domingo, 16 de diciembre de 2012

calimeradas de sábado noche

Al final los planes para el fin de semana se truncaron por razones ajenas a nuestra voluntad, pero sólo los hemos pospuesto. Pronto nos reuniremos los satánicos y haremos el gamberro hasta que se nos pasen las penas. Sí o sí.
A falta de mis gordos dándome amor, salí el sábado con una amiga. Me arreglé con esmero y salí a la calle. Todo un logro para mis tendencias agorafóbicas y sociópatas. No puedo decir que me lo pasara bien, pero por el mero hecho de que he perdido la alegría. No sé dónde la he puesto, tengo que buscarla seriamente porque me jode estar así. Yo no soy esta. Yo soy una persona más vital, más alegre, más fuerte. Yo no soy este ente ojeroso y demacrado que me mira desde el espejo.
Anoche mientras volvía conduciendo por un Madrid colapsado de gente, de coches, de luces y de más gente, me dio por pensar en ello. Sé que volveré a estar contenta y feliz. Sé que volveré a ser quien era. Lo que no sé es cuando. Porque he perdido mi alegría y no sé donde la he puesto. Puede que alguien, al hacer la maleta apresuradamente, se la llevara sin querer. Al fin y al cabo, le dije que se lo llevara todo, absolutamente todo, hasta que no quedara rastro de su paso por esta casa. De repente, tuve ganas de preguntárselo. Ojalá pudiera preguntarle si a él le sobra la alegría que a mí me falta, porque en ese caso es que se llevó la mía. Ojalá pudiera decirle lo bonita que está la puerta de Alcalá iluminada. Ojalá pudiera decirle que estuve en un sitio al me gustaría haberle llevado. Ojalá pudiera decirle que aún le echo de menos, quizás como amigo, quizás como compañero, pero que echo de menos hablar con él y contarle las cosas que me han pasado en el día. Ojalá pudiera decirle tantas cosas…
Luego volví a pensarlo. ¿Por qué iba a ser tan estúpida de querer hablar con quien no quiere hablar conmigo? ¿Por qué iba a echar de menos a quien posiblemente jamás se acuerda de mí? ¿Por qué iba a lamentarme de haber perdido a quien se alegra de ello?
No tiene sentido alguno. Y entonces, como de la nada, a la altura de Atocha, encontré la respuesta. Yo lo que tengo es un ataque de calimeritis. Ya hablé alguna vez de los momentos Calimero, esos en los que te paseas por ahí con tu cáscara de huevo en la cabeza preguntándote por qué el mundo te odia. Y yo estaba haciendo eso. Estaba haciendo el Calimero, con mis tristes ojos de pollo y mi cáscara lastimera sobre la cabeza. Oh, pobre yo, pobre, pobre de mí.
Y me dio la risa. Así, de la nada, cuando estaba enfilando la calle Embajadores, me dio por reírme. “Debo ser la tía más estúpida del mundo”, me dije. Desde el coche de al lado, un chico me miró, me sonrió y me guiñó un ojo. Y yo volví a reírme. “Lo llevas crudo, chaval.” Y seguí conduciendo, cantando a ac/dc y y viendo lo bonito que está Madrid lleno de luces.   
Y es que creo que una semana es suficiente. Una semana que ha pasado lenta y agónicamente. Una semana larga como un demonio. Una semana sin comer apenas, durmiendo mal y sin ser capaz de respirar con normalidad. Una semana sufriendo un dolor inexplicable. Y ya basta. Ya se acabó. Joder, hombre ya. Fuera cáscara de huevo, fuera enormes ojos manga de lágrimas chispeantes. Fuera agonías de pollo. La vida sigue. No, qué diablos, la vida comienza.
Y puede que vuelva a caer alguna vez en hacer el Calimero, pero lucharé con todas mis fuerzas, por pocas que sean. Me recordaré que se sale, que al fin, hay luz. Me recordaré que siempre sale el sol al día siguiente. Me recordaré que volveré a reír, volveré a soñar, volveré a ilusionarme. Me recordaré que el dolor físico se cura y el emocional se olvida. Me recordaré que volveré a comer y a llenar los vaqueros con mi culo celulítico. Me recordaré que la vida está llena de oportunidades y yo iré a por ellas. Me recordaré que sigo viva y que voy a seguir estándolo. Me recordaré que algún día volveré a ser feliz como era antes o más, y este mal trago habrá merecido la pena porque me habrá endurecido un poco más. Me recordaré a mí misma porqué no debo querer llamarle, no debo lamentarme, no debo echarle de menos. Y me volveré a reír, puede que sola, puede que acompañada, por haber sido una Calimera. Volveré a reírme hasta que coja de nuevo costumbre. Volveré a reírme hasta que sea feliz de nuevo.

