocas privilegiadas quizás recuerden aún. Y además de esto, Cantautor también es del que hablé aquí.

Cantautor fue un compañero de facultad, muy del estilo setentero de mi universidad, que paseaba siempre con la guitarra al hombro y cantando canciones de Ismael Serrano. No era muy guapo, parecía sólo un chico más, con los rizos largos y sus canciones.
Yo le gustaba, me lo dijeron. Pero yo andaba liada con un menda guapete y fumado del que quizás hable otro día. Así que Cantautor siguió ahí, con sus canciones y sus historias, mirándome de ese modo especial, diciéndome que teníamos que ir a Madrid a tomar café a sitios de esos donde hacen actuaciones, donde la gente cuelga sus cuadros o donde uno se sienta en alfombras a fumar en pipa de agua. Esos sitios donde ahora actúa el. Y hablábamos, sentados en los pasillos, cigarros a medias y sentimientos a flor de piel. Yo escuchaba sus canciones, él leía mis cosas. Yo le tarareaba como una grupie, él me decía, ojalá las palabras me quisieran tanto como a ti. Y yo me reía, que no, ya quisiera yo hacer poesía como tú. Y me miraba con ternura, con sus ojos marrones, tan suaves.
Hubo una noche, una de verano, que estaba yo con una amiga en una casa medio abandonada que tenía por mi barrio y que usábamos como refugio los fines de semana. Algún día tendré que hablar detenidamente de esa casa, por cierto. El caso es que estábamos allí, más aburridas que monas, hablando de poesías y cantando canciones. Hasta que llegó una que no nos salía. Sí, hombre, esa que habla de un hombre que se enamora de una colegiala. Sí, de Ismael Serrano, de aquel disco que tú tenías. Sí, aquella, ¿cómo decía? Que al final el tío termina medio loco o algo así por que se enamora mucho de la niña. Sííííííí… ¿cómo era?
Y tras muchos intentos fallidos, le dije a mi amiga, no te preocupes, Cantautor se sabe todas las de Ismael, le llamo y que me la cante que si no, no duermo. Son las dos de la mañana, pero fijo que aún anda por ahí.
- Cantautor, tío, necesito un favor. Vas a pensar que estoy loca…
- Yo sí que estoy loco por ti.
- No seas tonto… - sonrisa de boba – escucha, necesito que me ayudes.
- Lo que digas, princesa.
- Sabes la canción de Ismael Serrano, esa que se enamora de una niña y lo cuenta y al final le echan del trabajo y le deja la mujer y eso porque está con la nena…
- Sí.
- Necesito que me la cantes.
- ¡¡No puedo!! Estoy con mis amigos, se reirían de mí.
- Jooooooooo, por favor, llevamos horas dándole vueltas, y he pensado en ti…
- Yo sí que pienso en ti, pero ahora no puedo.
- Joooooooo
- Ya hablamos, reina. No dejaré hoy de pensar en ti en toda la noche.

Colgué un poco frustrada. Nada, que no me la ha cantado, que tenemos que seguir a ver si nos acordamos. Jo. Decía algo del uniforme. Y de que él va a buscarla a la escuela. Diossssssssss, cómo era la puñetera canción. Me vuelve a llamar, espera que es él otra vez.

- ¿Sí?
- Mi vida empezó aquel día…

Y cantó durante unos minutos, con su voz dulce, con un puntillo a lo Serrat y su intento de ser Sabina. Yo al otro lado, con cara de mema otra vez. Cuando terminó, le di las gracias, me dijo que era un placer cantarme bajo la luna o una chorrada de esas que se le ocurrían y colgamos.
Mi amiga me dijo que me gustaba ese chico. Pero no, qué bobada, cómo me iba a gustar. Ya ves, qué tontería. La taquicardia era por el calor repentino que hacía y la sonrisa por haber conseguido acordarme de la canción y… las ganas inmensas de verle y abrazarle, el más sano agradecimiento… ¿o no?

Pues no, porque una hora más tarde, me llamó y me dijo, ya lo sabes, pero me gustas mucho. Me encantas, sólo te llamo para darte las buenas noches y decirte que yo hoy soñaré con los ángeles, porque me voy a la cama pensando en ti y no soñaré nada más que contigo. Y que estoy colado por ti, y me da igual todo, quiero quedar contigo y besarte y no me va a importar nada.
Y quedamos, claro. Quedamos y tomamos té de azahar y fumamos en pipa de agua. Paseamos por Madrid, nos sentamos en el césped frente al Palacio Real, me cantó bajito una canción suya que me encantaba, “báilame al agua, báilame…”  Y caminamos bajo la lluvia hasta Príncipe Pío, bajo una tormenta muy suave que caía templada. Y nos besamos bajo la lluvia y nos dijimos que después del verano y los viajes que empezaban al día siguiente, hablaríamos.