viernes, 14 de diciembre de 2012

finde fuera porque debo ser buena amiga

Sé que tengo algo chungo que hace que todas mis relaciones fracasen. No soy lo bastante femenina, o lo bastante dulce, o lo bastante dependiente. Quizás simplemente no soy bastante. No nací para ser “la novia de”. Pero ha dejado de importarme. Yo soy otra cosa. Otra, no sé cuál, pero otra.   
Y como es algo que asumí hace años, el dolor se me pasa pronto. Demasiado pronto, quizás. Así que ya estoy recompuesta y caminando con paso firme. A veces, rasco la costra, hurgo un poco en la herida por el mero placer de sentir algo… y sigo adelante.
Lo bueno, lo maravilloso de mi vida, es que sé que soy una buena amiga y eso me consuela. Tengo que serlo a juzgar por mi gente. Lo he dicho hasta el aburrimiento, pero joder, es que igual que debo ser la peor novia del mundo, también debo ser una amiga estupenda. Por aquello de compensar, supongo.
El otro día, casi por casualidad, me llamó Flumi. Le conté lo del Niño y chasqueó la lengua. “Me cago en la leche, tía” me dijo, “lo siento, pero esto va a haber que celebrarlo”. “¿Cómo celebrarlo?” le dije medio mosca. “Claro. Tú me enseñaste que una ruptura es una nueva oportunidad. Tú eres la que siempre celebra los aniversarios de las rupturas”. Y es cierto. Algunas han sido fiestas memorables. Es curioso que nunca haya celebrado un aniversario de pareja, pero haya celebrado unos cuantos de ruptura. Aún así le expliqué que eso se hace cuando ha pasado un año, lo has superado, te sientes de puta madre y te alegras de haber dejado atrás algo que no te hacía bien o que simplemente no era para ti. Pero él insistió “un año es mucho tiempo, tía. Y lo mismo se acaba el mundo en pocos días. Celebraremos la semana de ruptura, ¿te parece?”
Yo seguía pensando que no había nada que celebrar aún. Me siento muy culpable de lo que he hecho pasar a esa criatura. De lo mal, fatal, que me comporté el día que rompimos. Y de lo mucho que ha perdido él por mi culpa. Sigo sin ver la fiesta por ningún sitio. Pero Flumi puso en marcha una extraña maquinaria y al día siguiente me llamó Gordito. Y me dijo una de las mejores frases que me han dicho en estos casos. Insistió en que le dijera cómo estaba y tras despotricar un rato, pero explicarle que estaba bien, sólo un poco furiosa con el mundo y conmigo misma, me dijo “nena, estoy mucho más cansado yo que tú de ver cómo te hacen daño.” Y me añadió “¿sabes lo que necesitas?” “No me digas que una fiesta, por favor.” “No, no. Tú lo que necesitas es amor de gordos. El sábado dormimos en casa de Bombis. Y si los 300 kilos que debemos pesar entre los dos no te hacen sentir mejor, es que no eres humana. Y vamos todos. Bombita va a comprar unos pollos de corral y a cocinarlos con arroz.”  
Así que, aprovechando el portentoso nacimiento de mi amigo Bombita, han organizado todo para pasar el fin de semana fuera y achucharme entre sus lorzas. Repito, debo ser una amiga de puta madre. Si no, cómo iba a tener tantas personas maravillosas a mi lado.

Y como vosotros también sois más majos que las monedas de dos euros y os portáis como los mejores, a ver si os da la gana de votarme en los premios 20blog. Y si no, me la pela. Porque amigos son los que cuando dices que te han hecho daño, se apuntan para zurrar a quien haga falta, te ofrecen terrenos para enterrar cadáveres y organizan fines de semana en pueblos cochinos y perdidos para estar juntos. Amigos son los que hacen que pierdas el miedo a caer porque están ellos para levantarte. Amigos son los que hacen que te importe una mierda que te rompan el corazón, porque llegan ellos y lo recomponen antes de que te des ni cuenta. Amigos son los que yo tengo y lo demás, tontería pura.