El final es un poco triste, para variar. Mis historias, sobre todo de amor, siempre acaban mal. Pasó el verano sin que pudiéramos vernos apenas, viajando y tal. Luego, el monstruo me dio un susto amenazando con volver a mi vida. Tuve problemas con otro de los psicópatas que han pasado por mi vida. Y no quise involucrarle. Al pobre Cantautor, todo sensibilidad, no podría cargar con aquello. Quise protegerle y no le di explicaciones. Así que nunca volvimos a tocar el tema. Nunca volvimos a besarnos.
Y yo seguí caminando, con paso firme, como siempre, por mucho que me tiemblen las piernas. Meses después empecé con el Ross, me enamoré perdidamente de él y dejé que Cantautor fuera sólo un hermoso recuerdo. Pero a veces, esas noches solitarias de verano que no tengo nada que hacer, me digo, qué será de él, en qué oído cantará ahora, se acordará alguna vez de que pasé por su vida como yo recuerdo que él pasó por la mía. Y cuando oigo algunas canciones, el eco de su voz suena en mi cabeza.

Para colmo, en el concierto, ha cantado aquello de “báilame el agua, báilame”, eso de “camino de la facultad todo sigue igual hoy nada ha cambiado”… y todas esas cosas que me cantaba cuando nos sentábamos en la asociación cutre donde pasé mis horas universitarias. Y sé que nunca volverá a estar a mi lado. Puede que ni se acuerde de que me besó aquella noche, de que me cantó por teléfono, de que caminé de su mano bajo la lluvia. Pero yo le recordaré siempre. Y esta noche, el calor de su cuerpo al abrazarme, su brazo en mi cintura y su mejilla contra la mía me han hecho tiritar. Su sonrisa, tan franca, tan sincera. Por primera vez en mucho, muchísimo tiempo, el corazón se me ha estremecido de nuevo. Porque puede que haya sido la única historia con un punto de romanticismo absurdo que me he permitido en la vida. Y porque hay cosas que ni se deben ni se quieren olvidar.  

domingo, 30 de octubre de 2011

vida social

Anoche salí, cosa que es casi un milagro en mí. Soy reacia a salir. Así, en general. Tengo tendencia a la reclusión y una extraña querencia al sofá. Me gusta mi casa. Me gusta comer chocolate. Me gusta ser huraña y solitaria.
Peeeeeeeeeero… también soy humana y como tal, un ser social. Así que a veces me relaciono con otros seres vivos que no sean mi gato.
El caso es que el viernes estaba aquí en mi modo casero, con pijama, moño y calcetines de lana cuando a casi la una de la mañana, me sonó el móvil. Era A, que me invitaba a salir con sus amigos. Le dije que no porque era tarde para pasar por chapa y pintura, pero me insistió en que saliéramos al día siguiente, es decir, ayer. Como se había tomado dos copas antes de llamarme, pensé que quizás se le olvidara y yo podría pasar un típico sábado de los míos, en pijama, moño y calcetines de lana, viendo una película francesa y comiendo chocolatinas de menta.
Sin embargo, anoche estaba viendo la tele y atiborrándome a patatas fritas cuando me sonó el móvil. Y era A de nuevo. Que iban a estar en nosequé bar y que me esperaban allí.
Dudé durante mucho rato. Había cenado demasiado y llevaba toda la semana un poco floja física y emocionalmente. Así que luché conmigo misma. Y tras mucho pelear, me decidí a vestirme y pintarme los ojos. Me costó un triunfo, por absurdo que parezca. Pero lo conseguí. Mi vida se basa en ir ganándome batallas a mí misma poco a poco.
Y al final lo pasé muy bien. A es fantástico. A veces lamento que lo nuestro no funcionara porque, salvo la carencia absoluta de química sexual, nos llevamos de maravilla, tenemos muchísima confianza y lo pasamos genial juntos.
Así que anoche estuve un  bar ruidoso y abarrotado charlando con un grupo de semidesconocidos y pijos camuflados que nos sabían que cuando viene la policía se grita “agua, agua”. Me sentí como una expresidiaria o algo semejante, pero me reí mucho. Además tuve suerte de aparcar cerca y me encanta volver a casa conduciendo por la noche y cantando a pleno pulmón. Así que cuando a las cuatro y pico (hora antigua) me quité el rímel y me puse las pantuflas, me sentí extrañamente orgullosa de mí misma por haberme arrancado el pijama de pelotillas y haberme echado a la calle.
Y hoy es domingo de transición, entre la juerguecilla de anoche y el plan con Anita de mañana. Vamos a ir a Latina a tomar algo y ver cantar a alguien especial. Hoy, de momento, descansaré y aprovecharé a planchar un poco. Me quedaré en pijama y calcetines, abrazada a Ron en el sofá. Que no puedo llevar tanta vida social sin un poco de vida eremita entre medias para compensar.