Para votar, se registra uno aquí y me vota aquí.

lunes, 10 de diciembre de 2012

dos años de Naar

Vale, igual estáis hasta el gorro de mí. Y no me extraña. Tres días seguidos publicando es un tueste. No tenía pensado hacerlo, pero yo qué sé, se han torcido las circunstancias. Lo del Niño quería contarlo cuanto antes. Las malas noticias del tirón y lo antes posible, para que nadie pregunte o hurgue en la herida sin querer. Lo de twitter ha sido un arrebato, una solución para ocupar mi tiempo en tonterías y no pensar en cosas autodestructivas y feas. Pero quería decíroslo, por si alguien quiere saber más de mí o leer mis ideas absurdas y espontáneas que no dan para un post.
Y ahora  tengo que volver a escribir porque hoy hace dos años que nació Naar, que abrí este blog y que empecé a caminar. Era un momento jodido. Muy jodido. Yo estaba en una casa sin muebles, sin calefacción y sin nada. Mi ex se lo había llevado todo, incluida mi dignidad, mi amor propio, mis ganas de vivir. No tenía fuerzas ni para respirar. Me abrazaba al gato, nos envolvíamos en la única manta que tenía, sentados en el suelo, y lloraba de puro dolor esperando que pasara la noche. Creí en algunos momentos que quizás no lo contara. Pero me empeñé en salir adelante. Y vaya si lo conseguí. Aprendí tanto de mí misma, me hice tan fuerte y tan grande que estaba orgullosa de quien era.
El año pasado por estas fechas sin embargo estaba muy feliz. Estaba llena de ilusión, de esperanza, de ganas de vivir. Intuía que el 2012 iba a ser un gran año. Llevaba unos meses ya siendo inmensamente feliz, levantándome con una sonrisa y con unas ganas arrebatadoras de comerme el mundo. En nochevieja estaba radiante, esperaba el año con la mayor de las ilusiones, esperando que todas mis intuiciones se hicieran realidad. Soñaba con el día a día y sonreía.
Éste estoy a medio camino. No soy feliz, pero no estoy destrozada. No estoy hundida, pero sí tocada. Me queda una racha complicada. No tengo tan buen presagio sobre el 2013. En enero operan a mi yaya. En abril cumplo 30 puñeteros años y al día siguiente tengo una boda, lo cual me apetece como una patada en el estómago. Y tengo cierta zozobra interior de no saber qué va a pasar, qué va a ser de mí.
Pero sea como sea, el camino sigue ahí. Y paso a paso, se va recorriendo. No sé hacia donde va, no sé a dónde me va a llevar. No sé siquiera si merecerá la pena tanto esfuerzo. Y no me importa, es la magia de la vida, que no sabes qué va a pasar. Pienso caminar y caminar sin mirar atrás. Pienso caminar e intentar disfrutar de cada paso, de cada vez que ponga un pie delante de otro. Pienso seguir siendo como soy. Pienso volver a reconstruirme y a ser feliz con las pequeñas cosas que me gustan. Pienso llegar más lejos de lo que yo misma creo. Y pienso seguir aquí, escribiendo, contando mis absurdeces y siendo Naar. Porque a pesar de todo, sigue mereciendo la pena vivir. Hace dos años no sabía que lo mejor de mí misma estaba por llegar, pero ahora lo sé. Que lo mejor, siempre está delante si sabes verlo y no te anclas en el pasado. Así que hoy, más que nunca, suelto lastre, tiro para delante y sigo caminando.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Twitter!!

Las rupturas tienen cosas chungas. Te ahogas, te duele el pecho como si te hubiesen puesto una bomba dentro y hubiese explotado, dejándote la caja torácica como una escombrera. Te sientes perdido y asustado. Te sientes engañado, ridículo, fracasado. Te sientes una mierda, vaya.
Y las horas se hacen muy largas mientras tratas de no pensar, de no agobiarte, de no recordar, de no hacerte preguntas sin respuesta. Los días son eternos y las noches son la peor de las pesadillas.
Peeeeero… uno no puede dejarse meter en estos bucles sin sentido. Yo no pienso hacerlo. No es bueno para mí. No es positivo para nadie. No gano nada.
Así que para mantener la ansiedad a raya, hay que buscarse entretenimientos. Para no pensar en lo que no debes, hay que hacer nuevos planes, buscar nuevas ilusiones, tener nuevos proyectos. Aunque sean absurdos.
Yo empecé a pensar anoche. Necesito nuevos planes para este mes y no recordar los que había hecho. Muchos planes con los que llenar un vacío asquerosamente hondo que se ha alojado en mi pecho. Lo malo es que hasta ahora, mi cuerpo ha hecho planes por su cuenta, entre los que están adelgazar peligrosamente, no comer nunca más algo sólido y fumarme las existencias de la marca que me gusta. Muy positivo todo, vaya.
Pero tengo los mejores amigos del mundo, los mejores seguidores del blog y el mejor gato. No sé de qué me puedo quejar. Así que, para estar aún más en contacto con algunas personas, perder el tiempo que me sobra y sentirme moderna quetecagasosea, me he hecho twitter. No tengo ni puñetera idea de cómo se usa, no sé muy bien para qué sirve y no sé cuando me aburriré de él, pero tengo muchas noches en vela y muchos días absurdos para descubrirlo.
Así que podéis seguirme o pedirme que os siga o lo que cojones se haga en este mundo extraño del pajarito azul. Lo tengo con mi nombre real porque prefiero que vosotros sepáis mi nombre a que “los otros” sepan quién es Naar y lleguen hasta aquí. Veremos qué sale de todo este mejunje.

sábado, 8 de diciembre de 2012

de cero... otra vez

Como podéis ver, he borrado la entrada de los seis meses con el Niño. Yo no lo sabía, pero era una mentira. Apenas una semana después lo hemos dejado. Y aunque agradezco de antemano vuestro apoyo y vuestros ánimos, os diré que prefiero no hablar del tema por el momento. Así que no me preguntéis ni me digáis nada al respecto. Ya hablaré cuando tenga ganas y no vaya a ser hiriente.
Y tampoco quiero ánimos. En este momento no los necesito. No quiero escuchar eso de que me he llevado seis meses maravillosos porque no es verdad. No ha merecido la pena. Los dos hemos perdido demasiado y no hemos ganado nada. No me queda un bonito recuerdo porque ha sido todo empañado por la sucia mentira. No he aprendido nada nuevo. Y ya sé que el tiempo juega a mi favor y se me pasará el dolor aterrador que ahora me ahoga. Lo sé. Lo he hecho mil veces. Me importa una mierda comenzar de cero… otra vez.
Sólo me duele la idea de que cada vez que levanto cabeza, cada vez que me recupero, cada vez que salgo a flote, cada vez que soy feliz, entre todos los hombres del mundo se lo juegan a los chinos. Venga a ver quién jode ahora a Naar. Y a quien le toca, se frota las manos, sonríe maliciosamente y murmura “voy a destrozarle la vida”. Ay, ingenuos. Pues no tendríais que correr ni nada.  A mí, a estas alturas. A ver si os enteráis, majos, y de paso me dejáis en paz de una puta vez. Que a mí ya no me duele nada. Que me jode en el momento, me cabrea, me ofende, me hace patalear. Pero que yo perdí el corazón hace años. Y que ya no me lo podéis romper en más cachos. Que ya, no hay quien pueda herirme. Porque además, cuando lo intentáis, sólo conseguís que me revuelva como una fiera y que saque la parte más envenenada de mí misma. Así que mucho ojo, que estoy peligrosa. Y podías haber nacido todos como chirimoyas. Me habríais sido de mucha más ayuda.
Por otro lado también he pensado otra cosa. Este blog nació en un momento jodido. Todo lo que he hecho desde entonces ha sido crecer y levantarme una vez tras otra. Y Naar es el reflejo de lo mejor de mí misma. De la fuerza arrolladora, de las ganas de vivir, de la capacidad de resurgir de mis cenizas. Naar es todo lo que quería llegar a ser y sabía que estaba en mi interior. Por eso ahora no puedo dejarlo a pesar de las circunstancias. Precisamente por eso. Porque este blog y Naar son mi fuerza, mis ganas, mi parte luchadora, mi yo guerrera, mi fuego y mi ariete. Ahora no puedo renunciar. Ni de coña. Y menos por una gilipollez semejante. Porque si cada vez que un tío me joda tengo que dejarlo todo y cambiar de blog no voy a dar abasto. Así que me quedo donde estoy.
Volveré a ser feliz. Pronto, espero. En cuanto pase este jodido mes de diciembre. O antes, quizás. Yo, ya lo he dicho, rehice mi vida yo solita. Y he sido muy feliz. Así que no me costará tanto hacerlo de nuevo.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Vampiros picha fría 2... clase de biología