miércoles, 26 de octubre de 2011

la capea

A parte de una loca de los gatos, soy una gran amante de los animales, cosa que ya es sabida por todos. Por eso estoy totalmente en contra de las corridas de toros, las vaquillas y toda clase de tradiciones rancias que involucran a pobres animales inocentes. Y dicho esto, admito que estoy planeando ir a una capea. Pero, antes de tirarme piedras, dejad que trate de explicarme.
Llevaba tiempo rumiando el montar una fiesta. Una súper fiesssssshta para celebrar que hace un año que puse al desequilibrado al otro lado de mi puerta. Pero el plan tenía lagunas. Si lo hacía en mi casa, tenía que reducir el número de invitados. Por aquello del espacio vital y eso. Y si quería invitar a mucha gente, necesitaba otra estrategia, tipo casa rural o semejante. Muy chungo el asunto. Y estaba yo ahí, dando vueltas al tema cuando el otro día mi amigo Bombita me dice que está organizando una capea para celebrar el cumple del Gordi. En las mismas fechas que quería yo hacer lo otro. Así que me pareció perfecto: todos mis amigos y muchos más reunidos para pasar el día. En sitio grande y al aire libre. Sin destrozarme la casa y sin tener que dejar de fumar para entrar en un sitio.
Así que le dije que me apuntaba y que de paso, celebrábamos lo mío. Poco a poco se ha ido ampliando el grupo. Y ahora somos como ciento y la madre. Así que casi, hasta perdono lo de la vaquilla.
Yo no participaré en el plan de vacilar al pobre bicho y sigo en contra del asunto. Pero soy débil. Necesito una fiesta. Necesito ver a mis amigos. Necesito juntarme con gente a porrillo y hacer un rato el memo. Necesito aire de campo, ponerme botas y jersey gordo y pasar el día a cielo abierto.
Espero que compense. Y que lo mucho que quiero, cuido y respeto a los animales, me redima del hecho de ir a una capea.

lunes, 24 de octubre de 2011

qué será, será...

He tenido un fin de semana… complicado. Sí, eso. “Complicado”. Eufemismos al poder. El caso es que, en tiempos difíciles es cuando más cuenta me doy de que tengo suerte. Suerte de ser quien soy y de tener lo que tengo. Y suerte, sobre todo de la gente que me rodea. Son poquitos, pero porque son tan valiosos, que son como un millón de amigos concentrados. Una vez más tengo que decirlo: Anita, te quiero. Gracias a ti el domingo no ha sido un infierno y he podido hasta sonreír. Sé que tú no crees mucho en Dios, pero yo sí y por eso sé que eres un ángel. Espero que nunca me necesites tanto como yo a ti, pero si es así, sólo deseo estar a la altura.
Tras esta reflexión, me asaltan las dudas, para variar. Si ella es un ángel y yo… bueno, yo soy un petardo, pero tampoco soy una mala persona, ¿por qué sólo damos con tíos tan gilipollas?
Así, haciendo cálculos, entre las dos juntamos a un buen puñado de imbéciles, locos, desequilibrados y pirados diversos. ¿Somos nosotras que los atraemos? ¿Tenemos un puñetero don? ¿Nos ha mirado un congreso de tuertos? ¡¡Pero qué mierda nos pasa!!
La otra opción es que el número de capullos por metro cuadrado sea tan elevado que todo se reduzca a un tema de probabilidades. Pero aún así, es una jodienda que nos toquen tantos a nosotras y haya tías lerdas que dan con uno majo a la primera de cambio.  
Ahora la cuestión es: ¿quedará algún hombre medio normal para nosotras? ¿alguno no loco, no cerdo, no gilipollas? ¿alguno que nos quiera y nos trate como nos merecemos? ¿o será el celibato y las manadas de gatos nuestra única salida? ¿somos carne de soltería y vejez solitaria y amargada? ¿nos daremos al lesbianismo cuando encontremos una solución al tema del gusto por los penes?
En fin, me temo que sólo queda aquello de seguir caminando, que es el lema que me repito cada día y el espíritu con el que le puse el nombre al blog. Aquello, del qué será, será. De confiar en que, quizás, más adelante estará lo mejor.