Cada vez estoy más confusa. Empiezo a pensar que todo lo que he sabido hasta ahora era mentira.
El caso es que ayer por la noche vi la primera parte de Amanecer, el penúltimo episodio de los rollos vampíricos que me traen de cabeza. Y es que la primera peli me sorprendió positivamente. La segunda me entretuvo y la tercera me gustó más de lo que esperaba.
Hasta me animé a leer los libros, aunque el tercero me lo leí muy por encima y el cuarto lo dejé en cuanto llegué a la parte en que por fin frungen y el tío le dice que no piensa volver a hacerlo porque le ha dejado un par de moratones. Ahí me dí cuenta de que había llegado a mi límite de lo insoportable.
Y no voy a volver a entrar en lo mal (pero fatal) que están escritos estos libros. Ni en el mal rollo que me dan ciertas cosas, sobre lo que hablaré otro día. Hoy me voy a centrar en lo más puramente lógico. Y sé que hablar de lógica o de cosas racionales cuando hay vampiros, hombres lobo y cosas así de por medio, es absurdo. Pero una cosa es la fantasía y otra ya es que nos tomen por gilipollas profundos.
Por ejemplo, al final se casan y ella insiste en que frunjan. Dejemos de lado el que casualmente la familia de él tenga una isla privada. Dejemos incluso, el hecho de que un tío, tras ciento y pico años de abstinencia se haga de rogar. Dejemos todo eso y vayamos al grano. ¿Cómo diablos consigue empalmarse un vampiro? Porque si mis conocimientos de biología son los adecuados, los penes se llenan de sangre para ponerse erectos. Si estás muerto y tu corazón no bombea, si no te corre sangre por las venas… ¿cómo lo consigues? Además de la incómoda idea de que el tío está frío como las piedras, como repiten un millón de veces por capítulo. Aún en el caso de que consiguiera una erección o de que esa dureza en la que también insisten (que parece hecho de mármol, dice) juegue a su favor… es como trincarse a una estalactita de hielo. Súper excitante, oiga.
Pero bueno, para gustos los colores. A la tía le pone la picha fría y supuestamente dura. Por eso le persigue tratando de convencerle de que se la frunja más veces. Que los cardenales no son para tanto. Y el otro por ahí haciéndose el interesante. “Huy no, que la primera vez rompí la cama y mordisqueé la almohada. Y te hice unas pupas. Es mejor que no frunjamos nunca jamás en la eternidad.” Pero ella insiste. Llora y suplica. Porque claro, quién se resiste a una chorra helada. Y tanto le dan al asunto, que ella se queda preñada. WTF!! Volvamos a las clases básicas de biología. Para que una se quede embarazada hace falta un óvulo y un espermatozoide, ¿no? ¿no? ¿nooooooo? Pues que alguien me explique qué espermatozoides puede tener alguien que lleva muerto casi un siglo. Alguien que no respira, que no tiene sangre, que no tiene funciones corporales ni vitales de ningún tipo… obviamente. Es un vampiro, joder. Pues se ve que alguno de sus renacuajos estaba ahí y tenía puntería, porque a la primera, bombo al canto.
Y de nuevo, ida de olla de la escritora. Que si el niño se come a la sosa pero ella tiene tal instinto materno que se niega a abortar, que si el “niño” o lo que sea eso crece súper rápido, que si en un mes ya está a punto de nacer… hala, pasémonos cualquier cosa que se asemeje a la lógica por el forro de los cojones. Pero aún no es bastante. Porque como ella está tan débil, deciden darle sangre humana que es lo que quiere el pequeño monstruito que tiene dentro. Y a mí de nuevo hay cosas que no me cuadran. A ver, amigas y amigos lectores que sois biólogos (Isita, te necesito) o las que hayáis sido madres (Isa, en serio, va por ti). Cuando estás preñada, tú comes, digieres, procesas esos alimentos y parte de tus nutrientes pasan al bebé, creo yo. Pero si el bebé es un vampiro, tú bebes sangre y la cae directamente, como por un embudo. No la digieres, no la procesas. Nada. Directamente al bicho asqueroso que está tratando de matarte desde dentro.
Lo bueno es que en vez de nueve meses, estás embarazada uno. Y una vez que pasa el mes, el alien se dispone a salir. Pero no sabe por donde. Así que entre una recua de vampiros te hacen una cesárea. Sin anestesia, por cierto. Que digo yo que menudos vampiros majos. Que te abren, te destripan, tú ahí desangrándote y los tíos tan anchos, cuidando del bebé y tratando de que tú te pongas buena pronto. Mientras, a todo esto, un hombre lobo buenorro se pasea por la casa como Pedro por la suya y por supuesto se imprima de la niña que acaba de tener la tía de la que estaba enamorado. ¿eso es normal? ¿No es algo parecido al incesto? ¿De verdad quieres salir con alguien a quien le puedas decir “tu madre no besaba así”?
Y ese es el resumen así, en general de la peli. Y yo no entiendo nada. Pero nada. Tengo hasta miedo de ver la última por si entiendo menos aún y mis pocos y confusos conocimientos terminan de mezclarse en mi cabeza. Puedo terminar de idiotizarme y terminar en Gandía Shore. En serio. Tened piedad de mí. Dadme respuestas.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