Y mientras, a recuperarme del último envite de la vida. Y gracias a las galletas y la sopita de Ana, será más fácil. Gracias, nena. Gracias por todo.

jueves, 20 de octubre de 2011

vampiros deslavazados

Últimamente hablo compulsivamente de hombres, parece. Y puede que sea por compensar. Ya que en mi vida el único macho es Ron, tengo que plagar mi blog de los hombres que me faltan. De todos modos esto no es exactamente lo mismo.
Voy a empezar diciendo que los vampiros me dan cierto morbo. Pero de toda la vida, no desde esta moda que nos ha invadido de unos pocos años acá. Ya me gustaban de cría, ante el horror de mis compañeros de colegio. Y desde luego, me ví como mil veces “Entrevista con el vampiro” cuando era adolescente. Ese Tom Cruise estirándose los encajes de la manga. Ese Brad Pitt con los ojos amarillos y los dientes largos. Grrrr. Terribles ambos. Terriblemente atractivos-eróticos, digo.
Peeeeeero… ya en aquél momento me cabreaba un poco lo de que Brad Pitt estuviera tan torturado con el hecho de ser vampiro, de ser inmortal, de ser malo. Huy, que horror, que mordisqueo gente y puedo hacer cosas malas, leer pensamientos, tener una fuerza sobrehumana y todo eso. Fíjate, que no envejezco, qué terrible. Anda ya, cansino. Siempre estuve de parte del personaje de Lestat cuando le dice que es un plasta y un melodramático.
Sin embargo, por alguna razón, ha triunfado el rollito de vampiro compungido de la no-vida. Como máximo exponente, el de la saga crepusculera. Qué chico más pesado, la virgen santa. Todo el tiempo dándole vueltas a lo mismo, que si qué horror ser joven, guapo y blanco níveo eternamente. Qué terrible tener instintos de morder cuellos y chupar sangres. Así que me alimento de tofu para vampiros. Vaya plasta de tipo.
Y me reconozco un poco fan (dentro de que yo no soy fan nada más que de mí misma) de la saga esta. En parte, porque soy una persona profunda y cultureta hasta el aburrimiento propio y de los que me rodean. Y de vez en cuando necesito cosas sin sentido filosófico trascendental que me entretengan y me saquen de mi espesez mental. Por eso me molan estas pelis, que en realidad, no tienen nada de importante, son sólo el sueño de cualquier tía, dos macizos pegándose por ti, ambos enamorados, entregados y con un punto oscuro y fuera de lo normal. Y más siendo como es la protagonista, vulgar, sosaina y un poco bizca.
La primera película de la saga, la vi un poco a regañadientes, pero me gustó mucho. La última escena es brutal. La segunda peli me gustó… pero me pareció un poco floja. Y la tercera me encantó, pero me generó dudas. Como yo soy una descreída del amor, no me cuela eso de que la tía esté tan enamorada del vampiro compungido como para no cepillarse al hombre-lobo. A ver, so lerda, qué parte te pierdes. ¡¡Fóllate al hombre lobo!! Por aquello de que está vivo, buenorro y caliente (en el sentido de la sangre caliente. Bueno, y en el otro también). Y luego, ya si eso, cuando estés hartita a polvos lobeznos, que te muerda el vampiro para preservar la belleza (escasita en este caso) y juventud mientras te crees el rollito de que al amor es para siempre. Que ya tendrás toda la eternidad para aburrirte de él y de sus remordimientos cansinos. Yo no me lo pensaba tanto, desde luego. Y encima el extraño acuerdo al que llegan es que él la muerde y convierte en vampiro si se casan. Pero vamos a ver, lo importante de todo esto es: a pesar de estar muerto y helado, ¿puedes consumar el matrimonio o la pava se casa virgen para nada? Que yo no sé si ella se lo ha planteado, con tanto amor y tanta parida. Que igual se casa con el vampiro deslavazado y se tira el resto de la eternidad sin un empotramiento como está mandado. Toda la eternidad arrepentida de no haberse apretado al hombre-lobo. En fin, espero que en las películas que faltan por estrenar disipen mis dudas al respecto.
Para colmo ahora me he puesto a ver una serie que se llama “casi humanos”. Y va de un hombre lobo (muchísimo menos atractivo que el crepusculero), una fantasma y un vampiro que comparten piso. Y vuelta a la misma historia. Vampiro atractivo y morboso que le da el rollo mental de “oh, qué horror, soy un monstruo, no quiero ir por ahí mordiendo cuellos y bebiendo sangre”. Venga coño, otro pesado. Y este trabaja de enfermero para robar bolsas de sangre del hospital y tomárselas en taza una vez que las calienta en el microondas, como el que se bebe un café mañanero. Pues vaya vampiro deslavazado y coñazo, oyes.
Y yo ya no sé qué pensar. Debo ser una pervertida, pero ¿lo importante y/o morboso de los vampiros no es precisamente que son malos, oscuros, seres del averno? ¿Lo sexy del asunto no es que muerden cuellos? ¿Que te chupan la sangre y todo eso? ¿No es lo que mola?
Así va el mundo, si los vampiros no quieren ser lo que son y se pasan la vida torturados y fustigándose. Si las pavisosas no quieren cepillarse a los hombres lobos. Y en este mundo pretendo yo encontrar un hombre de verdad. Si ya ni los vampiros son de verdad. Pues vaya tela.