rehice mi vida y dos años después... aquí estoy.

Desde que lo mío con el Niño Chico es relativamente oficial, mis amigos me dicen con frecuencia que se alegran de que haya rehecho mi vida. Lo que no entiende casi nadie, por más que lo explico, es que yo ya había rehecho mi vida antes. Mucho antes de saber siquiera que el Niño existía.
Desde que el desequilibrado de mi ex se fue de casa, todo mi afán fue rehacer mi vida, porque estaba totalmente deshecha. Luché mucho, cada día, por recomponer poco a poco los pedazos de la persona que fui. Hubo momentos buenos. Momentos regulares. Y momentos malos. Malísimos. Momentos en los que apenas me tenía en pie, literalmente. Momentos en los que dudé que llegara a ser de nuevo aquella que fui antes de la locura. Pero había algo en mi interior que me decía que yo seguía ahí, al fondo de mí misma. Y peleé por conseguirlo con todas mis fuerzas.
Al final lo logré. Aprendí a ser feliz yo sola, con mis pequeñas cosas, mis pequeñas ilusiones, mis pequeñas grandezas. Aprendí a vivir sola. Aprendí a tener una vida propia. Y, madre mía, que bien me sentí al lograrlo.
Entonces, y sólo entonces, cuando yo ya era una persona completa, llegó el Niño Chico y fui capaz de ofrecerle algo positivo. Si hubiera llegado cuando mi vida aún no estaba rehecha, las cosas no hubieran sido lo que son. Ni de coña. Porque yo tenía muchas heridas que curar, muchos conflictos que solucionar, muchos pedazos que recomponer.
Hoy hace dos años que empecé esa ardua tarea de rehacer mi vida. Hoy, que fue el día que dije basta. Hoy, que fue cuando puse al desequilibrado en la calle y supe que era la mejor decisión de mi vida. Hoy, que me armé de valor para la catarsis.
Podría decir muchas cosas del desequilibrado. Casi ninguna buena, es cierto. Pero no lo voy a hacer. Apenas queda nada de él en mí. Ni el recuerdo. Le veo en fotos y me pregunto quién es. He conseguido exorcizarme de todo lo que sufrí a su lado. Y ya ni el rencor me muerde las entrañas. Se fue, por suerte. Se fue y dejé que se lo llevara todo porque no había nada que mereciera la pena conservar. Así que hoy es un día en el que siento como si hubiera nacido de nuevo. Pero me centro en mí, egoístamente. En mi ruptura con el pasado y mi capacidad de salir adelante. En mi fuerza, que no sé de dónde saqué, para empezar de cero absoluto y rehacer mi vida. Rehacerla por completo, pedazo a pedazo, trocito a trocito. Sólo gracias a todo eso ahora soy quien soy, estoy donde estoy y tengo lo que tengo. Y no podría ser mejor. Rehice mi vida, me rehice a mí misma. Y por eso hoy sólo puedo sonreír y ser todo lo feliz que no fui en el pasado.

Enhorabuena Naar. Hoy, dos años y doscientos cincuenta post te recuerdan lo lejos que has llegado, la de pasos que has dado. Hoy, puedes sentirte orgullosa.